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13/Ago/2015
 
 
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La Ruleta Iraní

Lama

“Rapture”, de la artista iraní Shirin Neshat, muestra a un grupo de hombres con camisa blanca y pantalón oscuro en medio de una fortaleza. El video, de corte feminista, presenta en la parte inferior a mujeres vestidas totalmente de negro. Como una metáfora de la independencia lograda, las mujeres se despiden de los hombres y se suben a una barca liberándose rumbo al horizonte.


La itinerante más importante que me ha tocado ver en este caluroso verano es la antológica de Shirin Neshat, ahora exhibida en el Museo Hirshhorn. La muestra es eminentemente histórica y se inicia en 1950 con los disturbios por la salida del primer ministro Mohammad Mossaddeq después de dos años de gobernar el país y nacionalizar el petróleo. Estados Unidos e Inglaterra organizaron un golpe de Estado que terminó por imponer una monarquía con el Shah Reza Pahlavi. Y empezó el glamour iraní con la segunda esposa Soraya Esfandiary a la cabeza. El resto fue leyenda y derroche.

La segunda parte dedicada a los años 78-79, se inicia con los primeros planos de rostros con textos puestos sobre la fotografía en capas de Photoshop. La impresión digital de hace 20 años hace que la carga subversiva se atenúe y cuando se llega a la vitrina donde se muestra el libro “Las guerreras de Alá: Las mujeres en la revolución islámica” de Minor Rivees, es donde se puede apreciar la abismal distancia que puede existir en un “arte-a-la-moda” como el de Neshat y la verdadera subversión.

Con la caída del Shah regresa del exilio el ayatollah Khomeini, quien se erigió a partir de 1980 en un teócrata, en la representación del gobierno de Dios en la Tierra. Su concepto de la “jihad” o la guerra santa llevó a miles de jóvenes a la muerte. Y las mujeres que en un principio apoyaron a la nueva república islámica terminaron siendo sometidas en el nombre de Allah.

El feminismo de Neshat tenía sus razones en esos tiempos. “Rapture”, 1999, es uno de sus mejores videos. Filmada en Marruecos, en una pantalla se ven a los hombres con camisas bancas y pantalón ocurso en medio de una fortaleza. Las mujeres en la parte inferior están totalmente vestidas de negro. Ellos se agrupan, ellas se dispersan camino hacia el mar. Ellos las miran desde lo alto y ellas suben a una barca liberándose rumbo al horizonte. La independencia está en sus manos.

“Fervor”, hecha el año siguiente, está dedicada a la tensión sexual. Hombres y mujeres acuden a una prédica sobe el peligro en la tentación carnal basada en una parábola del Corán. El predicador aúlla “Maldito Satán” ante hombres rigurosamente separados de las mujeres por una cortina negra, que no impide que a través de ella se atisben, se deseen. La mujer es la primera en retirarse. El hombre se levanta y sale, pero en la calle al encontrarse las miradas cada uno sigue su camino sin atreverse a detenerse.

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La parte final está dedicada al Movimiento Verde del 2009 cuando el pueblo iraní realizó numerosas protestas por un fraude electoral que arrebató la presidencia al candidato de la oposición Mir Hosein Musavi. Las mujeres nuevamente fueron las guerreras vestidas de negro con un chador verde. Fue el inicio de lo que se llamó “El despertar persa”, pues por primera vez se usaron las redes sociales para divulgar un movimiento que a partir de Teherán se expandió a todo el medio Oriente hasta el Norte del África.

La muestra termina con unas fotos basada en “El libro de los reyes” de Abolgasem Ferdowsi (1020). Los reyes son hombres y mujeres de hoy, vestidos de negro, el chador se ha eliminado y todos nos miran directamente como testigos de lo que vivieron sus ancestros.

Hoy en Irán se mantiene la prohibición de hacer cine al gran Jafar Panahi, pero hay una nueva generación que está haciendo películas y videos formidables. Quizás el más conocido sea Asghar Farhadi, quien desde el 2009 ha recibido numerosos premios internacionales. La última película iraní que he visto ha sido “Una chica camina sola a su casa por la noche”. Es una película “vanguardista” de vampiros, drogas y sexo que tiene lugar en un barrio llamado Bad City. Hecha el año pasado en acentuados blanco y negro, su directora es una mujer, Ana Lily Amirpour, que ha venido a ratificar lo que ya se avizoraba. Shirin Neshat trabaja sobre un Irán de postal amarillenta. Su lenguaje ha sido ampliamente superado por una generación que decidió permanecer en su país y pelear. Todos son jóvenes y se la están jugando a morir. Le llaman la ruleta iraní. (Por Luis E. Lama)

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