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Edición 1863

03/Mar/2005
 
 
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Viviana Rivasplata se separa de ex futbolista Roberto Martínez y mantiene firme la convicción de convertirse en actriz.

Viviana: La Miss Está Sola

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Hermosa Viviana.

Vivi se arrepiente de muchas cosas. De haber permitido, por ejemplo, que le disminuyeran quirúrgicamente una talla de busto luego que ganara el Miss Perú Universo en el 2001. Fue por gusto, la verdad. Justo cuando todo parecía indicar que las formas exuberantes habían dejado de ser el gran complejo de las latinoamericanas que ambicionan reinados y pasarelas, y volvía con fuerza el look “saludable” Además, cuando llegó a Puerto Rico, al concurso de Miss Universo, todas sus competidoras o habían hecho lo contrario o se habían mantenido tal cual. Que le sacaran las bolsas de los ojos y que le afinaran la nariz (esta última intervención ella no la admite), era suficiente. “Me arrepiento tanto, tanto de lo del busto”, se lamenta Vivi.

También se lamenta de su larga relación con Eduardo “Pato” Domínguez, el arquero argentino que venía de los Talleres de Córdoba y jugaba por el Aurich cuando Viviana vivía entre Chiclayo y Pimentel. Entonces ella era una chiquilla (1994) y ni siquiera soñaba con el glamoroso mundo del modelaje. “Él fue la etapa negra de mi vida”, dice ahora arrugando el entrecejo. Y calla, no quiere nunca jamás hablar de él. Su romance con Domínguez, quien por cierto no se caracterizaba por su caballerosidad, finalmente le trajo muchos disgustos. El arquero, cuando el cuento de hadas terminó, declaró asuntos muy íntimos y desagradables respecto a Viviana en la televisión que ella desmintió en una emisión de Panorama (1998). “Antes me afectaba muchísimo todo lo que se decía o inventaba sobre mí. Yo sufría y mi familia también. Ahora ya no me importa. No hago caso a los chismes porque lo mejor es no entrar en el juego. No es mi estilo, además. Todo lo que hago, lo hago respetando a los demás, quiero que mi familia esté orgullosa de mí, desde mis abuelas hasta mis sobrinitos a quienes quiero mucho”.

Y por último, si bien no se apena de haberse casado con el ex futbolista Roberto Martínez –“porque es un hombre bueníííííííísimo”– a la luz de la separación, debe estar pensando en el tiempo perdido profesionalmente aunque diga “que nunca dejó de lado su individualidad”. Viviana aclara que cuando se casaron, ambos estaban enamoradísimos y que Roberto es un ser humano maravilloso “a quien le tengo mucho cariño”. Pero vamos por partes.

Hoja de Vida

Edad: 26 años (Chiclayo 1978).
Talla: 1.68 m.
Peso: 52 kilos.
25 de enero de 1996: CARETAS publica, por primera vez, una foto suya.
1997: Asume la conducción de Zona de Impacto.
1998: Gana en el concurso Reina de América y el Caribe.
2001: Gana el concurso Miss Perú Universo.
2002: Es coronada Reina Internacional del Mar en Colombia.
18 de mayo del 2002: Se casa con el futbolista Roberto Martínez.
2002: Representa al Perú en el Miss Hawaiian Tropic, en Hawaii.
2003: Segunda finalista del Miss Hawaiian Tropic en Hawaii, representando a Italia.
2004: Incursiona en la actuación en la serie Mil Oficios.
2005: Se separa de Roberto Martínez.

El Camino a la Fama

Futbolistas del entorno de Eduardo Domínguez, dicen que éste ha sido –hasta la fecha, digamos– el amor de su vida y que cuando decidió casarse con Roberto Martínez hasta lo llamó por teléfono a la Argentina para contárselo. También, que gracias al “Pato” se hizo conocida y comenzó a filmar spots publicitarios y a modelar. Grave error. “A mí me descubrió CARETAS y después de salir a doble página en la revista empecé a recibir llamadas de todas partes”, asegura.

En efecto, en enero de 1996 (N°1398), cuando CARETAS todavía se imprimía en blanco y negro, el kilómetro 43 hacía las veces del 97.5 y la última playa sureña, antes de llegar a Cerro Azul, era Cayma, el ojo de lince de un conocido reportero y el lente de un no menos famoso fotógrafo de esta casa editora, avizoraron “contemplando el bravío mar de Punta Rocas” a la hermosa sirena chiclayana de 18 años. Un supuesto campeonato internacional de tabla, perdió, por ella, todo el interés de los aficionados.

(Paréntesis: no es por nada pero CARETAS también descubrió a Natalia Gallardo en los noventas y publicó la primera foto de Claudia Rincón en este siglo).

Viviana vino a Lima porque quería estudiar arquitectura e ingresó a la universidad Ricardo Palma, de ahí pasó al instituto Toulouse-Lautrec y se inclinó por arquitectura de interiores. “Estudiaba y trabajaba y me esforcé mucho por salir adelante”, cuenta. Vivi nunca ejerció su carrera –uno de sus proyectos era el de restaurar monumentos históricos en el Callao porque muy pronto se vio envuelta en contratos y concursos. También dejó atrás las duras competiciones deportivas: en quinto de secundaria fue campeona nacional de triatlón y, finalmente, rompió con el “Pato” de marras. El arquero que durante cuatro años había sido, según Vivi, “un lobo disfrazado de cordero”. Y claro, a la chica le llegó la hora de ingresar al espeluznante mundo del chisme y de los dimes y diretes. Inevitable.

Viviana ha acumulado varios triunfos en certámenes de belleza. Uno de ellos muy comentado. En el Miss Hawaiian Tropic Internacional 2003, realizado en Ohau, Hawaii quedó como segunda finalista pero representando a Italia. Apeló a la ascendencia italiana de su madre (Gervasi) para hacerlo. La peruana Gabriela León no llegó ni a las finales y el acontecimiento desató irónicas apreciaciones en la prensa local. Nadie se había enterado hasta ese instante que la joven estaba en Hawaii.

Amores y Desamores

En 1998, cuando Viviana Rivasplata ganó su primer concurso, el de “Reina de las Playas de América y el Caribe”. En 1999, el éxito le guiñaba el ojo y su futuro se avizoraba auspicioso. Pero de pronto, casi se le cae la corona cuando la prensa del espectáculo comenzó a hablar de un posible romance entre ella y el aún marido de Gisela Varcárcel, el ex futbolista Roberto Martínez. Viviana lo negaba a diestra y siniestra y mantuvo una gran discreción hasta que, finalmente, su enamoramiento se hizo público. “Yo no creo que Viviana le quitara el marido a Gisela –cuenta un amigo de Roberto–, la relación de ellos ya marchaba muy mal. Roberto es un muchacho bueno, como futbolista marcó un poco la diferencia con los otros jugadores, lo que sucede es que se equivocó rotundamente. Tal vez pensó que con Gisela se convertiría en un triunfador. Y por lo que veo ha vuelto a equivocarse porque su matrimonio con Viviana tampoco ha funcionado”.

Viviana sostiene que Roberto es bueno, el amigo también. Si pues, Roberto es bueno pero mujeriego. Ese parece ser el motivo por el cual sus parejas se separan de él. Dicen que cuando se divorció formalmente de Gisela y se ennovió también formalmente con Viviana, se las pasaba llamando por teléfono a Jessica Olazzo.

El hecho es que Vivi está sola nuevamente y ya se ha tenido que enfrentar a un nuevo rumor de los diarios. El de su romance con el presidente de la organización de Miss Latinoamérica, Jorge Talavera. “No es verdad”, repite ella. Como se sabe Viviana es la imagen de ese certamen que se realizará en Suecia a finales de agosto.

Escuchándola y viéndola, lánguida, suave, medio triste, medio alegre, uno se puede dar cuenta que ha elegido la discreción como modo de vida. Quiere ser una chica buena. Tal vez le falte un poco de locura, esa que está ajena a las presiones de los concursos y de la prensa: “Me he privado de muchas cosas por dedicarme a los estudios y al trabajo –insiste– y de disfrutar de lo que era propio de mi edad. Me ha costado mucho convertirme en una profesional y no voy a permitir que las habladurías perjudiquen mi carrera”.

Las chicas buenas se van al cielo, ¡las malas a todas partes!...¿Lo habrá escuchado ella? Frase célebre de Mae West (quien también decía: “Cuando soy buena soy buena, pero cuando soy mala soy mucho mejor), capturada por las feministas (se convirtió en slogan de un encuentro feminista en Tasco, México), y por la escritora alemana Ute Ehrbardt quien tituló así uno de sus libros de autoayuda (1994). El más buscado por las mujeres europeas.

Modelo o Actriz

La vida profesional de las modelos es corta y en muchos casos dramática, Viviana lo sabe. También reconoce sus limitaciones. Mide 1.68 m, por lo tanto las pasarelas internacionales le están negadas. “Además no soy un palo, tengo curvas”. Vivi aprovecha la belleza de su rostro y la experiencia frente a las cámaras para trabajar filmando comerciales o haciendo fotos publicitarias. “En este mundo tienes que saber cómo moverte, hay muchas chicas que se desmoralizan inmediatamente porque no pasan un casting por un kilo de más, o porque la exigencia es que seas muy rubia o morena o trigueña. Entonces comienzan los problemas. Yo he visto a chicas tener gravísimos y horribles problemas de bulimia y anorexia y eso me da mucha pena”.

Viviana asegura que los años que le dedicó al deporte y la disciplina a la que tuvo que someterse le han dado mucha fuerza y que cuando no la aceptan en un casting lo sobrelleva perfectamente. “Hay infinidad de cosas que una puede hacer”.

Por lo pronto ella mantiene una estricta rutina: tres horas de gimnasio –baile y pesas– cuando está en Lima y cuando viaja “a correr y si es sobre la arena de alguna playa mejor”. En su maletín de mano siempre encuentra, además, unas ligas para realizar ejercicios localizados y su laptop “imprescindible”. Vivi pesa 52 kilos y según ella no tiene que hacer demasiados sacrificios respecto a la comida para mantenerlos. De cuando en cuando entra a la cámara hiperbárica “a recibir oxígeno puro”. Como se sabe, la cámara hiperbárica es excelente para mantener la piel joven, amén de aliviar muchos tipos de enfermedades. Cuando no tiene que trabajar no se maquilla, apenas utiliza bálsamo labial.

México Mío

“Me gusta mucho modelar y como éste no es un mundo tan competitivo como la televisión, he hecho muy buenas amigas. Si tengo que posar ante las cámaras horas de horas, no me importa, lo disfruto, estoy muy acostumbrada a eso. Lo único que necesito es música de fondo”. No obstante, el sueño de su vida es actuar. Desde 1998, ella declaraba a la prensa que quería dedicarse a la actuación.

Ahora se ha dado cuenta que necesita más que una cara bonita para ello. “Voy a comenzar de cero, desde abajo”. Y claro, ya ha estado en México, en los predios de Televisa, haciendo sus primeros contactos. “No voy a irme inmediatamente porque tengo varios compromisos que cumplir, tengo que pensar cómo mudarme y dónde puedo vivir allá. Las cosas no van a ser fáciles. Tendré que aprender dicción y todas esas cosas. Pero México es mi sueño, allá los actores son verdaderas estrellas y la gente los adora y respeta”.

Fanática de los zapatos, las carteras, la ropa y los perfumes: “gasto mucho en esas cosas porque no tengo que mantener a nadie”, Viviana está decidida a comenzar otra vez. Sola y decidida. Suerte. (Teresina Muñoz-Nájar)
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