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Edición 1869

14/Abr/2005
 
 
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El Papa Karol Wojtyla, como el Cid, sigue ganando batallas después de muerto. Nunca jamás se había visto que la multitud proclame ¡Santo, Santo! a un Pontífice a sólo unas pocas horas de su fallecimiento. Ese sin duda ha de ser invocado como un milagro que le hará ganar esa condición en el más corto tiempo posible.



En lo que a mí concierne una de las circunstancias que he comprobado con más emoción por la televisión es la cantidad de gente joven presente en el homenaje que le rendían las masas. En un país como son los nuestros en los que la religión y la fe parecen más bien cuestión de viejos, ver a tantos jóvenes reunidos y apiñados no para entrar a una discoteca sino para rendir pleitesía al Sumo Pontífice recién fallecido, tantos de ellos con lágrimas en los ojos como si se les hubiera muerto su papá o el abuelito querido, no deja de ser conmovedor. Y seguro que dará confianza en el futuro a los altos dignatarios de la Iglesia, que parecía correr peligro ante el agnosticismo, la simple ausencia de fe y la desaprensión de la juventud, aparentemente tan hedonista y descreída. Juan Pablo II ha hecho su primer milagro a tener en cuenta.


Hay un hombre en el Perú que es un fabricante de lluvia, pero de esa que no sirve para hacer crecer la agricultura pero sí la inteligencia, la sensibilidad y otras cosas que muchos juzgan innecesarias. Él hace, o hacía hasta que yo me fui, llover libros, por eso el signo y el nombre de su editorial era ese: Lluvia. Se llama Esteban Quiroz y me acuerdo de él ahora que en Madrid le ha salido una competencia, si no desleal al menos desigual. Aquí los grandes diarios se han lanzado a competir prácticamente regalando libros, es decir vendiéndolos a un euro cada uno, lo que constituye un regalo, como ese que compré de Vicente Aleixandre (Historia del Corazón), pese a que ya tenía su obra completa en mi biblioteca. Pero nada de eso es comparable al trabajo que hace en el Perú Esteban Quiroz, que en sana locura quijotesca llegaba a arrojar libros de su producción desde el piso que ocupaba en la avenida Garcilaso de la Vega, o que los llevaba, para regalarlos por doquier, a todos los pueblos del Perú, tarea que emprendía a pie. Me he acordado de Esteban mientras compro casi por gusto (¿por qué otra razón puede uno comprar un libro?) los libros baratos, casi regalados digamos, que se ofrecen hoy en día en España. Claro que los hay caros, pero de esos me abstengo, por razones sensibles que ustedes comprenderán. ¡Salud Esteban, gran hacedor de Lluvia!


Gracias a la gentileza del Rector de la Pontificia Universidad Católica ha llegado a mis manos la obra completa de Jorge Eduardo Eielson, que lleva el nombre de Arte Poética, en impecable edición que contiene también reproducciones de su obra pictórica, lo que lo hace un libro imprescindible para conocer la obra completa de este artista total. La obra se debe a la enjundiosa capacidad del poeta Luis Rebaza Soraluz, quien ha sabido recoger la obra de Eielson dispersa por todas partes. Y sin duda a la decisión del rectorado de la PUCP de llevar a cabo y ofrecer a los peruanos la poesía, la prosa y la obra pictórica de uno de los grandes poetas peruanos, de esos que viven en el exilio voluntario del que sin duda no regresarán ni muertos.


El domingo que acaba de pasar, el Parque de Atracciones de Madrid, con auspicio de la Embajada y diversas empresas, se vistió con los colores del Perú para celebrar una gran fiesta especialmente dedicada a la comunidad peruana. Desde el principio se sucedieron numerosos espectáculos: música, danzas andinas, folclor, artesanía, exposiciones, gastronomía típica peruana, y actuaciones de conocidos artistas peruanos como Julie Freundt y Mariela Köhn. Participaron también el Grupo Andino Perú Inti, el de Danza Moche, la Compañía de Baile Fundungu y el Grupo de Salsa Los Orlando. Y para los que además deseaban aprovechar el día también para fines culturales, como plato de fondo hubo la oportunidad de conversar con los escritores Mario Vargas Llosa y Santiago Roncagliolo, que desde las cuatro de la tarde y por casi tres horas consecutivas se dieron cita en el Teatro Kalimba y se la pasaron firmando sus últimos libros. Y además apreciaron la magnífica exposición de fotografías del Perú realizadas por el fotógrafo Pablo Ochoa de Zavalegui. ¡Otro gran día para el Perú en Madrid!

 


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