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13/Ago/2015
 
 
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Crítico de cine Charles Tesson echa una mirada al Festival de Cine de Lima y confiesa su admiración por Francisco Lombardi.

Cinema Paradiso

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Charles Tesson.

Paulina (Argentina-Francia) fue premiada con el Gran Premio de la Crítica de Cannes.


Colaborador de Cahiers du cinéma, una de las más importantes publicaciones sobre cine en el mundo, el crítico e historiador francés Charles Tesson es el delegado general de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Aprovechamos su presencia en el Festival del Cine de Lima para hacerle esta entrevista.

–¿Cuál es el propósito de la Semana de la Crítica de Cannes?
–La Semana de la Crítica fue creada en 1972, cuando Cannes solicitó la colaboración de la Asociación de los Críticos Franceses para poner en relieve las películas de directores debutantes. Esa es la esencia.

–Hope (Francia) y Mediterránea (Italia) abordan la inmigración africana en Europa. ¿Se trata de una coincidencia o el cine europeo ha vuelto la mirada a esta realidad?
–En realidad, hay pocas películas sobre el tema en el cine europeo. Pero el hecho de que un director italiano hable sobre la inmigración africana es muy importante. Lo mismo ocurre con Hope y su director Boris Lojkine, quien tiene la virtud de haber planteado una historia que se inicia en el sur de Argelia.

–¿Por qué está ausente el cine latinoamericano en esta selección?
–En la Semana de la Crítica hay dos películas latinoamericanas: Paulina (Argentina-Francia), que obtuvo el Gran Premio de la Crítica de Cannes y La tierra de la sombra (Colombia-Francia), que ganó el Premio a la Película Revelación y la Cámara de Oro. Lo que ocurre es que el Festival del Cine de Lima, en una acertada decisión, las incluyó en la competencia para ponerlas al mismo nivel que las demás.

-¿Qué películas recomendaría del ciclo de clásicos del cine francés que se exhibirá en este Festival?
–Hay seis películas y hay que verlas todas. French Cancan (1955), de Jean Renoir, está restaurada digitalmente y ha recuperado toda la sensibilidad del color. Es una maravilla. Luego está el cine barroco de Max Ophuls y su exquisita película Madame de (1953). La otra gran película es la comedia cantada Les Parapluies de Cherbourg (1964), de Jacques Demy.

–Como crítico de cine, ¿no siente nostalgia por el cine hecho en celuloide?
–Es cierto que la sensibilidad cambia con el cine digital. El celuloide daba una sensación de profundidad; el digital es más un cine de colores que de luces. Todo está al mismo nivel.

–¿Está familiarizado con el cine del mexicano Arturo Ripstein, el homenajeado de este Festival?
–Ripstein es un director muy importante que se sitúa entre la Edad de Oro (1940-1950) y la nueva generación del cine mexicano. Me gusta porque persiste en la mexicanidad de sus películas.

–¿Le atrae el cine peruano?
–La primera película peruana que vi fue La ciudad y los perros, de Francisco Lombardi. Por entonces yo era el encargado de una sección que ponía el ojo en los nuevos directores que aparecían en escena. O sea que para mí el Perú empezó a existir gracias al trabajo de Lombardi. (César Prado)

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