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Edición 1883

21/Jul/2005
 
 
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Conocida actriz y representante del Perú en el extranjero, como esposa de diplomático, Lourdes Berninzon está en Lima grabando una telenovela.

Tantas Veces Lourdes

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Al igual que Marlene Dietrich, a quien caracteriza en las fotos, Lourdes tiene esa belleza de mujer fuerte, y rebelde.

Solo tenía un año y medio cuando su mamá la llevó a un concurso que buscaba encontrar a ‘la niña más gordita’. Lourdes Berninzon ganó, y esa experiencia de triunfo quedó grabada para siempre en su inconsciente. “Los flashes crearon en mí un impacto interno, y por eso creo que traigo la vena de actriz desde que tengo uso de razón”, afirma hoy la la mujer de 47 años a quien todos reconocen cuando camina por Lima. Ha sido Miss Perú, ha encantado y asustado con sus personajes en telenovelas, y cada tres años que pasa en Lima significan seis que pasa lejos de su país.

En lo que ella describe como ‘un matrimonio único’ que ya cumplió catorce años, Lourdes ha encontrado amor, estabilidad y muchas posibilidades. Y es que un diplomático como su esposo debe pasar períodos trabajando dentro del Perú y otros fuera del mismo. Y aunque parece complicado, es más bien un privilegio. Para ella, para él, y para sus hijas.

Mujer Bonita

Su participación activa en la actuación comenzó con los clásicos concursos de colegio y las obras de teatro de fin de año. “Yo siempre levantaba la mano cuando buscaban voluntarios”, cuenta, “y creo que no tengo miedo a las cámaras de toda índole justamente por eso.”. Después vinieron los comerciales. Y cuando tenía 17 años se convirtió en Miss Perú Universo, ganándose la oportunidad de viajar a El Salvador para concursar en el certamen que elige a la mujer más bella de todas. “El concurso había prohibido hablar de religión, pastillas anticonceptivas, liberación femenina y sobre tu gobierno o país. Y fueron las cuatro cosas sobre las cuales yo declaré que sí iba a hablar. Definitivamente eso también ayudó a que mi puntaje sea cada vez menor.” Lourdes ríe cuando recuerda su rebeldía, y es consciente de que la mantiene aunque la vida le haya enseñado a manejarla.

Más tarde siguieron los comerciales, y comenzó su vida como actriz. Para entonces ya había aprendido lo que significa ser selectiva. “Me ofrecieron hacer un comercial de detergente y no lo hice porque mis proyecciones siempre iban a algo más clasista.”, afirma con seguridad. “Me considero una persona que quiere estar en el lugar que quiere, no por finta sino por convicción.” Entonces llegó el personaje que hoy muchos recuerdan: Claudia Menchelli, la tía enamorada del profesor que finalmente amaría a su sobrina en la telenovela Carmín. Después, su primera y última participación en teatro con Anónimo Veneciano, obra en la cual ella y Eduardo Cesti arrancaban suspiros y lágrimas al público durante una hora y cincuenta minutos. “El teatro es contacto directo, es otra cosa. Y de repente estás actuando y pasas tu mirada por el público y hay una persona lagrimeando. Es una belleza.” Cómo es la vida que uno de esos días, en el público, estaba sentado Manuel Soarez, el hombre a quien hoy llama su esposo. Desde entonces, su paso por la televisión peruana está condicionado a los años que pasa en Lima, y así está bien para ella. Hoy está aquí, grabando una telenovela concebida para ser exportada, pero que aún mantiene la esperanza de ser comprada para su transmisión en el país.

Para Lourdes Berninzon los años no pasan en vano, y se siente orgullosa de admitir su edad y de aprovechar todo lo que ésta le ha dado. Dice, por ejemplo, que la cirugía plástica es una opción, pero que “jamás lo haría para la televisión, lo haría para mí.”. Reconoce que se ha operado las bolsas de los ojos y que esa es la parte de sí misma que menos le gusta y más le molesta. Por otro lado, afirma que sí se puede estar satisfecha económicamente siendo actriz en el Perú, y que para conseguir eso hay que tener oficio. Sabe que el día en el que deje de actuar llegará, y espera que sea por su propia decisión. Y a la pregunta de si es triste darse cuenta de que hay personajes jóvenes que ya no puede interpretar, ella responde: “¡Al contrario! Va de acorde con mi edad. Y qué cosa más rica que representar mi edad. Es lo más delicioso. Yo he llevado a cabo cada una de mis etapas. ¿Para qué pedir retroceder?” Finalmente, considera que su mejor momento como actriz es este mismo instante. Y aunque para ella los comerciales no han dejado de ser una opción, asegura que le gustaría especialmente ayudar a promocionar el país y sus posibilidades turísticas.

Aquellos Momentos

  • 5 de febrero de 1958: Nace Lourdes Berninzon.
  • Julio de 1975: Es coronada Miss Perú Universo.
  • 11 de Julio de 1976: Nace Janine, su hija mayor.
  • Junio de 1989: Actúa en teatro por única vez en la obra ‘Anónimo Veneciano’.
  • 12 octubre de 1991: Se casa con Manuel Soarez.
  • 7 de agosto de 1992: Nace Alejandra, su segunda hija.
  • 23 agosto de 1993: Nace Carolina, su hija menor.
  • 2005: Graba la telenovela ‘Nunca te diré adiós’ en Lima.
  • Mujer Peruana

    “Desde que acepté casarme con mi marido, acepté su vida. Si no, no tendríamos en este momento catorce años maravillosos juntos, que parecen cinco. Los viajes no son, de ninguna manera, motivo de tristeza. Al contrario.” Como una mujer casada con un diplomático peruano, la vida de Lourdes Berninzon está muy ligada a la profesión de su marido. Sobre todo cuando están en el extranjero. Ellos han vivido en Bolivia y Australia junto a sus dos hijas, Carolina y Alejandra, y durante un tiempo también con Janine, de 29 años, hija de Lourdes con quien fuera su primer esposo. Y fue gracias a esa primera experiencia, que vivió cuando era muy joven –tenía 17 años–, estando casada durante tres años con un hombre de 38 y viviendo en México, que aprendió sobre la madurez y el amor. “Yo quería casarme, tener hijos y jugar a la casita. Y lo logré. Vivía pensando en las ventanas de la cocina con los geranios afuera, con mi mecedora y mi panza junto a una chimenea. Disfruté lo que soñé. Y definitivamente lo que me pasó me ayudó a tener, hoy por hoy, una relación estable.”

    Así, enamorada y contenta, vive su vida día tras día y etapa por etapa. “La carrera de mi marido es interesantísima. No solamente porque vas al exterior y das todo de ti representando al Perú. Cada embajada es una familia permanente de tu país. Y no paras nunca. La esposa de un funcionario diplomático trabaja tras del telón, y no brilla por su belleza exterior sino por lo que lleva dentro. Por lo que expone, por sus ideas.” Y con respecto a su propia carrera, tampoco hay drama. Si está en Lima se dedica a actuar, no solo porque es su pasión sino porque así se siente una mujer independiente. Eso sí, añade: “escojo bien lo que hago porque vivo pensando que no estoy sola, que tengo un marido que tiene una carrera profesional a la cual debo respeto.” Y si está de viaje, Lourdes participa en la Asociación de Damas Peruanas o la de Damas Diplomáticas Extranjeras organizando obras benéficas. Y además, se redescubre cada vez. En Australia, por ejemplo, primero se dedicaba a escribir para hacer catarsis, y después descubrió que tenía vena de pintora y mano para el jardín. Entonces tomó clases de pintura y cursos de jardinería por correspondencia. Listo. De esa forma pudo manejar mejor el cambio, acostumbrarse a lo nuevo y ayudar a sus hijas a hacer lo mismo. Porque los hijos de los diplomáticos pueden sufrir al vivir rotando por el mundo. “Justamente por eso los padres deben tener una familia estable, una relación matrimonial estable. Mis hijas deben aprender a mirar bajo un prisma positivo. Pero sobre todas las cosas tener una comunicación y un lugar estables, y la atención de sus padres.” Eso, dice, lo tuvo claro desde que pensó en casarse.

    Después de todo, se trata de vivir la vida de la manera más simple, sin ahogarse en un vaso de agua. Eso se lo enseñó su mamá cuando tenía 13 años. Y con esa certeza a cuestas, no hay pero que valga. Lourdes Berninzon tiene aún mucho por actuar, mucho por pintar, mucho por amar y mucho, mucho más por descubrir. (Escribe Romina Massa / Fotos Víctor Ch. Vargas)



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    El Lente de la Vida

    Pocas cosas tan normales para ella como las cámaras de televisión. Y aunque parezca imposible, Lourdes ha trabajado durante toda su carrera con una sola casa productora: Iguana. ‘Sigo fiel a mi novio’, confiesa con una sonrisa, y por eso hasta el día de hoy trabaja con personas que la conocen desde hace muchos años. Ojo, no es que no la hayan querido en otros lados. Ella rechazó otras propuestas porque no le interesaban económicamente. Además de actriz de telenovelas, ha sido presentadora de televisión y también protagonista de varios comerciales. Toda una trayectoria en pantalla, interrumpida solo cuando viaja acompañando a su esposo.

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