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21/Oct/2004
 
 
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A veces es lamentable enterarse de lo que pasa en el Perú por los noticieros de la televisión española, porque por lo general no suele ser nada positivo lo que allí aparece. A menos que alguien considere positivo el que el otro día hayan transmitido la noticia de la celebración en Lima del Concurso Miss Perú-Gay. No sé quién habrá ganado tan preciado título, espero nomás que se lo merezca y que mañana no dé motivo a una denuncia (ese deporte en el que somos campeones) por incorrecciones en el concurso. Ojalá que él, o ella, no termine siendo un gay trafa.



Es que a veces, mirando la cosa desde lejos, parecería que el país está patas pa’rriba. Por ejemplo eso del juececillo arequipeño (perdonen el diminutivo) que con ínfulas de la Tremenda Corte dispuso que se paralizara el transporte de pasajeros por vía aérea en todo el Perú simplemente para dar amparo a una línea desconocida que se llama, creo, Aviandina; que no existe, claro. La Tremenda Corte o 4º Juzgado de Arequipa, me dicen, se ha dado el gusto de dejar bien claro, para que nadie lo dude, su antichilenismo. Y han salido en su defensa el Presidente de la Corte Suprema, culpable de la absoluta inoperancia de la justicia en el Perú, así como un distinguido grupo de jurisconsultos que, como si estuvieran en la Roma Imperial, han rasgado sus vestiduras, es decir sus ternos con chaleco, en defensa de la absoluta independencia de poderes, caiga quien caiga, se paralice lo que se paralice, se queden esperando sentados todos los peruanos que quieren ir de un sitio a otro del país y todo el Perú se convierta de pronto en un lugar para movilizarse en burro solamente, o en ómnibus a lo sumo. ¿En algún otro país del mundo se habrá producido un caso igual? Lo dudo.


Felizmente existe, entre otros sin duda, un hombre cabal, también jurisconsulto, y que además ha sido Defensor del Pueblo, Jorge Silva Santistevan, que ha marcado la diferencia con sus colegas de toga, y que considera que lo pretendido por el juez Eloy Zamalloa constituye en verdad un daño a un servicio público, que es un derecho ciudadano protegido.


Lo que sí llama la atención es que haya órganos importantes de prensa que hacen ostensible campaña en contra de la aerolínea en cuestión (que de paso sirve a los peruanos) y, claro está –no podía ser de otra forma– contra el gobierno. Venganza por lo que pasó con AeroContinente en Chile, quizá, pero ¿no les parece a ustedes, señoras y señores, que un titular que dice “Gobierno se la juega por aerolínea chilena” es un titular torcido, concebido con mala leche? Leche vinagre en verdad. Y no me estoy refiriendo a La Razón, ese desagüe fujimorista, sino a uno que parecía serio.


Uno trata de estar al día leyendo libros, diarios y revistas, incluso hasta el atosigamiento y de pronto aparece por allí, como esa invitación a un acto musical que me ha llegado, algo que en verdad nos pone al día y nos hace descubrir lo insospechado: que existen una cantidad de géneros musicales (por así llamarlos) hasta ahora totalmente desconocidos por nosotros. Pongan atención: la invitación habla de indietrónica, electro-pop, minimal-techno, rock de garaje, indie-pop, post-rock y nujazz. ¿Manyan? Resulta pues que en materia de música (se supone que de eso se trata) uno estaba en la mera calle. ¡Tendré que salir un poco más a centros nocturnos concurridos por gente joven! Aunque me vuelva sordo.


Este país está muy compungido, porque su selección de fútbol –que no es la verdadera sino la virtual, es decir el Real Madrid– anda de capa caída porque, como si fuera un equipo de fútbol peruano, últimamente sólo empata sus partidos. Y eso que cuenta con jugadores que aquí todos llaman galácticos, es decir Zidane, Ronaldo, Roberto Carlos, Beckham, Raúl, Morientes y últimamente Owen, es decir una plantilla formidable, y últimamente formidablemente inefectiva. La desesperación de los hinchas empieza a cundir. Me siento en mi tierra, muchachos.


Hace poco he leído que un abogado al que señalan como asesor del presidente Toledo o de alguien de su familia, ha dicho que en el Perú existe una fábrica de testigos, de esos que, supongo, están dispuestos a dar su testimonio sobre lo que sea a cambio de una propina o algo quizá más sustancioso. Ahora en nuestro país ser testigo de algo debe ser un oficio que suple muy bien la falta de trabajo, situación agravada porque, como hasta el propio Mirko Lauer señaló hace poco, en el Perú nadie es condenado ni menos castigado por cometer perjurio. Por eso no me extrañaría que un día de estos algún programa de televisión o un diario de esos (ya sabemos cuáles) publique un aviso que diga: Se necesitan testigos. Buena paga. No se requiere experiencia.

 


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