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Edición 1886

11/Ago/2005
 
 
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La actriz escribe un capítulo nuevo en la historia de su vida, y se prepara para la conducción en TV.

Mónica Sanchez: Luces, Cámara, Mónica

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Esta vez las pantallas serán de Mónica y no de un personaje. La actriz asume el reto y busca encontrar algunas soluciones.

Marilyn Monroe desde que nací hasta los 25 años, Sonia Braga de los 25 a los 50; y Mónica Sánchez de aquí a la eternidad.”, respondió en el 2001 el entonces Defensor del Pueblo Jorge Santistevan cuando le preguntaron sobre su paradigma femenino. Y esas palabras emocionan a Mónica Sánchez de la misma forma en la que se emociona cuando un señor le confiesa que por primera vez en su vida está viendo una telenovela que resulta ser la que ella protagoniza.

La vida de esta actriz está cambiando, y son varios los retos que la esperan. Conducirá un programa de exportación dedicado a recrear y discutir casos de la vida real, y ella espera cambiar la percepción que se tiene actualmente del conflicto humano, convertido en algo cotidiano, olvidable, vendible y de simple entretenimiento. Además, pueden avistarse dos películas en su horizonte cercano y, más personalmente, una nueva etapa romántica y la posible llegada de un hermanito para su hija Mariel si la genética le concede el deseo.

–¿Cómo llegas a hacer este programa?
–De un tiempo a esta parte me interesa el tema de la comunicación. Sí soy una actriz, y esa será siempre mi profesión y mi prioridad, pero el hecho de usar un medio tan poderoso cono la televisión, con tantas carencias y ausencias; yo que he trabajado en él lo sufro también y lo critico, pero soy una convencida de que en la medida de lo posible, desde dentro, hay que hacer algo. Y si uno puede darle un mayor nivel a la gente para un consumo masivo y cotidiano, en nuestras manos está hacerlo. Esto es para mí un reto sumamente interesante. Y lo que me motiva siempre es explorar la naturaleza humana, en mi trabajo lo hago permanentemente. Esta es otra forma más realista de hacerlo, y ya como Mónica y no como actriz. Intuyo que puedo hacerlo, y solo lo sabré haciéndolo.

–Tienes también dos películas en proyecto. Una es la del Señor de Sipán…
–Sí. Y la otra es Pasajeros, con Andrés Cotler, que está todavía en busca de financiamiento. La primera es un largometraje sobre el descubrimiento del Señor de Sipán; el guionista es Walter Alva. Todavía no lo he leído, pero he conocido al equipo, he visto su trabajo. Se trata de gente que produce documentales para Film&Arts, Discovery Channel, National Geographic, y es interesante trabajar con gente de fuera y con una tecnología más avanzada. Tengo entendido que el rodaje empezará más o menos en septiembre.

Pasión y Acción

1999: Preside el Sindicato Nacional de Actores de Televisión y Cine.

2000: Integra la resistencia ante la corrupción lavando la bandera peruana en la Plaza de Armas.

2004: Protagoniza Eva del Edén, novela que inauguró el sistema de sociedad y regalías para el pago de los actores.

2005: Conduce ‘Historias verdaderas’, programa que se venderá en el extranjero.

–¿Si pudieras actuar una última vez, qué harías?
–Me provoca mucho hacer una comedia, es algo que no he hecho nunca. Estoy en una etapa de mi vida en la cual de verdad me provoca explorar otras partes de mí, en mi profesión y en la vida. Tengo un sentido del humor, un lado lúdico que hasta ahora no he explorado en el escenario. No sé cómo, ¡necesito un buen director, una obra sugerente!, me muero de miedo. Pero es interesante porque, claro, a mí el drama me encanta y lo puedo seguir haciendo por el resto de mi vida y me siento cómoda, pero también quiero explorar otros registros. Me encanta el humor negro, me encantaría hacer algo por ahí. Es una necesidad personal, como mis ganas de tener otro hijo.

–¿De verdad?
–Sí.

–Por otro lado, una vez dijiste que es necesario descentralizar el teatro peruano, y que hay que empezar haciéndolo en Lima…
–Yo siempre lo he dicho. Por ejemplo, la Uni tiene un teatro maravilloso con uno de los mejores equipos de luces. ¿Por qué una obra que tiene un teatro comercial no abre o cierra su temporada, nada más un fin de semana, en la Uni? Cobras cinco soles por la entrada, y es otro tipo de publicidad para otro público. Yo creo que el reto es compartido. No hay una subvención de ningún tipo y la entrada no se puede abaratar porque es lo único que se tiene. Pero el teatro también tiene el reto de volverse más asequible a nivel de contenidos. ¿Por qué no plantearse como objetivo el ser masivo? Eso no es malbaratarse ni traicionarse. Pero, por otro lado, yo que hago teatro veo que es muy duro. Hay muchísima gente haciendo teatro, nos faltan salas. Evidentemente se necesita una política cultural, esperemos que con el Ministerio de Cultura haya una voluntad política que no sea simplemente más burocracia.

–¿Tienes esperanza en el Ministerio de Cultura?
–Espero que haya una voluntad política real, que hasta ahora no se manifiesta de manera contundente. Si concebimos a la cultura vinculada al sector educación y al sector salud, si la integramos en esos términos, un ministerio sí tiene sentido. Porque entonces se discutirá estos temas a la par, como parte del desarrollo de la nación y con un proyecto de futuro.

–Como activista, ¿qué has aprendido luchando por tus causas?
–Crecí en una casa con cinco hermanos mayores, y aunque soy de los 80 mi referente son los 70, cuando había líderes, ídolos y vida colectiva. Eso ya no fue parte de mi generación, y felizmente está volviendo ahora. Entonces me ha sido siempre muy natural asociar lo que pasa en mi país a mi proyecto personal de vida. Porque yo quiero estar aquí, y porque así como sufro al Perú, lo quiero. Y creo que hay momentos en la vida en los que hay que estar ahí, físicamente.

–En tu casa se hablaba de política en la sobremesa, ¿verdad?
–Yo recuerdo que de chica a veces pensaba que se estaban peleando, y me asustaba. Eran estas grandes discusiones apasionadas, porque lo más interesante es que no todos pensaban igual. Mi papá era el más centrado, y mis hermanos estaban en dirigencias políticas de izquierda en la Católica, mi mamá era radical… Eran muy efervescentes esas conversas. Y por eso a mí me encantan esas personas que pueden discutir apasionadamente sobre algo y hasta pelearse sin enemistarse. Me parece saludable defender a morir una idea y también saber escuchar al otro.

–¿Esa infancia se ha visto reflejada de alguna manera en tu vida ahora que eres mamá?
–Lo que pasa es que somos tres nomás, en mi casa éramos ocho. (Risas.) Mi relación con Mariel es lo máximo, mi hija me da vuelta y media. Es una niña estudiosa, inteligente, tiene excelentes notas… Se me cae la baba. Tiene nueve años y es muy madura y centrada. Ella aprecia mucho lo que hago, y me he ocupado de que sepa dónde estoy cuando no estoy con ella. Y ahora, como ella dice, ser actriz ‘es una posibilidad’. Le gusta mucho el trapecio, está en la Tarumba, y tiene una relación muy bonita con mi universo. Me encanta que haya vivido la magia del teatro desde su propia experiencia.

–Y ahora te provoca que llegue un hermanito o hermanita…
–Sí. Me encantaría un hijito, y pronto. Hace un par de años que tenia la presión de Fabi, mi esposo, y de Mariel, pero ahora sí me llama, lo quiero. Es parte del momento que estoy viviendo.

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