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09/Set/2004
 
 
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El estrés de las altas responsabilidades puede perjudicar seriamente el corazón y doblar las posibilidades de morir de infarto.

Corazones Recargados

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Los puros, comida chatarra y el exceso de trabajo llevaron al ex presidente Bill Clinton al quirófano.

David Waisman, vicepresidente de la república y congresista de Perú Posible se hizo vegetariano y yoga siendo un adolescente de 15 años, no bebe ni fuma, pero su corazón –como ahora el del ex presidente norteamericano Bill Clinton y del vicepresidente Dick Cheney–, funciona con cuatro by-pass aorto-coronarios.

¿Qué fue lo que lesionó tan gravemente el corazón de estos tres hombres? Al parecer un factor al que los especialistas recién le están dando la importancia debida: el estrés.

Hasta ahora se sabía que el estrés ocasionaba ciertas arritmias en el corazón, pero una investigación realizada por primera vez en 52 países distintos con más de 30,000 personas lo señala como el factor que puede duplicar las posibilidades de morir por una enfermedad coronaria. Aviso para políticos, periodistas, médicos, pilotos de avión, etc.

El estrés ha sido descrito como el fenómeno que mantiene en constante estado de alerta al organismo frente a tensiones externas poniendo en juego todos los mecanismos de defensa del cuerpo.

Ante una situación de alarma en la que incluso puede estar en juego la vida, el hipotálamo y la hipófisis –ubicadas en la parte baja del cerebro- liberan catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y otras sustancias, como cortisol y la hormona diurética que hacen que el organismo se prepare para defenderse o huir. Al aumentar la adrenalina el corazón en vez de latir a 60 por minuto lo hace a 100 y 120, consumiendo más oxígeno. Si el estrés persiste o es severo y el organismo no tiene capacidad para resistir mucho tiempo, se produce el deterioro físico y se abre paso a la enfermedad, especialmente la cardiovascular.

Los participantes en el estudio realizado por el Instituto de Salud de la Población de la Universidad McMaster de Canadá, pertenecían a diferentes categorías laborales y tenían diversos grados de responsabilidad, autoridad, esfuerzo mental y grado de dificultad. Los resultados mostraron que quienes sufrían más tensión –mezcla de altas demandas laborales y pocas posibilidades de controlar el propio trabajo- tenían el doble de posibilidades de padecer una afección coronaria. De hecho durante el estudio se produjo muertes por falla cardiovascular.

“Sabemos ahora que el estrés abrupto eleva la presión y puede desencadenar un ataque cerebral o cardiaco, y el estrés permanente, como puede ser el laboral, genera problemas metabólicos a nivel de las grasas y el colesterol, produce subidas pequeñas de la presión arterial pero que a mediano plazo tienen un efecto acumulativo dañino para la salud”, explica el doctor David Gálvez Caballero, cardiólogo asistente del Instituto Nacional del Corazón (INCOR) de EsSalud.

Algo de esto ocurrió con Waisman, quien de un nivel de estrés intermedio como empresario, pasó en 1995 a ocuparse además de la presidencia del Comité de la Pequeña y Mediana Empresa de la Sociedad Nacional de Industrias. “Mi vida se desordenó. Comencé a trabajar el doble, viajaba constantemente y tuve enfrentamientos directos con los ministros fujimoristas de entonces, dejé la comida vegetariana y el ejercicio. Después ingreso a la política, viene el vídeo Kouri-Montesinos, la comisión investigadora y allí comienzan 16 a 18 horas de trabajo diario, nos quedábamos a dormir en las oficinas del jirón Huallaga y como no teníamos tiempo para comer, todo era Coca Cola y galletas”

Cuatro meses después entre dolores de cabeza, presión alta mal controlada y el consumo de energizantes para combatir el agotamiento, Waisman llega al colapso y al quirófano del Instituto Nacional del Corazón de EsSalud.

Algo similar ocurrió con el ex ministro de Justicia y congresista del FIM, Fausto Alvarado. De buen diente y aunque deportista desde muy joven, cargaba con la cruz del cigarrillo. “Empecé a fumar a los 11 años y terminé con tres cajetillas diarias cuando ingresé a la política. Siempre hice deporte, juego fútbol y golf con lo que camino unos 8 kilómetros diarios y jamás imaginé que terminaría con 4 by-pass. Es que en el fútbol se lidia con gallos, en la política con toros bravos”.

El estrés, explica el doctor Gálvez Caballero, potencia los otros factores de riesgo como el tabaco o la obesidad elevando exponencialmente las tasas de mortalidad y complicaciones del infarto.

La semana pasada los estragos del tabaco llevaron nuevamente a Alvarado al quirófano por una obstrucción en la arteria iliaca. “Ya me he vuelto caserito de los doctores de la Clínica San Pablo”, dice.

Hoy ambos congresistas afirman no tener ninguna molestia y la rápida recuperación que mostraron después de la delicada cirugía sin duda hizo noticia, pero ambos confiesan que inmersos en la política les resulta difícil seguir las recomendaciones médicas respecto al cuidado en la alimentación y el estrés.

“Cada vez que termina una sesión del pleno, muchos van a que se les mida la presión”, cuenta Alvarado. Así que candidatos a ‘la marca del zorro’ que deja el bisturí en el pecho, hay muchos.

Cosas del Corazón

Actuar sobre nueve factores de riesgo podría evitar el 90 % de los infartos.

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El 22 % de los pacientes hospitalizados en el INCOR-EsSalud, de enero a agosto de este año, fue por cardiomiopatía isquémica (bombeo debilitado del corazón por falta de sangre y oxígeno). 8% por estenosis aórtica reumática y el 6% por infarto agudo de miocardio.

En ese mismo instituto, durante el 2003 se practicó 407 cirugías coronarias, 299 de válvulas y 127 cirugías cardiacas convencionales, habiéndose atendido por consulta externa quirúrgica a 4,616 pacientes.

Es a partir de nueve factores que se puede predecir todo riesgo de trastorno cardiaco: colesterol, consumo de tabaco, diabetes, peso, depresión y/o estrés, presión sanguínea, dieta, ejercicio y consumo de alcohol. Actuar sobre ellos puede disminuir el riesgo en un 90 %.

El Desequilibrio entre los niveles de colesterol malo y bueno determina la mitad del riesgo de infarto. En cambio, el consumo de frutas y verduras se asocia con una reducción del 30 % en el riesgo de ataque al corazón. El ejercicio regular y el consumo moderado de alcohol disminuyen el riesgo en 14 % y 9 %, respectivamente.

 


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