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Libro explora el lado más sensual de Chabuca Granda. Se presenta en la FIL que se inaugura este viernes 18.

Déjame que te Cuente

FIL homenaje a Chabuca Granda

Homenaje a Chabuca. Bustamante y Los sonidos de Eros. Se presenta el 22/7 a las 7 p.m. en la Sala Clorinda Matto de Turner de la FIL.

Su pasión por Chabuca Granda no nació, pero sí recrudeció durante sus años de doctorado en España, cuando la psicoanalista Ani Bustamante se dio cuenta de que Chabuca había sido la gran banda sonora de su vida, habitando no solo su mente, sino también su piel. Ahora, publica delicioso análisis sobre la obra poética de la compositora: Los sonidos de Eros. Veamos.

–Chabuca suele ser relacionada más con la añoranza que con la sexualidad.
–Si por sexualidad entiendes lo que tiene que ver con lo vital, los afectos, y Eros en el sentido de deseo, entonces Chabuca tenía la capacidad de erotizar hasta las cosas más dramáticas. Por ejemplo, el caso de Javier Heraud, que narra con unas referencias poéticas tales que lo que sería imposible de soportar termina haciéndonos bailar. Hay una sexualidad en su obra tanto implícita como explícita, como en el caso de Cardo o ceniza, o María sueños, o En la grama. La primera Chabuca es la de la añoranza, que es la Chabuca más popular, un canto a la Lima que fue o la que ella quiso que fuera, a su Lima mítica, a las tradiciones perdidas. Fue una mujer que luego de divorciada se liberó, que a mediana edad empieza a cantar. Imagínate la época.

–Debió sufrir para salir del ámbito doméstico.
–Ella hizo algo que una señora no hacía: cortar con el modelo de familia bajo un régimen patriarcal, y salir al mundo, a la esfera pública, para lo que debió pagar un precio emocional muy alto. Tiene un ciclo en el que canta a lo que en psicoanálisis llamamos lo paterno y sus derivados: el médico, el criador de caballos, la tradición misma como herencia de lo paterno. Pero luego llega a planos más abstractos y resalta más el carácter de lo femenino, lo sutil y lo abstracto: ya no le canta a un puente, sino a la noche, Una larga noche, una canción más que sexual, muy sensual. O sea, no sexualidad en el sentido chabacano, sino poético. Chabuca logra decir cosas muy fuertes, como cuando canta El surco, con tal sensualidad. Es como el sentido del humor y el juego, que solo a través de ellos uno puede acercarse a lo más terrible, al bajarnos las defensas. Y eso es lo que hace Chabuca: erotizar todo para luego lanzárnoslo. Es una narradora de nuestros dolores y amores y me da pena que solo quede para una peña o una estampa turística.

–Has dicho que Chabuca no es el ícono nacional que debiera ser.
–Porque en el Perú nos cuesta tener figuras dignas con fuerza simbólica a nivel mundial. Chabuca es un icono que nos dice algo del Perú y de nuestra condición. No hemos logrado hacer lo que ha hecho México con sus figuras más importantes como Chavela Vargas y Frida Kahlo. Hay ahí una herida grande en el tejido de nuestro mestizaje. Chabuca tenía un gran vacío, pero supo hacer algo con él, o sea, el vacío que a todos nos habita a ella la habitó muy fuertemente, y esto se lo dijo a Lucho González, a propósito de Violeta Parra que se suicidó por amor: “El problema de Violeta es que ella nunca pudo comprender que un artista está condenado a estar solo y tiene que saber disfrutar esa soledad”.

–¿Se podría decir que la sexualidad que habita su obra es más de tipo doliente o festivo?
–Es una celebración de la sexualidad, aunque no sin dolor, como en la música brasileña, en la que hasta en la samba hay dolor. Una sexualidad celebratoria a pesar del dolor y con él, que no le excluye, pero no en el sentido del lamento. Para mí, verla desde fuera fue transformador. Escuchemos a Chabuca como se merece. El “déjame que te cuente” no debe ser solo la marca de un restaurante para vender anticuchos, es un llamado de atención para que el Perú, ese “bello durmiente”, despierte. (Entrevista: Maribel De Paz)

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