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Escribe: César Prado | Gonzalo Portocarrero da un vistazo al arte que reivindica lo andino.

Arte Profundo

Gonzalo Portocarrero

Libro se presenta el 21 de abril en la Librería “El Virrey”.


En la Plaza de Ancón dos estatuas se dan la espalda. Mientras la de Túpac Amaru está mirando a los Andes, la del Almirante Grau ve el mar. Este símbolo del desencuentro entre el mundo criollo y el andino está presente en Imaginando al Perú. Búsquedas desde lo andino en arte y literatura (Instituto Riva Agüero, 2016). Su autor, el sociólogo Gonzalo Portocarrero, recupera conceptos esenciales como el mestizaje y el racismo para abordar el arte de nuestro tiempo.

–¿Qué encubre la ideología del mestizaje que está tan arraigada en nuestro medio?
–La ideología del mestizaje es parte de lo que podríamos llamar el proyecto nacional criollo, que surge desde la pluma de Ricardo Palma y en especial de sus Tradiciones Peruanas. Lo que se decía era que el color no era tan importante porque todos teníamos de todo. Esta ideología, que se convierte en la oficial, viene a reducir al silencio a las prácticas discriminatorias que no van a ser descontinuadas. Al contrario, continúan en el terreno de lo privado: sentimientos de arrogancia, desprecio, resentimiento e injusticia.

–¿Se refiere a la permanencia de un “imaginario colonizado”?
–El imaginario colonizado se refiere a la hegemonía de este proyecto criollo porque, si uno se pone a pensar en la palabra criollo, constata que esta denota a una persona, animal o planta que estando en el Perú, reivindica un origen extranjero. Entonces el criollo no se acaba de sentir totalmente enraizado en el país sino que pone por delante lo que él quisiera ser: el hecho de que tiene un abuelo italiano o tiene determinados rasgos faciales o tiene un apellido español o extranjero. Entonces el proyecto criollo es un proyecto en el que todavía no se ha acabado con la colonización.

–¿Diría que la producción cultural ha hecho que esto perdure o se refuerce?
–Creo que el proyecto nacional criollo ha tenido mucha fuerza pero finalmente ha fracasado, no ha logrado que la mayor parte del mundo andino. En este libro trato de ver los aportes de este mundo andino, sobre todo a nivel de la cultura de la migración pero también de los migrantes anteriores a la cultura de la migración, que es la llamada cultura del desborde popular o lo que Arguedas llamó la Lloclla (aluvión), que es sobre todo a partir de los cincuenta.

–¿Cómo se opone esto a la literatura de escritores criollos como Vargas Llosa, Bryce Echenique o Ribeyro?
–Lo que pasa es que ni Vargas Llosa ni Ribey-ro conocían mucho del mundo andino. En libros como Historia de Mayta o Lituma en los Andes, Vargas Llosa apela demasiado a estereotipos que son muy simplificadores y que hace tiempo no tienen vigencia. Creo que en ese sentido el autor peruano que totaliza la situación del país con más veracidad sigue siendo Arguedas. Y en el libro digo que uno de sus discípulos más importantes es Edgardo Rivera Martínez, quien sigue esa inspiración de buscar mezclas, de combinar lo occidental con lo andino.

–En cuanto a las artes plásticas, ¿qué clase de manifestaciones le llamaron la atención?
–Actualmente vivimos en un mundo donde el peso de las imágenes es cada vez mayor y donde el arte tiene la capacidad de anunciar el futuro. Me fui decantando por la pintura de Claudia Coca o de artistas más jóvenes como Elliot Túpac o el propio Olfer. El libro constata que el Perú sigue siendo una sociedad desgarrada, que no hay un compromiso de integración pero sí demandas de integración. Estoy pensando cómo muchos utilizan la bandera peruana a la hora de hacer una protesta, reivindicación o invasión de un terreno que consideran suyo. Con ello dan a entender que son peruanos, tienen derecho y quieren ser tratados como los otros.

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