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Internacional Escribe: Milena Recio * | Rumbera crónica de la histórica visita del presidente de EE.UU. a la férrea isla castrista.

La Larga Visita de Obama a CUBA

Obama - Canabis
Después de una semana, Cuba todavía está despidiendo al presidente Obama. Su visita en realidad comenzó antes de que llegara el 20 de marzo y aún no ha terminado, a pesar de que el Air Force One despegó del suelo cubano dos días después.

La digestión de su presencia en la Isla todavía va a demorar.

“Nos vemos en Cuba”, había confirmado Obama en un español artrítico pero tenaz el 18 de febrero, cuando anunció el viaje a través de un video. Y apenas un mes después, llegó junto con el que quizás sea el último frente frío de una temporada de abundantes “Nortes”.

La tarde de aquel domingo llovió sobre La Habana y obligó a la familia Obama a usar paraguas. Con una mano saludaban a los funcionarios que los fueron a recibir a la escalerilla del avión –al Presidente de Estados Unidos “le tocó” el Canciller cubano. Con la otra, el mismísimo Barack Hussein se proveía cobija.

Salió de Washington sin corbata, pero a La Habana llegó con todo el rigor y una sonrisa desbordada. Su esposa usó un Carolina Herrera que en Cuba casi nadie pudo identificar. Dos adolescentes empinadas venían detrás.

Los televisores en la Isla los vieron llegar “en vivo”, pero después bajaron los párpados. No se volvió a transmitir nada alusivo hasta que dos pequeños informes en el noticiero de las 8:00 de la noche de ese día resumieron lo básico, en apenas tres minutos. Internet era un hervidero, pero en Cuba más del 70 por ciento de la población no tiene acceso a Internet.

Y La Habana que se había preparado para resplandecer, por la lluvia,tuvo que conformarse con mostrar su cara húmeda ese primer día.

Todavía le duran a los habaneros las ganas de que Obama venga más a menudo: decenas de calles reasfaltadas, cuadras y cuadras de fachadas pintaditas, un stadium de béisbol bastante retocado y hasta la ceiba fundacional restituida en El Templete de La Habana Vieja. Próspera antesala la de Obama aquí. “Pinta, pinta, que por aquí va a pasar, seguro”...

La gente, como es la gente, empezó a llamarle San Obama. “Ese negrito hace milagros”, contaba Marta que vive frente al stadium Latinoamericano, donde jugaron Cuba y el Tampa Bay Rays de la Major League of Baseball, en presencia de los césares. A ella le remozaron el frente de su casa.

Pero ese domingo, cuando Obama llegó, las Martas, los Pedros y los Juanes, no salieron a su encuentro para ofrecerle vítores mientras pasaba su caravana. En los barrios no se repartieron banderitas cubanas y norteamericanas, y encima de que llovía, el transporte urbano estaba prácticamente detenido.

La Habana estuvo tres días tiesa, para no salir movida en la foto. Solo islitas de entusiastas se asomaban a los balcones o se acercaban sigilosos a ver pasar La Bestia y su séquito cuasi infinito que rodaba a toda velocidad por calles semidesiertas y supercustodiadas.

Alguien presumía mostrando en su Facebook una imagen que comparaba el de Obama con el recibimiento popular, concurrido, que tuvo el “chévere” Papa Francisco en septiembre pasado. Que al pueblo cubano ni fu ni fa Obama, parecía querer decir el mensaje.

(Con esa “evidencia” algunos se satisfacen pensando en la buena salud del antimperialismo en Cuba. Y por añadidura, celebran el renovado catolicismo.)

Aunque el mandato de low profile en los medios estatales de comunicación en Cuba se hizo evidente, Obama fue un buen quarterback, y se le escapó a los aguafiestas.

Junto a los funcionarios de su Embajada en La Habana, el Presidente que está tratando de restituir por caminos soft la influencia de su país sobre Cuba, tramó con experticia cómo colarse en la retina del pueblo cubano. Comprendió la importancia que para nosotros tiene el humor y el puerto de memoria USB.

“¿Qué bolá?”, le enseñaron a decir sus asesores. Uno de ellos, Ben Rhodes, el principal gestor del acercamiento a Cuba, le organizó en sus discursos las dosis de cubanía necesaria para hacerlo sentir muy cercano: “Cultivo una rosa blanca”, dijo... para amigos y enemigos, como poetizó José Martí; era el mismo Obama que, desde el 17 de diciembre de 2014, más de una vez ha propuesto hacer reset en la relación bilateral con el propósito de superar el pasado.

El chispeante Obama, hábil como es en las artes del humor político en su país, actuó con Pánfilo, el más popular personaje humorístico del momento, un par de sketchs que la televisión transmitió a regañadientes una sola vez, pero que están rodando hoy por toda Cuba, trasvasados desde dispositivos de memoria USB.

La misión de seducir al público tuvo quizás su momento más sofisticado en la reunión, televisada, que sostuvo Obama con unos 100 emprendedores cubanos, a quienes el gobierno insiste en acotar y llamar “cuentapropistas”.

Obama los convocó para participar en un Foro de Negocios, a menos de 48 horas de haberse anunciado una licencia del gobierno de Estados Unidos para materializar un acuerdo entre la gigante Starwood y empresas estatales cubanas con el fin de operar tres hoteles de La Habana.

A los nuevos empresarios Obama no les prometió remover las leyes del aún vigente bloqueo económico contra Cuba que a ellos también afecta. (No se lo prometió a nadie, de hecho, sino que insistió en que es el Congreso de Estados Unidos el único que puede encargarse de ello. El Presidente de Estados Unidos los saludó por su iniciativa y su tenacidad, quiso conocer de sus anhelos y teorizó sobre las reglas empresariales básicas, en un vis a vis que jamás el gobierno nacional ha tenido con semejante representación del sector no estatal emergente.

La estancia de Obama en Cuba estrenó actuares y pareceres que están ahora en pleno fermento.

Lo que viene detrás no se puede predecir claramente. Cientos de personas que acompañaron al presidente Obama se convirtieron también en protagonistas de este nuevo momento: varios ministros, decenas de legisladores, cientos de hombres de negocios, abogados, cubanoamericanos de todas las tendencias, seudoturistas enrolados en programas people to people, periodistas repitentes, periodistas recién llegados, mirones, nostálgicos... y otros miles que se quedaron para la actuación también histórica de The Rolling Stones el pasado Viernes Santo.

Obama se fue luego de cumplir toda su agenda. Algunos debieron tragar en seco, diplomáticamente, un buche amargo, convalecientes de una gripe que había que pasar –en esos tres días no hubo banderas quemadas, ni yankis-go-home, ni amenazas de bomba, ni una pajita en un ojo...

Otros cubanos, en cambio, celebraron esperanzados el mensaje de paz que creyeron ver en esta visita; un paso decisivo en los esfuerzos por remontar décadas de enfrentamiento doloroso. El adiós, para ellos, es un simple hasta luego.

* Periodista, Editora Web Revista Oncuba.
www.oncubamagazine.com

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