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Edición 1864

10/Mar/2005
 
 
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Johanna San Miguel y Carlos Carlín, juntos en la radio y juntos en la tele: Pronto estarán en el 4.

El Uno... Para el Otro

8 imágenes disponibles FOTOS 

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Carlos Carlín conoció a Johanna San Miguel cuando él tenía 14 años y ella 18. Johanna era una de las chiquillas de “Carmín”, Carlos, extra por un día de la telenovela. Ella iba toda de naranja y, claro, ni lo recuerda. Más tarde se volvieron a encontrar. Carlos salía del Británico, donde estudiaba teatro y Johanna estaba con toda la mancha de Pataclaun en la calle de las pizzas: “Me acerqué a saludar a Wendy Ramos que era muy amiga mía, justo cuando una reportera que siempre iba de verde y con una Sprite en la mano pretendía entrevistar al grupo. Johanna casi le rompe la botella en la cabeza”. “Es que nos estábamos divirtiendo y no queríamos que nos molestara”, dice Johanna. “Qué loca”, pensó él en voz alta. “También es bien tierna”, le respondió Wendy.

Ahora son más que amigos. La complicidad de estos dos actores, cultivada cuando ella era “Queca” y él “Tony” –“una viejita creída y un fantasma descreído que se había muerto en el Marsano”, afirma Carlos– se ha instalado con mucho éxito en la radio. “Tenemos un público muy variado, nos llaman de La Molina o de Jesús María, jóvenes y mayores. La verdad es que nos divertimos mucho, creamos personajes y siempre tenemos invitados”. La semana pasada, por ejemplo, estuvo en la cabina Pedro Suárez Vértiz acordándose hasta de su primer día en el nido y también han pasado por ella personajes tan disímiles como Yola Polastri (“nuestra Charly García”, dice Carlos) y Magali Medina.

Tienen que estar al día con las noticias, supongo... “Johanna es del Villa María, ella no lee, solo ve las fotos”. “Sí, él me cuenta lo que pasa”. “Johanna es del Villa María pero parece un estibador del Callao”, insiste Carlos. “Es que tengo calle, nadie me lornea, yo me enamoré con Pelo Madueño durante cuatro años”.

Cada vez tratan sobre un tema diferente, el denominador común es el humor y la improvisación. Hasta han entablado cercana relación con algunos de sus oyentes. “Hans –cuentan– es un chico de 19 años que nos llama a cada rato para hablarnos, con argumentos por cierto, del aprismo de los años cincuenta o de la Guerra de las Galaxias. También nos llama una gorda, gordísima, de Lince para quejarse de su gordura, de lo mucho que suda, de todo lo que sufre. ¿Y ustedes qué, le aconsejan alguna dieta? “No, la hacemos sentir más gorda”, responden.

Lejos de las narices Rojas

“Cuando alguien me para en la calle me aterro, no quiero que me digan hola Queca o cómo estás Martirio (Carita de atún), no, por favor. Entonces me hablan del programa de radio y eso me parece chévere. La verdad es que Queca y Martirio ya fueron, ya no existen y lo peor de todo es que hasta mi hijo Paulo que tiene dos años me dice Queca”.

Johanna San Miguel no quiere borrar al claun de su vida porque es parte de la historia de su trabajo, pero que la sigan identificando con esos entrañables personajes la mortifica. “Adoro mi personaje (Queca no soy yo, a Queca todo el mundo la quiere, a mí me odian) y cuando lo veo me produce mucha risa y ternura. No puedo creer que yo lo haya hecho. La culpa de que sigamos siendo los mismos no es de la gente sino del canal que repite Pataclaun. Eso no nos permite crecer”.

“¿Eternamente seremos Queca y Toni? –se pregunta Carlos– Si a Johanna le dicen que pensaban que era vieja, gorda y horrible, a mí hasta ahora me miran las manos para ver si son tan pequeñas”.

Sin embargo, ambos reconocen que debido a Pataclaun tienen el cariño del público. “Todo el mundo nos veía, no importaba de qué barrio venían ni de qué condición social”.

Johanna estuvo en el taller de clauns de July Natters desde sus inicios y también en los montajes teatrales que el grupo llevó al escenario. Carlos, cuando se decidió trasladar el espectáculo a la pantalla chica.

Nadie puede negar que Pataclaun fue un éxito rotundo. Debido a la calidad de los actores y al rollo que en todas sus versiones abordaron. La pedantería, la autosuficiencia, la ridiculez, la soberbia, amén de todos esos conflictos existenciales en que se ven enredados los seres humanos, alcanzaron otra dimensión gracias a un fino e inteligente humor.

Pero los clauns se saturaron, se hartaron de ellos mismos, de verse, y se desintegraron.

Historias Personales

El rumor de que existe un romance entre Johanna y Carlos va in crescendo a medida que pasan los días. “Lo que pasa es que todo el mundo quiere que tenga novia y para satisfacerlos he dicho que algo se sabrá muy pronto”, dice él. “¡Qué! ¿Te vas a casar conmigo?”, grita ella.

Johanna no confiesa ningún amor: “Creo que no tengo tiempo para eso, trabajo el día entero y soy padre y madre de mi hijo. Ésa ya es una chambaza”. “Además, cualquiera que la pretenda tiene que contar con mi aprobación”, comenta Carlos.

“La verdad es que yo pensaba casarme con el padre de mi hijo, inclusive antes de salir embarazada, con todo y compromiso y anillo y boda. Pero cuando nació Paulo cambié muchísimo y me di cuenta que él no era el pata de mi vida. Entonces le dije chau y muchas gracias. Lo quiero y somos grandes amigos pero nada más. Él vive en Australia”. Carlín: “Sí, es un canguro grande y fuerte”.

Cuando era una estudiante del Villa María, Johanna no imaginaba el teatro como una profesión ni siquiera como una afición. “Una sola vez quise actuar en el colegio. Recuerdo que se iba a poner Pulgarcita y, en serio, creí que me escogerían a mí, pero no, eligieron a otra chibola. Casi me muero, no sabes cómo la odié. Entonces quedé curada. Nunca más, me dije”.

Pero cuando salió de quinto de media, Claudia Danmert, su tía, la convenció para que hiciera el casting para Carmín. “Fui de mala gana pero me aceptaron. Pero me gustó el trabajo en la televisión”. Johanna Tu Johanna la historia de vida Carmín, me llamó mi tía Claudia Dammert.

Después de filmar la telenovela Johanna hizo planes para viajar a Barcelona y estudiar teatro pero finalmente se quedó en Lima para lo mismo. Ella considera que sus maestros fueron Alberto Isola y el grupo Yuyachkani. “Y con July Natters descubrí la línea del humor, y en eso estoy ahora, no se que pasará más adelante”. “Yo no me río fácilmente en el teatro –interviene Carlín– pero nunca podré olvidar una escena de Johanna en Todos los chanchos vuelan de Lourdes Velaochaga, no sabes cómo la disfruté, no podía parar de reírme”.

Carlos, por su parte, viene de una familia de artistas. Su hermana, Lourdes Carlín, es bailaora de flamenco y “mi hermano es dibujante, no es el famoso Carlín (Carlos Tovar), el caricaturista, él ilustra libros”. Desde niño se la pasó correteando por el Municipal y Segura donde se presentaba la legendaria Academia de Flamenco de Barranco, “y como vivía a la espalda de los Reyes Rojos, siempre iba por ahí para ver qué pasaba”. La primera obra de teatro que vio en su vida, justamente, se ponía ahí: Marité, del grupo Telba, dirigida por Roberto Angeles, escrita por Rafo León y Fedor Larco y actuada por Milena Alba. “Me quedé alucinado, eso era lo mío”. Después, se quedó rondando por ahí viendo los ensayos de El terno blanco de Alonso Alegría. “¿Quién puede salir al fondo del escenario”, gritó alguien por ahí. “Yooooooooo”, respondió Carlos. Y le dieron el papel. “Entonces corrí a mi casa para contarle a mi familia lo que me acababa de suceder y ellos dijeron: no, primero acabas el colegio, luego una carrera y después estudias teatro”.

Carlos Carlín se graduó de comunicador audiovisual en el IPP, trabajó en el área de producción de canal 4 y casi inmediatamente como asistente de rodaje en Reportaje a la muerte. “Con lo que gané en la película me pagué mi primer taller de teatro con Roberto Angeles. Y así se desencadenó todo. Actuó dirigido por Ángeles en Metamorfosis y en ¿Quieres estar conmigo? Más tarde estaría en las telenevolas Los de arriba y los de abajo y Tribus de la calle. “Hasta que Wendy Ramos, cabeza de Pataclaun y gran amiga, me llamó para hacer Pataclaun en la televisión”. Después, paralelamente, Carlín (con July Natters) estuvo en El cuarto de Juan. “El programa no funcionó, nos metimos a hacer cosas de periodismo sin tener la asesoría ni la experiencia suficientes.

Días de Radio

Johanna fue quien convenció a Carlos para hacer un programa de radio. “Yo tuve la idea pero él fue quien preparó todo y lo presentó, siempre es así, él se encarga.” Radio Planeta les dio cabida y cabina y allí están hace un año bacilándose con su Yo te quiero, yo tampoco, todos los días a las tres de la tarde. No pretenden dejar la radio, por cierto, pero sí tienen planeado un programa en la televisión. Al parecer estarán pronto en canal 4 y en horario aún incierto. Para ello están trabajando con Rocío Tovar, directora de Perú ja, ja y con la banda La Roja. “De hecho no es una propuesta similar a la de la radio, como somos actores, podemos llevar algunos personajes a la pantalla. Estamos haciéndolo con calma porque queremos ofrecer algo bueno”. Así las cosas, la pareja seguirá junta por mucho tiempo.

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