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Edición 1845

21/Oct/2004
 
 
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Comentario Taurino Este domingo, el español Juan Avila se mide con Fernando Roca Rey y Juan Carlos Cubas, el futuro del toreo peruano.

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Fernando Roca Rey busca redituar su anterior actuación en Acho. Viene respaldado por una prometedora temporada al interior del país.

Por EL MARQUES DE VALERO DE PALMA

Es verdaderamente insólito que hoy, ya metidos en el tercer milenio, aparezcan dos, dos, no uno, dos novilleros peruanos que esgrimen promesas ciertas de futuro en su profesión. El humo blanco, ese “torero habemus” que se esfumó en el aire hace tres años en la Catedral Taurina de Acho después de ver torear a Juan Carlos Cubas, volvió a esfumarse el año pasado por partida doble con Fernando Roca Rey y el propio Juan Carlos Cubas quien volvió a refrendar su calidad.

Roca Rey y Cubas han seguido, hasta el momento, carreras disímiles. Roca Rey va muy cuidado por sus mentores y su entorno. Entre algodones, aprendiendo la asignatura con lentitud y firmeza, dando un paso detrás de otro (parece ser éste el objetivo determinante) para pisar con seguridad, en esta dificilísima profesión de ser torero. Y allá va él, sin prisa y sin pausa, entrenando muchísimo en tientas y matando novilladitas en el interior del país. El determinismo consciente. Lo que haya de ser, será. Y será a su debido tiempo. Pero el round taurino de este año en este domingo próximo es un paso de gigante más, importantísimo para él, para constatar ante tirios y troyanos en qué lugar de su evolución taurina se encuentra. Novillada crucial por tanto para las aspiraciones futuras de este novillero que apunta tanto.

Juan Carlos Cubas, por el contrario, tiene prisa. Juan Carlos Cubas ha encontrado en Méjico el lugar para encerrarse en el laboratorio taurino del mayor compromiso, buscando dónde torear con frecuencia. Pero no sólo en Méjico sino que también en España y Francia ha toreado con bastante continuidad, cosechando, intermitentemente, éxitos importantes. Para Juan Carlos Cubas, arrojado, decidido y firme en sus designios, el viajar, la aventura de viajar, el encerrarse en plaza con ganaderías de zootecnias diferentes ha sido tremendamente ilustrativo. Y le ha ido bien, eso es lo importante. Está ya muy hecho. Esta próxima novillada es la última de su vida. Se despide de novillero en Lima. Todo un acontecimiento. Pero también en Lima va a alcanzar el doctorado el día 28 de noviembre de manos de Finito de Córdoba y teniendo como testigo a ese monstruo del toreo andaluz que es Javier Conde. Acontecimiento mucho mayor. Evento grande. Un peruano que se lanza al mundo del toro a tratar de conseguir puestos en las ferias importantes del planeta.

Sobre Fernando Roca Rey escribí en Caretas el año pasado con ocasión de cortar oreja: “Recibió a sus dos toros a porta gayola. El hecho de arrodillarse allí, frente a la puerta de toriles, es algo insólito en novilleros de buenos pañales. No se arrugó en ningún momento con ninguno de sus dos toros. Esto, cuando se empieza, es lo fundamental”.

“Sabe torear de capa y de muleta. Estupendas caleserinas de adulto total y buenas chicuelinas con sobresaliente en secundaria. Baja la mano en la muleta pero le falta acompasar la embestida del toro, que es lo que llegan a hacer los doctores honoris causa en la materia. Cuando lo consiguió sacó derechazos de muy buena factura y mejores naturales ligados uno a otro. Bullicioso. Metido en lo suyo. Con pasión de aficionado recalcitrante. Una delicia observarlo así. Las ganas. El futuro. Pero todo en su real dimensión ya que se le ve torero, y va para buen torero, pero en agraz como las uvas dulces que empiezan a madurar”.

Yo no sé si pondrá banderillas o no este año. A mi juicio debería abandonar este tema aunque no podemos saber si en todo un año ha podido mejorar y convertirse en rehiletero bueno. Sobre esto escribí el año pasado: “Pone banderillas y ahí está, poniéndolas, pero con defectos varios. Tiene la primaria en este tercio. Pero le falta el bachiller y la universidad todavía. Tiempo al tiempo”. Sin embargo apuntaba mucho a la hora de la verdad. Decía: “Intuyo, por cómo ejecuta la suerte, que sabe matar, que está en ello, que lleva camino de doctorado mayor. La seguridad, que caló en el público, de que Lima tiene un futuro torero, a pesar de su dimensión, distancia y currículum vitae de becerrista adelantado, es más que clara. Fernando Roca Rey, si el destino no se tuerce, será torero y buen torero, porque se le adivina el regusto por el toreo caro, por el toreo del embelesamiento y la verdad, se le adivinan detalles, un conjunto de detalles cromáticos y variopintos que lo atestiguan con fuerza de augurios ciertos. De augurios de sibilas que escuchan las voces de los dioses del Olimpo taurino”.

Así lo vi y así prometía Fernando Roca Rey hace un año. Hay, habrá que pensar, que para un novillero que se está educando para doctor con aplicación suma y minuciosidad consciente, el transcurso de un año lo debe haber puesto en mucha mejor situación de franquicia torera. Esta novillada tiene bemoles. Solamente por esto tiene bemoles.

Y de Juan Carlos Cubas también escribí el año pasado y en su momento: “A fuerza de insistencia, logró que el toro embistiera con nobleza franca sacándole muy buenos naturales. Mató con acierto y se ganó una merecida oreja. En esta faena predominaron las ganas y el corazón por encima de la hondura y el conocimiento. Nos señala a un torero en el camino de la perfección pero, solamente en el camino, en la andadura, en el tránsito adelantado y casi perfecto.

Pero en su segundo toro, el sobrero de Aucallama, sin llegar a lucirse y sin llegar a transmitir al público porque el toro se las traía, demostró mucho más que en el buen toro anterior, demostró maestría, conocimiento del toro, valor y la única lidia posible ejecutada admirablemente. Demostró que está puesto. Que está en el mejor de los caminos. Lo que hizo Juan Carlos Cubas con este dificilísimo sobrero que le tocó en suerte es algo que no muchos toreros de alternativa pueden lograr hoy: la unión del valor con el sentido común del encimismo para sacar pases por el pitón contrario y poderle al toro que no quiere pasar y lograr pases como los circulares citados por la espalda que señalan a un torero puesto y técnicamente entrenado. Torero hay. Demuestra un gran camino andado”.

Sabemos que está muy puesto. Y lo sabemos porque, sólo en sus últimas once novilladas de este año, en Francia y España, esas novilladas que son las más cercanas a la de este domingo 24, ha cortado 18 orejas, saliendo por la puerta grande a hombros en seis ocasiones. Luego está puestísimo. Sin lugar a dudas. Por tanto llegará a la alternativa el día 28 de noviembre en óptimas condiciones. Es un gran aliciente el poder verlo y constatar sus reales maneras en este próximo domingo que se despide como novillero.

Juan Avila es valenciano, de Valencia, España. Tiene poco recorrido como novillero pero apunta todo. El haber salido a hombros por la puerta grande en una plaza de primera como la de su Valencia natal dice mucho. Está armando un buen lío por aquellos lares. Es de los que aprietan. De fuerza, de ganas, de apretar con fuerzas y con ganas. Por eso hay que esperar que, dada su bisoñez, apriete los dientes y quiera comerse al toro vivo. Eso sería lo bueno. Que entienda al toro y no le salga a contraestilo.

Acho abre sus puertas. Empieza la Feria. La novillada no puede ser más prometedora. ¡Fantástico! ¡Que Dios reparta suerte!

 


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