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Edición 1877

09/Jun/2005
 
 
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Los secretos y la audacia de una mujer emprendedora y exitosa.

Inés Temple: Mando Femenino

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Tendría 7 u 8 años cuando una madrugada de invierno despertó violentamente. Una llamada telefónica había sacado a su padre, el doctor Alejandro Temple, de la cama. Debía volar a ver a uno de sus pacientes. Entonces ella, muerta de frío, se acurrucó al lado de su mamá y pensó: “Qué rico que soy mujer y que nunca voy a trabajar”. Feliz, volvió a dormir.

“Muchas mujeres –dice ahora Inés Temple– hemos crecido con ese convencimiento, pero luego vas a la universidad, descubres muchas cosas y la verdad es que quieres desarrollarte. Yo trabajo miles de horas al día, soy mamá y papá de mis hijos y no trabajar no es una opción”. Es verdad. En el caso de Inés, sin embargo, habría que agregar otro ingrediente: le encanta el trabajo.

“Desde chica me gustó la idea de ayudar a la gente, tal vez influenciada por mi padre que tenía una visión social de la medicina, y la posibilidad de vender ideas, de influir a través de la explicación, de la pasión y de la razón en el pensamiento de otras personas. Evidentemente para bien”.

Pero ¿cómo es que Inés Temple se convierte en una exitosa y emprendedora ejecutiva? Ella misma lo dice: “Cuando me tocó descubrir de una manera dolorosa el desempleo”. Ocurre que en 1987, a raíz del intento aprista de estatizar la banca, Inés y su familia decidieron irse a Estados Unidos. “Mi esposo (Inés enviudó en 1997) era un ejecutivo sobresaliente de un banco local, un tipo excelente, un buen padre”. El hecho es que ya fuera del país, se quedó sin trabajo de la noche a la mañana. “De pronto nos vimos en el aire, con una casa preciosa y una hipoteca gigante, con tres hijos en colegios privados, dos carros en leasing y la alegre irresponsabilidad de creer que el éxito de ayer te va a garantizar el éxito de mañana. Hicimos además todo lo que hoy, a través de DBM, recomendamos no hacer.

¿Qué hicieron? “Hablamos mal del ex jefe y eso solo te deja una sensación de malestar y deslealtad, le pedimos trabajo directamente a todos los amigos y, como era de esperar, nos quedamos sin amigos, nos fuimos de vacaciones para olvidar los problemas sin entender que el desempleo te persigue aunque viajes en primera. Por otra parte, mi esposo decidió que nunca más trabajaría como dependiente sino que tendría su propio negocio y optamos por ese camino sin evaluar racionalmente otras alternativas. Además, gastábamos plata, mi esposo me regalaba cosas, que es una reacción emocional totalmente natural pero errada: no tendré trabajo pero sigo siendo el proveedor, y de alguna manera nos metimos en una espiral de desesperación y angustia. Regresamos al Perú a empezar de cero”.

Hoja de Vida

  • Gerente general y presidenta de DBM Perú desde su fundación en 1993 y presidenta de DBM Chile desde 1996.

  • Presidenta de OWIT Perú, Organización Internacional de Mujeres de Empresa.

  • Miembro del Directorio de la Cámara de Comercio Peruana Americana, del Comité Ejecutivo de la Alianza para un Perú sin Drogas y del Patronato Cultural Metropolitano de la Municipalidad de Lima.
  • Audacia Femenina

    “Hola, yo soy Inés Temple, vivo en el Perú y quiero trabajar con ustedes”. Al otro lado de la línea, en DBM Washington, el silencio fue total. Sucede que una vez en Lima, Inés, en una revista que recibió de su universidad –se graduó como administradora de empresas, con especialización en marketing, del College of Business & Public Administration de New York University– encontró un tema del que nunca había oído hablar: el outplacement. Y supo que había organizaciones (DBM una de ellas), que se dedican a trabajar con las empresas para ayudarlas a manejar “de una manera responsable, digna y respetuosa la salida de las personas de sus trabajos”. “En un arranque de ignorancia, audacia y desesperación agarré el teléfono –cuenta– y los llamé a la oficina de Washington. Como si me fueran a hacer caso”.

    Si en un momento a los de Washington les tomó un tiempo identificar donde quedaba el Perú, en menos de un año Inés logró su objetivo. Se las pasó mandando faxes con propuestas, planes de negocios y demás para que DBM abriera una oficina en el Perú. “La verdad es que no les interesaba para nada, pero creo que finalmente dijeron o le hacemos caso a esta señora o nos va a torturar toda la vida”.

    Los de DBM deben estar ahora felicitándose por el acierto que tuvieron. Después de 12 años de la llamada telefónica de Inés, DBM Perú es la oficina más grande de Iberoamérica y la primera del sector en cuanto a los servicios que presta. “Lo que hacemos es manejar los procesos de cambio que involucran las carreras de las personas o sus salidas del trabajo. Luego, por cuenta de las empresas que nos contratan, ayudamos a los que se han quedado sin trabajo, a recolocarse”.

    El hecho concreto es que, actualmente, DBM Perú trabaja con 400 empresas, “18 de las 20 más importantes son clientes nuestros”, asegura Inés. Y sigue: “Hemos recolocado a 2,185 ejecutivos y trabajado con más de 20 mil empleados operarios de todos los sectores... Somos grandes, mucho”.

    Tiempo para Una

    Inés Temple tiene 46 años y está estupenda. Sin embargo, y pese a las comodidades que la rodean, ha pasado momentos difíciles. Primero fue lo del desempleo, luego, en 2001, un terrible accidente automovilístico. Ella regresaba de la playa, en su carro, con su hija menor Lorena en el asiento delantero y una persona más en la parte de atrás. De pronto se encontró frente a frente con un auto que venía contra el tráfico en plena carretera del sur, todos sus pasajeros estaban intoxicados de alcohol. Chocaron. Inés se rompió 11 huesos y estuvo atrapada entre fierros durante 3 horas. A Lorena y a los demás, afortunadamente, no les ocurrió nada. “Me hicieron 8 operaciones y tuve que estar tres meses en silla de ruedas y un año y medio con muletas, pero tuve la suerte de que alguien me hiciera entender lo que me había pasado, justo cuando estaba comenzando a victimizarme y a lamentarme: mi hija pudo haber muerto y estaba viva. Eso era lo más importante porque los huesos se sueldan y los carros se arreglan”. Naturalmente, ahora no puede hacer todo lo que quisiera. “Ya no puedo correr ni jugar tenis, aunque sí bailar toda la noche”.

    Durante unos años, cuando su hijo Diego tenía 16 años (ahora tiene 23) practicó motocross. “Fue en un momento en que percibí que para mi hijo sus amigos eran más importantes que su familia. Entonces opté por hacer lo mismo que él y aprendí a montar moto. En nuestros paseos él era el que mandaba y el que me guiaba y cultivamos una amistad y complicidad que dura hasta hoy”.

    Y si bien las motos han quedado atrás Inés se ejercita casi todos los días con una entrenadora personal. “Vine acá a mi departamento y hago una hora de pesas y máquinas en el gimnasio del edificio. Llega a las 6 de la mañana y eso es extraordinario porque cuando me falta voluntad ahí está ella para ayudarme... soy muy pretenciosa y siempre me quiero ver bien. Me cuido mucho y soy disciplinada. No puedo salir a divertirme todos los días y no solo por disciplina sino porque ya no jalo...tengo que cuidarme. Me quedan 50 años de vida”.

    Inés sostiene que cualquier persona –salvo accidente o enfermedad– puede llegar a cumplir los 96. “Por lo tanto, debemos planificar nuestro futuro y nuestra vida. Es preciso tener proyectos. Y no solo es un tema de dinero, es un tema de motivación”. Inés Temple se imagina a sí misma a esa edad, con el pelo blanco, delgada, ojalá que con un traje Chanel, rodeada de su pareja, sus hijos, sus nietos y sus bisnietos, en una casa a la que todos quieran llegar porque saben que se van a sentir bien... “el trabajo que uno hace con uno mismo es fundamental”.

    Amores Adultos

    A propósito de pareja, ¿estás enamorada? “Por el momento no, estoy en un momento de reflexión personal porque creo que después de los 40 el siguiente paso hay que darlo con una proyección distinta. Lo que ofreces y buscas ahora es distinto a lo que ofrecías y buscabas antes. Tiene que haber pasión y química, desde luego, pero también un proyecto de vida común y valores básicos comunes. Hay cosas que no van conmigo: la mentira y la infidelidad, por ejemplo. Después de los 40 las mujeres decimos: lo que no hay son hombres... “Claro que los hay y regios. Además a esta edad podemos mirar hacia arriba y hacia abajo (edad) y yo estoy abierta a todas las posibilidades. Ahora pienso que con los hombres menores la relación es más de pares, directa, de complicidad. A los hombres mayores todavía les cuesta manejar la independencia de las mujeres.



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    El Campo de Inés

    Una de las cosas que repite Inés Temple con insistencia es que ella siempre se lleva las palmas por los éxitos de su empresa y que eso no es justo.

    “A mí me entrevistan y me conocen, pero detrás de todo hay un equipo de una calidad profesional extraordinaria”. Sin embargo, algo habrá hecho porque de lo contrario no habría recibido el “Professional Excellence Award de DBM Inc.” en 1994 y el “DBM Outstanding Service Award 2000”, por liderar la mejor oficina de DBM en 50 países. Pero eso no es todo, Inés también se da tiempo para ser miembro del Comité Consultivo de CENTRUM, el Centro de Negocios de la Universidad Católica y conferencista y panelista en diversos foros. Vale.

    Mujer y Poder

    La mayoría de peruanos, lo dicen las encuestas, votarían por una mujer para Presidenta de la República. ¿Quién podría ser esa mujer cuando los nombres de las posibles candidatas se repiten año tras año? ¿Hay más mujeres que deberían participar de la vida pública? Según Inés Temple hay mujeres interesantísimas. Ella propone a dos, aunque piensa en muchas: Cecilia Blume y Beatriz Boza. “A ellas les confiaría a ojos cerrados mi país. Cecilia es capaz, ética, franca en lo que quiere, trabajadora, sabe cómo se maneja el Estado y es muy divertida. Beatriz tiene una preparación académica espectacular y mucho talento y pasión. El problema es que las mujeres tenemos roles muy claros y complicados...y muchas veces el complementar la vida profesional con la personal es difícil. Pero de que hay mujeres talentosas y extraordinarias las hay. Conozco una cada día. Tengo esa suerte y no dejo de asombrarme”. (Escribe Teresina Muñoz-Nájar / Fotos Víctor Ch. Vargas)

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