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Edición 1871

28/Abr/2005
 
 
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En este abril se cumplen 90 años del nacimiento de Billie Holiday.

Canto, Dolor

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Nació el 7 de abril de 1915 en Baltimore. La estoica melancolía de su voz no tiene fecha de extinción.

Escuchar a Billie Holiday es ingresar a un terreno que pide como único requisito de admisión despojarte de todas las coartadas. Ya no sirven ninguno de los escudos, ni los trajes de metal (o papel), ni los abrigos que usualmente te protegen. En estos casos, correr a madrigueras y refugios es una muestra de cobardía que nunca te perdonarás. Hay en la voz de “Lady Day” una extraña dulzura que no se conforma con envolverte, sino que además te inocula una melancolía estoica, propia de los que no tienen más salida que resistir. Algo sin duda tendrá que ver su vida miserable. Empleada doméstica, víctima de un intento de violación cuando en su almanaque vital contaba con apenas 10 años, dedicada prostituta juvenil, drogas por aquí y por allá, cárcel (una vez una caritativa compañera de celda le gritó: “Aguanta. No devuelvas la comida. Trágala si quieres salir de aquí con vida”) y una serie de amores que no lo eran porque la mayoría de sus parejas siempre prefirieron mentir que abrazar.

Su madre tenía 13 años cuando ella lanzó su primer grito en este mundo. Su padre tenía 15. Billie, a los 14 debutó en New York y a los 18 grabó su primer disco. Todo fue demasiado prematuro como para que durase lo suficiente. Ya se sabe: murió, a los 44 años, abandonada en un sanatorio en el que fue recluida por posesión de drogas. Pero volvamos a su música. Un tema símbolo y que para muchos puede resumir su desgarrada estética vocal es “Strange Fruit”. Aunque este tema describe la que era una práctica usual en el sur norteamericano: colgar de un árbol a los negros, se puede interpretar de varias y personales maneras, porque de lo que habla es en realidad de los que son diferentes. Y como ella bien lo supo, esos no se distinguen solamente por el color de la piel. (J.C.M.)

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