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Vida y proyectos de una primera bailarina peruana. Vania Masías y un futuro brillante que incluye, entre otras, una oportunidad en el Cirque du Soleil.

Vania Masías: Pasos Brillantes

6 imágenes disponibles FOTOS 

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Vania tiene la técnica del ballet clásico, la libertad del contemporáneo y un estilo tan propio como profesional.

El currículum de Vania Masías a los once años impresionaría tanto como el de cualquier profesional de más de veinte. Para entonces, ella ya sabía lo que es ser independiente en un país desconocido, lo que es ganar una medalla de oro en un concurso internacional y lo que significa dedicarse a bailar con toda la seriedad con la que ella siempre lo ha hecho. Porque no es novedad: para ser bailarín profesional hay que sacrificar muchísimo. Y ella sabe que ha sido duro, durísimo, pero que sin duda valió la pena.

Imposible contradecirla si se tiene en cuenta que recién ha cumplido 26 años y su carrera, una vez más, es realmente impresionante para esa edad, incluso considerando que los bailarines siempre comienzan temprano. ‘Siempre he sido muy independiente’, cuenta, ‘creo que he tenido mucha suerte porque lo tengo todo: tengo a la mejor familia del mundo.’ Cierto, una crianza llena de libertad y confianza como la suya tuvo mucho que ver con su forma de pensar y de enfrentar los retos que ella misma ha sabido imponerse desde el inicio. Sin embargo, algo más allá de la suerte y de su propio talento la ha llevado más lejos de lo que pensó y, al mismo tiempo, más cerca de eso con lo que siempre ha soñado.

La Edad Clásica

Lucy Telge fue la primera testigo de los pasos de Vania Masías. Desde ahí, ella participó dos veces en el Certamen Latinoamericano de Ballet Infantil, obteniendo la primera vez una medalla de plata y la segunda, el oro. Participó además en obras de ballet como Don Quijote –donde fue solista-, y estudió en Cuba y en Boston, donde bailó con el ‘American School of Ballet’. Pasó también, con honores, los exámenes de la Royal Academy of Dancing, prestigiosísima academia británica a la cual está afiliada la de Lucy Telge. Y fue también por esa época que el maestro ruso Mikhail Koukharev, del Teatro Bolshoi de Moscú, llegó a trabajar a Lima y comenzó a guiar sus pasos sobre puntas de yeso.

Pasaron los años y Vania, incansable, siguió bailando. Y en 1997, con un proyecto de Yvonne von Mollendorff, descubrió la danza contemporánea. ‘Tenía menos parámetros’, explica, aclarando que eso no significa que la técnica del clásico deje de ser la base más importante para ella. A partir de entonces, la danza fue más que nunca una forma de expresión. Y ese mismo año comenzó a trabajar como primera bailarina para el Ballet Municipal en obras como Cascanueces (el Hada Confite), El Lago de los Cisnes (Odette/ Odile) y otras. Nada podía detenerla.

La Edad Moderna

Y pasaron los años y Vania, incansable, siguió bailando. Hasta que un día el tiempo, el trabajo y un corazón roto la impulsaron a salir de Lima y pasar un mes en Londres visitando a su hermano. Entonces no sabía que ese mes se convertiría en dos años, y que esos años darían inicio a una etapa personal de mucha satisfacción y, como siempre, más horas de danza. Aquí vale mencionar que, mientras su carrera como bailarina crecía cada vez más, Vania se las arregló para graduarse de administradora de empresas en la universidad hasta para ejercer su carrera. Hoy, y de eso se hablará más adelante, esos estudios hacen posible los proyectos que en estos momentos motivan su existencia.

–¿Cuándo fue la primera vez que supiste que habías nacido para bailar?
–Cuando me fui a Londres.

Raro, aparentemente, que recién lo supiera entonces si se había pasado la vida bailando. O quizás no tanto, ya que según ella esas vacaciones eran consecuencia de una etapa de frustración y tristeza donde nada parecía positivo o prometedor. Hasta que descubrió The Place, academia de danza inglesa donde aprendió a bailar jazz, hip-hop y una serie de géneros que aquí, en Lima, parecen más leyenda que realidad. O por lo menos lo parecían hasta que ella volvió. Fue en ese lugar, durante una clase que era audición aunque Vania no lo sabía, que fue elegida para bailar en algunas escenas de Alexander, la reciente película de Oliver Stone. Y aunque su documentación de turista no le permitió aceptar el trabajo, ella olió las ventanas abiertas y se quedó. Integró así el elenco del Ballet de Dublín, entre otros trabajos. Como era de esperarse, pasaba el resto de su tiempo en clases, aprendiendo.

Alrededor de dos años después, la bailarina fue invitada a participar en la puesta en escena de Romeo y Julieta del Ballet Municipal de Lima, así que hizo sus maletas y volvió a casa. Tal como cuando se fue, vino para quedarse por dos meses. Ha pasado un año, y Vania aún no se va. ¿Qué puede haberla retenido teniendo tanto a su favor en Europa? Su propia naturaleza, y esas ganas locas que tiene por involucrarse en el desarrollo del país del cual, lo admite, está perdidamente enamorada. Por eso notó, mientras manejaba, el talento de esos muchachos que hacen acrobacias frente a los semáforos para ganarse un par de monedas.

Paralelamente, la joven Vania decidió abrir su propia academia de danza para que exista un espacio donde aprender jazz y esas cosas que ella estuvo aprendiendo en Londres. Resulta entonces que hoy esta chica tiene una academia y el proyecto ‘Los Ángeles de Ventanilla’ en marcha, más allá de su participación en obras de teatro y ballet como bailarina, coreógrafa y, recientemente con el musical La Corporación, actriz y cantante. Y de los de Ventanilla salieron ‘Los Ángeles de Arena’, quinteto de breakers que hacen presentaciones y mantienen un ritmo de trabajo más profesional. Sobre todos ellos, los de Ventanilla y los de Arena, debe decirse que Vania ha logrado que muchos chicos dedicados a trabajar en las calles hoy tengan dónde perfeccionar su técnica como bailarines y un sueldo proporcionado por auspiciadores. Nada mejor para quien probablemente no tenía esperanzas en un futuro como artista. Sí, se dice que es un proyecto diseñado para alejar a los jóvenes de las drogas y la delincuencia, pero en opinión de su promotora estos muchachos no necesitan ser rescatados de ese mundo sino alejados del mismo, ya que lo común es que ellos intentan dedicarse sanamente a hacer lo suyo hasta que el infortunio de la pobreza los obliga a refugiarse en lo otro. Ahora, en cambio, pueden dedicarse a bailar y a aprender de coreógrafos profesionales extranjeros como Shaun Perry y Kehynde Hill, quienes pasaron por Lima gracias a la invitación de Vania. Si algo sorprende de esta bailarina es la calma con la que enfrenta el enorme impacto que sus actos tienen en la vida de muchos. Es consciente de que es responsable de cambiarle la vida a muchos talentos antes desapercibidos, pero prefiere no detenerse a pensar en eso y simplemente seguir avanzando. Otra señal de la madurez que parece acompañarla desde que nació. Otra prueba de que ella tiene aún muchísimo por hacer. Como trabajar en un espectáculo del magnífico Cirque du Soleil tras una agotadora y exigente audición en febrero de este año que la ubica como ‘personaje en potencia’. Eso significa que en cualquier momento puede ser llamada para integrarse a una de las próximas producciones del famoso circo. ¿Y mientras tanto? Ella estará ocupada bailando, entrenando a sus ángeles y pensando en qué más se puede crear. Con jóvenes como ella, el futuro de la danza peruana de pronto parece más que prometedor. (Escribe Romina Massa / Fotos Víctor Ch. Vargas)

De Zapatillas Rosadas

1979: Nace Vania Masías.
1987: Inicia sus estudios de ballet en la Asociación Choreartium de Lucy Telge.
1997: Se convierte en primera Bailarina del Ballet Municipal de Lima.
2004: Funda Los Ángeles de Ventanilla.
2005: Es aceptada como personaje potencial en el Cirque du Soleil.

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