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¡Cambio de Branding Para la GCU!

China Tudela - Canabis
Pucha, cholita, no me dejan en paz. El sábado estaba en mi terraza de Totoras, sola como debe estar toda mujer inteligente, tomando mi primer Aperol con tangerine de la mañana y leyendo a Modiano que me arrecha de tan parisino que es y se aparece Pocotón Díaz Ufano, en el imaginario de Totoras considerado como el hombre más lúcido y pensante de la playa, algo así como el Hawkins de estas arenas hirvientes. Pucha, yo le hice hola así nomás con la manito para que no se acerque pero nada, él y su barriga peluda se metieron a la terraza, la eminencia se sirvió un gin con gin que rebasó el vaso y la mitad terminó en la piscina y se aposentó: “Hola, China, ¿qué haces tomando huevadas de colores?” Hija, no le iba a explicar que Maki y yo somos las únicas que disfrutamos en Lima de esta delicia italiana: alfajores a los burros. Le contesté interesándome en su esposa, una Canaval y Moreyra que tiene apellido de calle, lo que no es óbice para que el maridete, cuando se pasa de tiros le dé unas gomeadas, chola, que no las ves ni en el matutino del canal 2. Por supuesto que no me contestó, y fue al grano, lo que le debió tomar diez minutos de concentración, con el ceño fruncido y los ojos cerrados: “… ¡Ya! O sea, vengo en nombre de un huevo de gente de la yapla para pedirte una asesoría en una huevada de imagen”. Yo pensé que en realidad me buscaba de parte de los Belmont, que después de haberse sacado entre ellos los ojos y medias narices, ahora están íntimos porque apoyan al palitroque de Guzmán. “No, Pocotón, no quiero meterme a esa merienda de negros que son las elecciones, gracias”. Me tomé un trago, abrí mi libro y seguí leyendo, a la espera de que el bistec apanado que tenía a mi lado entendiera la indirecta, pero el Einstein de Totoras es de los que no sale a pasear al Olivar porque se come el pasto, no sabes. Así que retrucó, luego de otra concentración de unos quince minutos.. Así fue: “…Este, China… lo que pasa es que, puta madre, estamos hartos de que la gente crea que somos estúpidos, brutos… ¿frívolos se dice?..., sin justicia social y sin ninguna de esas caviaradas por las que, puta, yo les metería la Jeep con concha ahí en esos café barranquinos donde se reúnen, ¿manyas?”. Le respondí con toda la claridad adecuada a un brontosaurio con papas fritas, que no le había entendido ni un pincho. Bueno, volvió a concentrarse y esta vez le salió de los huecos de la nariz una especie de hulla, y continuó: “… o sea, necesitamos otro branding, China, ¿ahora sí me entiendes?”, y se zampó el gin con gin como si hubiera sido agua. Yo me tomé un tiempo para procesar lo que estaba escuchando y llegué a una conclusión: lo que me están pidiendo es que invente la máquina para hacer fideos pero que lleguen a la mesa con chola y salsa. Imposible. Claro, como yo no sabía que el asunto era al gratén, pensé en aceptar, hacerles un Planeamiento Estratégico y con eso por fin financiar el cambio de techo de mi depa de París. Pero luego, precedido por una concentración de veintiún minutos, Pocotón me explicó que como es un asunto que beneficiaría a toda la GCU, “y tú, China, eres de los nuestros”, pues era de favor. Mira, sería el calor o qué sé yo, pero la elegancia se acabó con el Aperol y la terminé: “Pocotón, anda lávate el culo y tómate el agua, ¿quieres?”. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

 


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