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Cuatro Goles: ¿A Favor o en Contra?

Raúl Vargas
Ojalá fuera solo el fútbol materia para la reflexión en nuestra actual coyuntura. Es verdad que tampoco se puede hablar de aquello que se denomina futbol peruano. Pero además este gran evento mundial se vivirá aquí, al igual que en todas partes, como un desahogo anímico y un fervoroso apostar por algún favorito sudamericano. Pero al filo ya del inicio de la magna competencia, en nuestro suelo las aguas están particularmente inquietas y, en algunos casos, parecen indiscernibles, lo que se convierte en un escenario donde valen las apuestas y los aprestos electorales iniciales.

Es increíble cómo el país se comporta con entusiasmo en cuanto al consumo y la diaria tentación de un puesto de trabajo, una casa, algún amiguete que tiene influencia en los inalcanzables poderes del Estado. Frente a ello la realidad se viene despintando y el presente se cubre ya de algunos nubarrones. Ahora sí que hay contundencia en lo que se temía se produjese: un frenazo en el ritmo de crecimiento del PBI, lo cual repercutirá en varios frente de la sociedad.

A esta preocupante realidad le anteceden desarreglos que también llevan a pensar que hay una extrema debilidad institucional en el país. Por eso las encuestas que denotan pesimismo generalizado respecto de las instituciones y de las acciones del alto mando gubernamental.

Puede que, en efecto estas cifras le importen un pepino al Presidente, como ha ocurrido antes porque lo peor que le puede pasar a un mandatario es que pierda el sueño y que la falta de este le lleve a la sonambulia o a la ambivalencia hamletiana.

Hay al frente, en la perspectiva de salvaguardar la visión constructiva que se ha vivido en estos últimos años cuatro grandes cuestiones que enfrenta el gobierno y el congreso, y sobre las cuales, en medio del fervor futbolístico de toda la ciudadanía, hay la esperanza de una acción diligente y adecuada.

Cada uno de estos desafíos se han agudizado a raíz de haberse presentado escandalosos desaciertos, conductas inmorales y complicidades mafiosas que envuelven a figuras públicas, incluyendo autoridades regionales y municipales. La primera cuestión es la búsqueda de un replanteamiento del proceso de regionalización y descentralización. Voces serenas concuerdan en que es impostergable modificar y eliminar compuertas que han hecho de la regionalización una fuente perversa de mal gobierno en casos clamorosos. Grave sería, sin embargo, por afán de redentor apresurado, desconocer que la ruta que el país emprendió ha permitido vías claves para el desarrollo del interior.

El segundo frente es otro resultado del dejar hacer en el nivel de la educación universitaria y superior. Todos convienen en que no se puede postergar más el estado deficiente de las numerosas universidades peruanas y que es deber de un país empeñado en el desarrollo asegurar una auténtica reforma del sistema de educación superior, universitaria o tecnológica.

El tercer frente por cierto es el de efectivizar una ruta ya emprendida pero que se ve frenada por lo que se ha dado en llamar la tramitología, por la pesante lentitud de la burocracia, y por una visión más concreta y adecuada en materia de diversificación productiva, eliminación de trabas, y un plan sustitutivo que haga frente a la desaceleración. Esas han sido las alentadoras nuevas de los ministros de Economía y de la Producción y sus respectivos empeñosos paquetes.

Es evidente que en estos cuatro temas centrales no se puede fallar porque eso sería sumamente peligroso desandar lo conseguido. Y para ser francos son muchos más los agentes que pueden ayudar en este esfuerzo, yendo más lejos que un gobierno que no tiene brújula en algunos casos, capacidad de reacción en otros. Hagamos goles, no los recibamos en contra. (Por: Raúl Vargas)

 


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