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27/Oct/2016
 
 
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Escribe: Nilton Torres Varillas Emma Cline, la estrella literaria más joven del mundo, habló con CARETAS.

Una Chica Más

Emma Cline

Estudió escritura creativa en Columbia y trabajó como lectora para la revista The New Yorker.

Para lidiar con la notoriedad que le ha generado su primera novela, por la que la editorial Penguin Random House le pagó US$ 2 millones y cuyos derechos cinematográficos adquirió el oscarizado productor Scott Rubin (No es país para viejos, La red social), Emma Cline apela a una sencilla estrategia.

“Intento pensar que esto es algo que funciona en paralelo a mí y que no tiene nada que ver con la escritura, a la que me dedico a tiempo completo. Es que es extraño para mí cuando debo dejar de escribir, como lo hago ahora, para hablar de un libro que terminé hace dos años”, dice la autora refiriéndose a Las chicas (Anagrama, 2016), novela que la ha convertido, a los 27 años, en la nueva estrella del firmamento literario estadounidense. Un libro que se arranchaban de las manos los editores en la Feria de Frankfurt del 2014, que se traducirá a 35 idiomas y que han elogiado escritores de la talla de Richard Ford y Jennifer Egan. Una historia inspirada en los asesinatos perpetrados por Charles Manson y sus seguidores, en California, a finales de los años sesenta.

Emma Cline publicó sus primeros relatos, con quince años, en la revista literaria Tin House. Ha publicado también en The Paris Review, que en 2014 la premió con su Plimpton Prize al mejor nuevo talento. “Cuando vi las imágenes de las chicas Manson por primera vez, lo que me impacto fue lo normales que se veían. Se podían parecer a cualquiera de las chicas que conocía y además eran muy jóvenes. Lo que me planté era saber qué pasó entre esa juventud y el momento de los crímenes. Estaba fascinada”.

–¿Qué más te atrajo de la historia de Charles Manson?
–Mis padres son originarios de California, y la historia de la familia Manson tuvo lugar cuando eran adolescentes.

–¿Tuviste la tentación de hablar con alguna sobreviviente? Hay dos.
–No. No realmente porque no estaba interesada en la realidad. Yo quería alejarme de toda esa mitología y haber hablado con alguna de las chicas Manson habría desviado mi atención. Fue una decisión consciente no hablar desde la perspectiva de alguien que tuviera una implicación directa.

–¿Ahondaste en el caso o fue solo el punto de partida?
–En realidad para mí era muy importante que mi libro no tuviera mucho que ver con la historia original de Charles Manson. Es el punto de partida. Los detalles de los crímenes no tienen nada que ver con mi libro.

Las chicas
–Más allá de los crímenes, el mal se presenta en la novela como algo real, como algo que puede apoderarse de cualquiera.
–Es que el mal es algo tremendamente humano y te das cuenta que muchas de las personas que han cometido crímenes y que consideramos monstruos, son personas reconocibles y de rasgos humanos que los hacen frágiles. Yo no quería responder si los crímenes eran justificados o no, no es mi responsabilidad, pero sí plantear la pregunta de cómo es posible esa deriva de la normalidad a la monstruosidad.

–La California de los 60. ¿Qué la hace tan atractiva?
–Creo que es una región en la que hay una belleza inherente que esconde un lado oscuro. Como las amenazas de terremoto que nos puede destruir en cualquier momento. Esa dicotomía es inherente a California.

–¿Que se diga o resalte que eres una escritora “muy joven” te desagrada?
–No. Te hace entender por qué hay personas que escriben bajo un seudónimo, porque puede resultar un tanto opresivo que se vea la edad a través de esa lente. No lo entiendo.

–Han dicho que tu libro tiene un rasgo reivindicativo, quizá “feminista”.
–Puede sorprender porque lo normal es que los hombres tengan un papel más fuerte y las mujeres responden al cliché de la debilidad. Aquí se han invertido los papeles. Creo que la historia puede gustarte sin importar si eres hombre o mujer. Tener esa visión binaria es simplista.

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