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Edición 1883

21/Jul/2005
 
 
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Tendencias Exitoso libro revela por qué las mujeres francesas –que aman el chocolate, el pan y el vino–, no engordan.

Paradoja Francesa

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Paradigma de la belleza francesa, Catherine Deneuve, como si los años no hubieran pasado por la estupenda actriz.

El libro apareció en enero de este año. Actualmente anda por la decimosétima edición. French women don’t get fat (Las mujeres francesas no engordan) es realmente una obra oportuna y deliciosa y, en algunas de sus páginas, derriba mitos femeninos con la facilidad que se caen las piezas del dominó. La autora, Mireille Guiliano, quien en algún momento de su vida engordó demasiado –durante una estadía de intercambio escolar en Norteamérica–, cuenta cómo se reinsertó en los clásicos principios gastronómicos franceses para recuperar su figura sin privarse absolutamente de nada. Su secreto –y el de todas las mujeres francesas al parecer–, consiste en disfrutar al máximo de todas las comidas que realmente le gustan sin sentirse culpable por ello. ¿Cómo?, pues apelando a estrategias muy sencillas.

En primer lugar, tiene un arma secreta: el yogur. Para ella es el mejor de los productos lácteos, pues en un solo gramo diez millones de bacterias vivas permiten una digestión maravillosa. Tres pequeñas porciones al día son fundamentales.

Tomen Nota

Recomendaciones de Mireille Guiliano. Para las mujeres entre los 35 y 55 años.

  • Lleve una botella de agua a todas partes y trate de beber la mayor cantidad de líquido posible.
  • Comience a tomar un complejo vitamínico.
  • Tenga pequeños periodos de descanso al día. No vaya directo del trabajo a una reunión social, vaya primero a la casa, a tomar una ducha y a reponer energías.
  • Las francesas usan lentes de sol cada vez que salen al aire libre, aunque esté nublado. Previenen las patas de gallo, y a usted le darán un aire de misterio.
  • Deje poco a poco, no del todo, las comidas muy grasosas y azucaradas y recuerde que “menos es mejor”.
  • Aumente las proporciones de frutas y verduras en su dieta diaria.
  • No deje de comer tres veces al día, pero a medida que pasen los años, disminuya las raciones.
  • Consuma yogur religiosamente.
  • Aplíquese humectantes al rostro y bloqueadores solares cuando el clima lo requiera.
  • El vino –sobre todo el champán– es la otra. Mireille cuenta que su madre, quien le enseñó a evaluar la simplicidad de las cosas, nunca sirvió otro aperitivo que no fuera champán. Por dos motivos: porque no necesitaba de toda esa parafernalia que exigen los licores fuertes –diferentes vasos, hielo, jarabes, etc., y porque el champán tiene menos calorías. “El vino –dice– eleva el valor ritual de la comida, crea una atmósfera de seriedad, refinamiento y lujo, y, como todos sabemos, mejora la salud”. Las mujeres francesas, más bien, jamás se sientan a tomar un, digamos, Chardonnay como si fuera un cóctel. Y siempre, siempre –es una regla–, lo acompañan de un plato que combine con él. “Si para las norteamericanas el vino es una suerte de bebida ocasional y de celebración, para nosotras es como el agua de todos los días, pero nunca lo tomamos solo. Hay que encontrarle el maridaje perfecto”, escribe. Y añade: “además, cocinar con champán o vino es casi una costumbre, las comidas resultan más sabrosas y las calorías del alcohol se queman en la sartén”.

    Están, por otro lado, el chocolate y el pan. Las francesas consumen 12 libras del primero al año y por lo menos dos tajadas del segundo cada día. Y no engordan. Porque las cantidades que se llevan al estómago son mínimas y porque las disfrutan en agradable compañía, nunca solas. “El chocolate puro y negro tiene más antioxidantes que el té negro y el vino tinto y mucho magnesio, fierro y potasio, y una pequeña tajada de pan, menos calorías que algunas frutas muy dulces”.

    Ahora bien, las francesas no van al gimnasio pero sí caminan todo el día, jamás toman el ascensor, y lo que es más importante, ni se les ocurre hablar de dietas. (T.M.N.)



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    La Autora

    Mireille Guiliano es presidente de Clicquot Inc., que tiene sus cuarteles generales en Nueva York y directora de Champagne Veuve Clicquot en Reims (Francia). French Women don’t get fat es su primer libro. Incluye saludables recetas.

     


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