jueves 13 de diciembre de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1867

31/Mar/2005
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Sólo para usuarios suscritos Carta de Amor
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Block de Notas
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Su experiencia como actriz la ha preparado para enfrentar la vida y, específicamente, la etapa que inicia con un nuevo trabajo en televisión. Pilar aconseja desde la pantalla chica.

Pilar Brescia: Dama de la Tele

5 imágenes disponibles FOTOS 

1867_brescia_1_c.jpg
La vida la trató bien hasta que una rotunda acusación contra su esposo, el entonces congresista del FIM Ernesto Gamarra, convirtió los días de la actriz Pilar Brescia en un vía crucis legal que aún no termina. Ha trabajado en teatro, cine, radio y televisión. Conoce lo que es administrar una empresa propia, y hace unos años descubrió la necesidad.

–Tu carrera como actriz empezó cuando eras una niña y cuando conducías el programa Pilar, sus amiguitos y la moda. ¿Qué recuerdas de tu infancia?
–Me crié en provincias, primero en Tarma, y no había televisión. Después nos fuimos a vivir a Pisco, donde sí llegaba. Esa cajita era mágica para mí. Lo que más me gustaba, siendo chica, eran las telenovelas. Y como yo entré a ese mundo a los once años, imagino que el temor de mi mamá era que yo me convirtiera en una persona frívola. Entonces ella siempre me repetía: ‘Pilar, las personas valen por lo que son interiormente. La juventud se acaba, la belleza se termina’. Eso que al principio te aburre de la mamá, finalmente se lo agradezco.

–¿Vienes de una familia bien acomodada?
–No creas. Antes, ahora ya no, se creía que la gente blanca tenía plata y era ‘de buena familia’. Yo vengo de buena familia, pero sin plata. Estudié en un colegio en Lince, que se llamaba María del Carmen, un colegio chiquitito que ya ni existe. Y con serias dificultades económicas, con algunas épocas mejores y otras peores.

–Y entonces descubriste el teatro…
–El programa en vivo me causaba mucha tensión, y no llegó a llenarme plenamente. Unos años después entré a estudiar teatro y descubrí que eso era lo que me maravillaba, porque había un principio de ensayo, de responsabilidad, de puntualidad. Sobre todo los ensayos.

Hoja de Vida

1957: Nace Pilar Brescia.
1968: Sale al aire conduciendo Pilar, sus amiguitos y la moda por Canal 9.
1976: Debuta en el teatro con Aleluya, Aleluya. Comienza a trabajar con Osvaldo Cattone.
1976: Actúa en la película Aventuras Prohibidas, de José Carlos Huayhuaca.
1980: Aparece en la telenovela Páginas de la vida, que aparecía por Panamericana.
Nace su hija Patricia.
1991: Nace su hija Luciana.
1996: Nace su hijo Ernesto.
2003: Sentencian a su esposo a seis años de prisión.
2004: Ernesto Gamarra es liberado.
2005: Conduce Como la Vida Misma por ATV.

–Trabajaste mucho con Osvaldo Cattone.
–Sí. Era una época donde él era sumamente criticado, porque según mucha gente hacía un teatro ‘comercial’. Y si así es la definición, sí, yo hice teatro comercial. Y llegamos a miles de personas con obras que podían estar dándose en otras partes del mundo, como El Diluvio que Viene, Don Quijote de la Mancha, Hijos de un Dios Menor, etc.

–Mientras actuabas, estudiabas comunicaciones.
–Lo que pasa es que mi papá me dijo que yo tenía que ir de todas maneras a una universidad. Entonces ingresé a estudiar ciencias de la comunicación. Hice la carrera en muchos años porque trabajaba, varios cursos los llevé dos veces, pero creo que el haber estado en la universidad es otro respaldo que tienes. Ahora estoy siguiendo una carrera técnica que se llama Consejería en Adicciones.

–¿Qué te motiva a especializarte en eso?
–Hace unos años tuve un programa en radio que se llamó Nosotros la Gente. Estuvo en el aire dos años. Ahí, las personas llamaban durante una hora para hablar del tema que les diera la gana. Y caminó estupendamente bien. Un día leí de casualidad sobre la consejería en adicciones. Ya había pasado lo de Polo, y además me iba dando cuenta de que como actriz ya no tengo las mismas posibilidades que hace diez años. Es interesante porque de alguna manera siempre hay alguna familia que sufre por adicciones. Decidí entonces que en un futuro me voy a dedicar a eso. Esa es mi meta ahora.

–Y esto encaja bien con el nuevo programa.
–Me ha venido del cielo. Y me permite seguir estudiando. Además necesito trabajar, necesito estudiar. Necesito. Nunca antes había tenido necesidad. Es otra cosa que he aprendido. Cuando me quedaba sin trabajo, estaba el ingreso de Polo. Lo mío era para mejorar, para ahorrar un poquito y podernos ir de vacaciones. Pero con ese poquito no vives los cuatro años que estamos pasando. Ahora sí sé lo que es la necesidad, y la importancia que tienen los medios. Y la credibilidad que uno puede llegar a tener si ha tenido una conducta correcta a través de los años. Al final toda acción tiene una consecuencia.

–¿Eres una persona religiosa?
–Soy cristiana.

–¿Creyente? ¿Practicante?
–Absolutamente.

–¿Y se lo has transmitido a tu familia?
–Ese es uno de los errores que creo haber cometido. Yo antes pensaba que cada uno debía descubrir la religión, o sus creencias, como las descubrí yo. Pero me arrepiento de no haber trabajado con mis hijos desde chicos, porque es como decir ‘ya mi hijo descubrirá cuál es la vacuna para estar bien de salud’. En un momento de crisis como el que hemos tenido, esa ha sido mi fuente de tranquilidad y de absoluta seguridad. Y los chicos no la han tenido.

–Hablemos de ese ‘paréntesis’ en tu vida. ¿Qué hacías con tu tiempo?
–Había que hacer doble todo. Ya no tenía la otra mitad que funcionaba conmigo recogiendo chicos, llevando chicos, yendo al médico. Y había que encargarse de abogados y papeles. En realidad no tenía mucho tiempo. El viernes sentía como que se paraba todo, y el lunes era otra guerreada más.

–¿Cómo eran los fines de semana?
–Con mi familia. Atenta siempre al teléfono para cuando llamaba Polo.

–¿Qué pasó el día que sentenciaron a tu esposo?
–Fue terrible. Yo había ido a trabajar, y Polo se fue en la mañana al Poder Judicial. Pero no pensamos que ese día… Faltaban varias instancias todavía. Y no lo volví a ver. Ahí sí creo que me puse mal. Tan mal que un día, a los dos o tres días de la noticia, porque yo trataba de seguir funcionando, aparecí en el centro de Lima manejando y dije ‘¿qué hago acá?’ Entonces hablé con un médico y me dijo que tenía que descansar. Ese fin de semana dormí bastante. Y después el lunes había que volver a levantarse, ver papeles…

–Él pidió expresamente que no lo vayan a visitar.
–Sí, nunca quiso.

–¿Te arrepientes de haberle hecho caso?
–No, porque no tengo ninguna imagen fea.

–Entonces salió y después de un tiempo dijeron que debía volver a custodia.
–Desgraciadamente el tema es político. Los procuradores parecían unas vedettes hablando tonteras. Ellos saben que es inocente. Cualquier persona medianamente entendida en lo que es el derecho sabe que lo han sentenciado sin pruebas. Entonces entró en la clandestinidad, que fue peor todavía porque antes al menos sabía dónde estaba.

–¿Ni siquiera tú sabías dónde estaba?
–No. Solo él y dos personas más. Yo no.

–¿Y querías saber?
–No, porque podía de repente quererlo ver, o se te sale pues. Cuando sabes mentir es perfecto, pero cuando no sabes mentir se te sale. Fueron unos meses terribles.

–¿Cuál es la situación de Ernesto Gamarra en este momento?
–Lo que está buscando Polo es pedir una revisión de su sentencia, con los elementos nuevos que hay.

–¿Hubieras preferido no haber postulado a la alcaldía de Miraflores?
–Sí. Pero esto igual hubiera pasado.

–Nunca has dejado de creer que él es inocente.
–No; es más, si Polo hubiera delinquido, yo hubiera seguido a su lado. Pero en silencio. Si te hubieras juergueado, si te hubieras ido a Europa, entonces te callas. Sí me arrepiento en el sentido de para qué me metí en una cosa que no manejo, ni nada, aunque realmente creo que el distrito pudo haber cambiado. Pero, por otro lado, creo que todos en mi familia hemos crecido y caminamos más ligeros en la vida. Mucho más ligeros. Me río de la vida. (Entrevista Romina Massa / Fotos Víctor Ch. Vargas)

Búsqueda | Mensaje | Revista