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Nacional Escribe: Enrique Chávez | Fujimori enfrenta movilización convocada para recordar un evento trágico que no tiene ningún atisbo de justificación.

El Obstáculo del 5 de Abril

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5 de Abril

Detención de aprista Abel Salinas, cuando ya no era ministro ni tenía posición privilegiada en el APRA, parecía confirmar que la plantilla del golpe fue revivida de 1988.


Las movilizaciones anunciadas para el próximo 5 de abril pueden tener un significativo efecto en la campaña electoral.

Keiko Fujimori ya tiene frente a sí el arco narrativo de la segunda vuelta. El parque naranja de diversiones descrito por parte de los medios en los últimos años, según el cual las resistencias al pasado eran historia, terminó edificado solo a medias.

Dossier: 5 de abril 1992

Porque la marcha no bastará, ciertamente, para cerrarle el paso hacia la segunda vuelta. El rango de entre 32% y 37% que le otorgan las encuestas la ponen muy por encima del 23% obtenido en la primera ronda del 2011. Si los números se mantienen, sacaría por encima del 40% de votos válidos.

Desde ya es la campaña con el apellido Fujimori más exitosa desde la de 1995. En la quincena de ese marzo, CPI le daba a su padre 53% de intención de voto. En CARETAS apostaron un baño en la Plaza de Armas a que el ‘Chino’ no ganaba en primera vuelta. Como se recuerda, el chasco terminó en charco. Ese 53% se convirtió en aplastante 64% de votos válidos.

Keiko no se encuentra a ese nivel, pero duplica los números de su más cercano contendor. Con el balotaje a la vuelta de la esquina, ¿qué puede esperarse?


EVOLUCIÓN DE PERSPECTIVA

Desde la campaña pasada, CARETAS se ha preguntado sobre la administración que Keiko Fujimori hace del legado político de su padre y, más específicamente, del autogolpe como compleja partida de nacimiento.

Su posición no ha sido siempre la misma.

Cuando la fecha fue conmemorada el 2012, a menos de 10 meses de haber sido derrotada por Ollanta Humala, tuiteó:

“Gracias al 5 de abril y la Constitución del 93, el Perú crece ahora con piloto automático. Seamos honestos y no politiqueros”.

Y agregó: “Después de esta medida excepcional, se creó un Estado moderno, con crecimiento, estabilidad y paz… Gracias al 5 de abril fueron presidentes Toledo, García y el propio Humala, y no Abimael Guzmán”.

Cuatro años más tarde, el último enero, declaró al diario El Comercio que en esa situación ella “hubiese buscado un diálogo. De ninguna manera hubiera cerrado el Congreso”.

Destacable evolución de perspectiva. Pero aquella “búsqueda de diálogo” sugiere una serísima encrucijada entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La revisión de la línea de tiempo describe una historia muy distinta.

Perpetrado el autogolpe, un lector bromeaba vía carta que lo único bueno que podía salir de toda la situación era que el caso ‘Calígula’ ya no seguiría saliendo en la portada de CARETAS.

Efectivamente, el asesinato del joven Fernando de Romaña y uno de sus amigos abrió un filón periodístico que combinaba drogas, chicas y decadencia en clases altas.

Pero el plano político tenía sus propias tensiones. Un nuevo paquete tributario; con impuestos a los teléfonos, las rentas de cuarta categoría y de 20% a los intereses; tenía a la clase media cada vez más golpeada y al gobierno en una posición crecientemente impopular.

Si había alguna puja digna de mencionarse entre Palacio y Abancay, estaba en la aprobación del Presupuesto General de la República. El titular del MEF, Carlos Boloña, demandaba reducir el gasto del 12% del PBI, como lo estableció en su modificación el Congreso, al 9.3%.

UN BUSCAPLEITOS

En la edición 1201 CARETAS reveló que Fujimori había encargado una completa evaluación de la gestión del Congreso desde agosto de 1990.

Mientras tanto, la afición viajera de Fujimori despertaba duras críticas en medio de la situación económica del país y los embates de Sendero Luminoso. En marzo se fue a Japón y en la comitiva iba el niño Kenji. Era el viaje número 14 en lo que iba de su gobierno. En el anterior, Fujimori y George Bush padre expresaron profundas discrepancias sobre la política antinarcóticos.

“Fujimori es un tecnócrata frío”, advertía el expresidente Fernando Belaunde en el número de CARETAS publicado el 23 de marzo. “No diré que es un buscapleitos porque puede parecer peyorativo, pero busca enfrentamientos”.

Al día siguiente, la primera dama Susana Higuchi soltó una bomba y responsabilizó a su cuñada Rosa y concuñada Clorinda –esposa de Santiago Fujimori– de apropiarse de donaciones de ropa provenientes de Japón. La denuncia expuso la pugna de poderes dentro de Palacio, en la que el oscuro asesor Vladimiro Montesinos –cuya historia fue denunciada por CARETAS repetidamente– no jugaba un papel menor.

Esta revista cerró su edición en la noche del 4 de abril y salió a la venta a la mañana siguiente del autogolpe. En carátula apareció el fiscal Víctor Cubas Villanueva, designado para el caso de las donaciones y quien ostentaba evidentes nexos con el ‘Doc’.

Mientras tanto, la célula parlamentaria aprista había iniciado la legislatura con un pedido de censura contra Boloña, a quien acusaban de malos manejos en el pago de la deuda externa. Pero rápidamente quedó claro que no tenía futuro entre otros grupos de oposición como los de Acción Popular e Izquierda Unida. Por eso resultó premonitoriamente culposo que, el 3 de abril, Boloña culpara a García por sabotear la política económica.

El régimen, más bien, y “para ser una administración sin partido y sin mayoría parlamentaria”, había tenido “bien poca oposición y obstruccionismo” (CARETAS 1206).

Esa misma noche, Montesinos citó en el Pentagonito a los altos mandos militares y, según investigaciones posteriores como la de Fernando Rospigliosi, se desempolvaron los textos del llamado Plan Verde de 1988, con el que se había pretendido derrocar a García. Por eso los militares llegaron incluso a cercar el local del diario aprista La Tribuna, que por entonces ya no se editaba.

No fue casual que el gobierno estadounidense, como lo advirtió CARETAS, estuviera convencido de que la corrupción del narcotráfico corroía a las Fuerzas Armadas. Por eso no le hizo ninguna gracia un golpe que los puso en posición dominante y eliminó todo control. Montesinos se sirvió del golpe para establecer una duradera y lucrativa plataforma criminal. Los ecos llegan hasta hoy. El diario inglés The Sunday Times tituló el pasado 27, a propósito del inminente triunfo de Keiko, que “Barones de la droga aspiran triunfo en encuesta del Perú” (Drug barons sniff victory in Peru poll).

¿Alguien en su sano juicio podía justificar la interrupción del Estado de Derecho bajo esas circunstancias?

Como lo demostró la historia, muchos lo hicieron. Buena parte de la élite empresarial, para empezar. El premier Alfonso de los Heros fue un digno, y casi solitario, renunciante. Lo mismo que el vicepresidente Máximo San Román.

Argumentos como los que intentó ofrecer el canciller Augusto Blacker Miller a la comunidad internacional –la conjura aprista, el Congreso inmanejable– cayeron en saco roto. Blacker salió de su puesto días después.

La estela de tropelías es harto conocida y será recordada en los próximos días. Pero suele pasarse por alto que con el autogolpe no solo se cerró el Congreso sino que también se intervino el Poder Judicial, con lo que fueron eliminados de un tajo todos los contrapesos de la democracia.

Francamente, a estas alturas la señora Fujimori tendría que ofrecer una mejor respuesta a eso de que ella sí hubiera buscado el diálogo.

 


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