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Actualidad Por 72 votos versus 42 se impuso la censura contra la Premier Ana Jara. Escenario electoral se puso espeso.

Pies de Barro

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Expremier Ana Jara

Jara visitó la zona de Chosica afectada el miércoles 25. Venían más huaycos. Foto: PCM

En medio de la emergencia por los huaycos, Ana Jara le había dedicado un porcentaje de sus horas finales al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros a la reorganización de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI).

Los cuchillos volaban en cada nueva “revelación” de los programas periodísticos sobre supuestos seguimientos a políticos y periodistas. Jara estaba convencida de que la información salía de los propios estamentos de la DINI, que calentaban el terreno para la votación de su moción de censura el lunes 30.

Jara libraba una guerra con elementos de la DINI y en su esfuerzo era secundada por su secretario general en la PCM, Martín Pérez Salazar. Dentro de la propia agencia de inteligencia reinaba el caos del conflicto, con las facciones enfrentadas del exjefe Víctor Gómez Rodríguez, su sucesor Carlos Briceño y quien fuera el número dos Iván Kamisaki.

Los tres ya estaban fuera de la vapuleada DINI pero, describe una fuente que vio desde dentro cómo se precipitaba la situación, seguían moviendo sus fichas.

La premier ordenó el cese de tres altos mandos el fin de semana: Alberto Cortez, el abogado que estuvo muy vinculado al fujimorismo y que una semana atrás había sido insólitamente considerado para ocupar la jefatura encargada de la DINI; el abogado Juan Manuel Rivera que había sido designado como jefe del gabinete de asesores apenas en enero; y el coronel FAP (r) Franklin Martínez, que había sido el predecesor de Rivera pero se quedó en la institución.

Jara apostaba no quedar ella misma fuera de juego. Pero eso ocurrió el lunes cuando, tras casi cinco horas de debate y otro huayco político, el Pleno del Congreso la censuró con 72 votos a favor, 41 en contra y dos abstenciones.

El vocero oficialista Josué Gutiérrez se refirió a una “votación infame”.

El presidente Ollanta Humala convocó a una reunión de emergencia en Palacio con ministros y congresistas de Gana Perú. Se prolongó hasta cerca de la una de la madrugada.

Según la Constitución, el gobierno tiene 72 horas para reconfigurar el gabinete.

TEATRO DEL VOTO

En un debate de ribetes estrafalarios, varios de los congresistas de oposición se dedicaron a echarle flores a las capacidades de Jara al tiempo de anunciar que iban a censurarla.

No fue el caso del fujimorista Héctor Becerril, que acuñó una de las frases de la noche al acusar al gobierno “de hacer del chuponeo y el rastreo una práctica sistemática”.

Como otros, el zurdo Manuel Dammert jaló agua para su molino y adelantó que votarían por la censura, no por el sainete de la DINI, sino porque el gobierno “entregó Petroperú a la voracidad de las empresas”.

Salta a la vista la composición del voto. Se necesitaban 66 sufragios para la censura.

Era previsible que fueran por la censura el fujimorismo (35 escaños), Concertación Parlamentaria capitaneada por el APRA (8) y PPC-APP (7).

AP-FA tuvo 6 votos a favor de la censura, uno en contra y dos ausencias.

Perú Posible, aliado del gobierno, votó –casi– sólidamente contra la censura, con 9 votos. Hubo una ausencia y la triste anécdota protagonizada por la exministra de la Mujer Carmen Omonte, a la que Jara salvó de una salida indigna luego de la denuncia de su empleada del hogar, a quien no le había reconocido sus derechos laborales. En estos días de Semana Santa hay quienes han recordado a Judas.

La verdadera diferencia la marcaron Solidaridad Nacional (6 votos por la censura, 1 ausente) y los disidentes del oficialismo agrupados en Dignidad y Democracia (7 a favor, 1 ausente). De convencer a cualquiera de las dos bancadas, o romper el voto, Jara seguiría siendo premier.

Pero hay que recordar que la notaria iqueña ya había sufrido para obtener el voto de confianza hace ocho meses, sacado con fórceps luego de dos intentos y con el dirimente voto doble de la presidenta del Congreso Ana María Solórzano.

RAZONES Y CONTRADICCIONES

Primero, el Ejecutivo pagó las consecuencias de no saber negociar con el Parlamento. La relación entre ambos poderes se ha ido deteriorando al punto de que, con sus 35 curules, el fujimorismo le sacó dos asientos al mermado oficialismo.

Las limitaciones del Presidente y su esposa –que preside su partido- se pusieron en evidencia. La carencia de operadores parlamentarios no ha sido suplida.

Segundo, la defensa del gobierno no fue coherente. Si los líos de la DINI habían sido sobredimensionados como concluyó el dictamen en mayoría de la Comisión de Inteligencia, ¿por qué se apresuró Jara en hacer rodar las cabezas de quienes se convirtieron en los francotiradores que le dispararon fuego graneado con las filtraciones de los últimos días?

Jara apostó por ser la reorganizadora de la DINI al mismo tiempo que quedaba plenamente demostrado que las búsquedas en registros públicos abiertos eran una práctica rutinaria de los últimos gobiernos.

Tal era el absurdo que una publicación semanal puso en carátula –de literal amarillo– a Humala, acusándolo de dejar al país sin servicio de inteligencia luego de la denuncia levantada en sus propias páginas.

El juicio de Jara ya había sido pobre en las circunstancias de la salida de Vladimiro Huaroc y su crucial equipo de la unidad de conflictos de la PCM. También en la de Augusto Soto Castañola como comisionado para la formalización de la minería informal.

Y tercero, estamos en franca campaña hacia el 2016.

 


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