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Internacional De las Américas en Panamá del 10 al 11 de abril. EE.UU., Cuba y Venezuela en la salsa.

Tremenda Cumbre

Cumbre de las Américas - Canabis
Escribe: Luis F. Jiménez

La 7ª Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá el 10 y 11 de abril próximo, se realiza en un momento especialmente complejo de las relaciones hemisféricas. La operación de fuerzas centrífugas y centrípetas provocan serios dilemas para los gobiernos del área.

El picante de la salsa lo pone la situación en Venezuela, el regreso de Cuba a la comunidad americana formal y la presencia de numerosas ONG de diversas tendencias que amenazan con amplificar la cacofonía continental.

Un foco de conflicto es el insólito criterio político de los “anglos” que logrará, seguramente, un conjunto de coincidencias rara vez obtenidas. En aplicación de ese criterio, el presidente de EE.UU. Barack Obama declaró una emergencia ante la amenaza que representa Venezuela para la seguridad nacional de EE.UU. y el primer ministro británico David Cameron busca incrementar la presencia militar británica en las Malvinas ante la posibilidad de un ataque argentino a las islas.

Ante semejantes regalos políticos, Cristina Fernández de Kirchner de Argentina y Nicolás Maduro de Venezuela estarán profundamente agradecidos; se especializan en culpar a otros (más cuando se trata de “imperios” pasados o actuales) de los desastres que ellos mismos provocan en sus países. Y con mayor razón ahora, cuando Venezuela no tiene ni un avión operable para atacar al “imperio” y Argentina carece de aviones o lanchas que funcionen como para llegar las islas.

Hay observadores que plantean (Leer a Jorge Castañeda en El País) que Maduro buscaría convertir a la cumbre de Panamá en un “aquelarre retórico contra el intervencionismo yanqui”. El embate sería apoyado con entusiasmo por Kirchner de Argentina que no desperdicia ocasión de demostrar su despecho por no haber sido nunca recibida por Obama. El cargamontón se completaría con los países del ALBA (Ecuador, Bolivia, Nicaragua) cuyos presidentes hablarían también para la tribuna.

El dilema es para los países que rechazan la mal denominada intervención de EE.UU. pero que no son “chavistas”.

Los organizadores de la cumbre se deben estar preguntando cómo manejar la sutileza paquidérmica de Maduro que es consciente del colapso que confronta su economía y la posible pérdida de las elecciones parlamentarias de octubre. Pretende que, tanto al interior de Venezuela como fuera de ella, solo sus gritos y la violencia controlen el desastre provocado por su ineptitud.

Cumbre de las Américas

Humala también viajará al istmo.

LA INCÓGNITA CUBANA

La mayor incógnita es el proceder de Cuba que afronta, sin lugar a dudas, un grave dilema. Frente al recorte del petróleo de su ahijado Maduro, se ha visto en la necesidad de acelerar sus negociaciones con EE.UU. Lo que buscan los sobrevivientes Castro es sacar el máximo provecho en la negociación con Obama y su influencia sobre Maduro tiene precio. ¿Buscarán mayores beneficios en la operación de la embajada en Washington? ¿O la eliminación de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo? ¿O el cierre de la base de Guantánamo? ¿O el incremento los flujos comerciales desmontando aceleradamente el embargo? ¿O pidiendo absurdas reparaciones?

La influencia de los Castro sobre Maduro quedó patente cuando la visita de Maduro a Fidel precedió en días el arresto del alcalde Antonio Ledezma de Caracas. Y la frase de la declaración cubana sobre la situación en Venezuela cuando afirmó que “los colaboradores cubanos presentes en la hermana nación continuarán cumpliendo con su deber bajo cualquier circunstancia”. Y su deber es obedecer a los Castro.

La habilidad cubana ha quedado de manifiesto en el proceso de negociación en marcha cuando se ha ignorado el crucial elemento de los derechos humanos, permitiendo que los hermanos Castro continúen hostigando a disidentes y encarcelando a quien ose pensar distinto que ellos, aunque esta vez bajo las narices de la delegación de Estados Unidos.

La invitación de disidentes cubanos a la cumbre seguramente introducirá una nota de originalidad que se extraña desde que el rey Juan Carlos mandó a callar a Chávez.

Los cubanos saben que los reacomodos de la economía mundial dejan a EE.UU. como la única potencia mundial sólida y atempera los recientes acercamientos de países de la región a China (desacelerada) y a Rusia (con graves problemas económicos). Se puede jugar al poker con esas fichas pero sabiendo bien quién es el dueño del pozo.

Y el dueño del pozo, al parecer, se estaría replegando en el “Mare Nostrum” que es el Caribe mientras se disuelve la sopa de letras creada por Chávez (UNASUR, ALBA, PETROCARIBE) al calor de los precios del petróleo y que hoy, en bancarrota, arriesga desaparecer. Ya se sabe cuál es “la perla del Caribe” y, por lo tanto, el premio más preciado.

La corrupción de los funcionarios públicos será un tema que estará en la mente de muchos. La asistencia de Dilma Rousseff, de Michelle Bachelet y de Cristina Kirchner, en momentos que sus tres gobiernos encaran graves problemas de corrupción, no permitirá ignorar el tema (aunque las dos primeras tengan bien ganada fama de integridad personal).

EL OCASO DE LOS POPULISMOS

El telón de fondo de la cumbre estará en lo que podría llamarse “el ocaso de los populismos”. La situación de Venezuela, Brasil y Argentina plantean, con dramatismo en el caso venezolano, los límites de las políticas fiscales que desatan procesos inflacionarios graves, con fuerte sobrevaluación de las monedas nacionales y con subvenciones insostenibles de los servicios públicos y de la energía. La invocación de la “inclusión social” o de la superación de la pobreza ha resultado tan falsa como las estadísticas nacionales de Venezuela.

Frente al eclipse populista aparecen los estudiantes aplicados de la clase: la Alianza del Pacífico, con México, Colombia, Perú y Chile. Economías estables en crecimiento y con salud financiera y comercial. Aunque siempre hay un “pero”: graves situaciones de pobreza y violencia que no logran ser superadas a pesar de su seriedad económica. El proceso de paz que adelanta el presidente Santos en Colombia seguramente cosechará elogios y apoyos.

En fin, como dicen los gringos, “nunca un momento aburrido”.

 


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