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Edición 1845

21/Oct/2004
 
 
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Examen de Impaciencia

Normalmente los CADE se consideran un oasis de reflexión sobre el curso de los hechos políticos y económicos del país, donde convergen figuras destacadas de la élite empresarial, intelectual y pública, y que dan material para algunos meses de postulaciones prácticas en la alta dirección del país.

Este año esta cita en lugar de ser un examen de conciencia, previo al Cade próximo, francamente electoral, vamos a presenciar un evento que será apremiante y apremiado por la sensación nacional que estamos en un serio impasse –la falta de gobierno, la falta de autoridad–, que aún queda un tramo largo antes del arribo a las urnas del 2006, y que el camino luce angosto, fragoroso y, a no dudarlo, desalentador.

Es interesante constatar que el presidente del actual CADE es el titular del MEF, Pedro Pablo Kuczynski, imperturbable optimista que cree que el país en el tramo que falta de la administración Toledo será plaza atractiva para la inversión extranjera. Muchos lo respetan, pero es poco atractivo para una población ululante por necesidades insatisfechas y por convicción acerca de la inviabilidad social del programa económico en curso.

No deja tampoco de ser paradojal que el tema de este CADE sea el que cada año, desde el 2000 para acá, está en la mente de todo el mundo: trabajo, con el aderezo un tanto más complejo de que para que aumenten las oportunidades de empleo hay que globalizarse y apurar la marcha de los tratados de libre comercio con tutti quanti. Paradojal porque todo cuanto se viene diciendo no ha aplacado el via crucis de la desocupacion de adultos y de jóvenes, miles de hombres y mujeres sin rumbo ni esperanza.

Las imágenes contrastantes de un CADE siempre bien organizado, con escenarios montados impecablemente, con un país en pie de guerra campal –repase el lector las imágenes de la batalla entre policías y vendedores con mercenarios en el mercado mayorista de frutas de La Victoria– nos ratifican en la idea que los males nuestros son demasiado profundos y la responsabilidad en alta medida de que exploten en nuestra cara es debida a este régimen que, salvo aparecer para la foto vía el Presidente, se hunde en el descrédito.

En esta quincena que pasó, frente al debate de si la realidad es tan desoladora como parece por obra de un periodismo exagerado, o es sólo un lado sombrío en un panorama de luces, va a trasladarse sin duda a Trujillo.

¿Los progresos del fugitivo Fujimori –primero en las preferencias, según las encuestas– son obra del periodismo fujimontesinista? ¿Son los desestabilizadores de los medios los que dañan la imagen del Presidente, cuando pudiera ser resplandeciente si no se acosara a su abogado Allemant y a sus innumerables y bien intencionados parientes, a sus gonfaloneros ilustrados de Perú Posible, a los lúcidos asesores?

Lo triste no es sólo la falta de autoridad sino los signos de proclividad pesetera de parte del entorno presidencial y del partido de gobierno y el que prevalezca ya con desenfado un criterio corruptor en los actos públicos.

Antes se pudo alegar inexperiencia (“Creí que esto sería más difícil”), luego se pudo decir que las críticas eran excesivas y entorpecían el entusiasmado querer hacer en democracia y transparencia (“Déjenme trabajar”), ahora se habla de “cobardes” mientras se dictan normas con nombre propio, se desautoriza y evade la labor de los procuradores y se aprovecha hasta de la venerada imagen del Señor de los Milagros para parecer compungido, arrepentido, milagrosamente converso.

Hay que ser sinceros, para poder alentar esperanza debe emerger de esta CADE la idea mínima de que hay que gobernar en forma, aunque esto signifique exigirle al Presidente un código de conducta que nos garantice que se pondrá freno a la corrupción. Si desde las filas de Perú Posible, ideólogos, militantes, compañeros de ruta y tontos útiles, piden poner fin a los corruptos, parientes o no, ¿qué espera el Presidente para dejar ver en claro todo lo oscuro que parece esconder debajo de la alfombra de su administración?¿O es que en octubre no hay milagros?

 


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