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Edición 2443

30/Jun/2016
 
 
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Manuel Fernández publica su tercer poemario y lo presenta en la FIL Lima 2016.

Parada Poética

Manuel Fernández

La tercera sección del poemario versifica el desalojo de La Parada. Se presenta el 26 de julio, 8 p.m. en el auditorio J. E. Eielson.

Manuel Fernández (Lima, 1976) es autor de Octubre (2006) y de La marcha del polen (2013). En ambos cuestionaba la historia oficial, reivindicaba la de los oprimidos y dotaba de trascendencia la vida de anónimos personajes de Breña. Procesos Autónomos (Estruendomudo, 2016) intensifica esa propuesta coral con un collage de poemas propios, versos ajenos de, por ejemplo, Antonio Cisneros, Carmen Ollé y Carlos Oliva y citas a historiadores, cronistas y sociólogos. Pero este no es un libro de odas, homenajes o amables complicidades, como aquellos donde la poética coincide con la estrategia de marketing. Hay que abrir los ojos si se quiere escuchar.

–Entonces, ¿las leyes fácticas de Lima están trazadas por su cartografía social?
–Por su cartografía social y por su cartografía del poder (como le dijeron a MVLl en la academia sueca). La función del escritor, que es un ciudadano insatisfecho, es cuestionarlas a través de la escritura. De otro modo, dudo que pueda sobrevivir a dos generaciones de lectores.

–Señalas que desalojar a los obreros de La Parada fue una traición de la izquierda. Pero pareces culpar a Fuerza Social y exculpar a Susana Villarán. ¿Por qué?
–Culpo a todos. Un gobierno de izquierda que mete cargadores frontales para desalojar trabajadores infraasalariados me genera forzosamente una disonancia cognitiva. Se puede argumentar muchas cosas al respecto: la existencia de mafias, la informalidad y sus males, etc., pero es insólito que sea la izquierda la que se convierta en el guachimán de este modelo y desaloje La Parada. La función de la izquierda en cualquier parte del mundo es representar el descontento, no aplastarlo.

Procesos Autónomos
–En las conclusiones exiges más ideas y menos pose. ¿Tu generación no ha podido escapar a lo que Guy Debord llamó ‘sociedad del espectáculo’?
–Creo que una de las ideas que aparecen ahí es que las relaciones sociales se van a mediar por las imágenes. Me parece que, actualmente, las relaciones sociales entre los que escriben no se ‘median’ por las imágenes, sino que se ‘miden’ por estas. La calidad de muchos escritores se mide por la efectividad de sus estados de Facebook o por la virulencia de sus tuits. Si las opiniones más contundentes se miden en 140 caracteres, no creo que se deba a un sólido ejercicio de concisión. Ahora, eso es muy divertido, no se puede negar, pero creo que existe un pequeño riesgo: dejar de tomar riesgos por “divertir a los burgueses”.

–El libro tiene un aliento narrativo. ¿En la bibliografía se encuentran muchas pistas poéticas sobre eso pero la pregunta es si lees narrativa? 
–Leo más narrativa que poesía. Admiro muchísimo la capacidad que alguien puede tener para escribir narrativa porque supone un esfuerzo constante, un largo aliento que yo no tengo, un trabajo en muchos niveles.

–En narrativa local hay una fricción entre la llamada autoficción y la de la violencia. ¿Identificas esos temas en tu poesía?
–Primero, en la narrativa local siempre va a haber una fricción (puros / comprometidos, andinos / criollos, autoficción / violencia). Sin fricción no existe la narrativa local. Los narradores asumen esa condición de púgiles desde el kinder. Y sobre los temas, es verdad que ahora se escribe mucho sobre el padre pero yo no tengo nada qué decir sobre él. O será que cuando sea grande y tenga plata haré psicoanálisis y quizá allí descubra un nuevo tema. Por el momento, tengo algo que decir sobre la violencia del poder y sobre las señoras que sacan sus guardados del sostén cuando hacen compras en el mercado.

–Si el nieto de Mariátegui va a la presentación del libro, ¿qué le escribirías en la dedicatoria?
–“La primera como tragedia, la segunda como farsa”. (Juan Carlos Méndez)

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