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Edición 1869

14/Abr/2005
 
 
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7 pasos para ser famoso.

Epicrisis

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1Habla de ti mismo en tercera persona (el viejo truco de la ambigüedad psicótica). Síntoma aplicable a políticos, futbolistas, vedettes y otros sujetos de aparición efímera. Implica un desdoblamiento del “yo” que resume conciencia acerca de la popularidad propia. Recurso muy usado en miras de calificar la performance de uno mismo. Casi, se diría, una suerte de autodistancia crítica falaz de chirriante impostura. Ejemplo: “Ni el canal ni Gisela se han puesto plazos para estar en la TV”, aseguró Gisela.

2 Enamórate (el viejo truco del alma en conflicto). Nada más preciado para las sociedades liberales que el guarecimiento de la intimidad. Una vez aceptado el axioma “soy famoso, luego existo”, no hay mejor mercancía para ofrecer que las cuitas e ilusiones que genera dicho tesoro. Toda infidelidad o rompimiento; toda declaración de amor o petición matrimonial; tiene el plus de maximizar su efecto una vez aplicado el filtro mediático. Inevitablemente desencadena en el punto 6. Tula Rodríguez es la reina.

3 Besa a tu enemigo (el viejo truco del vale todo). El ‘agarre’ entre Beto Ortiz y Magaly Medina sería el principal sucedáneo de una tradición que para los memoriosos se origina en la aceptación de Pedro Beltrán del ministerio de hacienda de Prado. La actualización también pertenece a la Urraca. El juego en pared con Romero para arruinar a Gisela merece un lugar arquetípico en alguna historiografía local dedicada al patetismo fútil o a la frivolidad biliar.

4 Acepta ser parte del juego (el viejo truco del reconocimiento). Es decir, “si todo el mundo habla de mí –el sujeto airea periódicos cual canillita en apuros–, por algo será”.

5 Hazte ampayar (el viejo truco de Carolina de Mónaco). Estratagema de actores en para o de telenovelas con escaso rating. Sólo requiere falta de escrúpulos, la complicidad de un amigo(a) y una llamada telefónica a ATV. La asociación espontánea genera el nombre de Julián Legaspi.

6 Llora (el viejo truco de la víctima redimida). La jurisprudencia excede la reflexión teórica. De Ferrando a Tongo, pasando por Tula, Gisela y el ‘Puma’ Carranza, entre una larga lista de tinte warholeano. Las audiencias conservan un respeto al clasicismo: no hay mejor golpe de efecto que el desborde lacrimógeno.

7 Pide disculpas. Pocas cosas se agradecen más que el arrepentimiento. Ojo, su proliferación es directamente proporcional con la sobrestimación personal e inversamente proporcional con el IQ. Nuevamente, Raúl Romero es el arquetipo, i.e., “no siento rencor por la gente que me ha repudiado, me conmueve el dolor de todos”. (Jerónimo Pimentel)

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