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12/Jun/2014
 
 
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El jueves 12 se revela escultura de Antonio Cisneros en malecón miraflorino.

Toño en Otoño

Antonio Cisneros

La escultura, 200 kilos de bronce, ha sido hecha por la artista Nani Cárdenas. Evento será a las 5 p.m.

Mi abuelo era inmenso. La sentencia simple y precisa se la dijo una nieta de Antonio Cisneros a la escultora Nani Cárdenas. Ella había sido designada por la Municipalidad de Miraflores para realizar una escultura del poeta que iría en el malecón que lleva su nombre. Nani visitó a Nora Luna, La Negra, viuda de Toño, en busca de información. Cárdenas quería definir lo que el poeta no era. No era Vallejo, no era Palma. Etc. Desde ahí, acercarse al personaje real. Un hombre eternamente muchacho. Un poeta muy serio a la hora de escribir. Una persona generosa, de barrio y de mundo, que administraba con limeña gracia y benévola maledicencia un carisma que le ganó amistades, seguidores y lectores que acabaron, sin proponérselo, como miembros de una hermandad tácita y sin protocolos. Como dijo la nieta, era inmenso.

Viendo sus fotos, su ropa, el par de zapatos que heredó el pintor Enrique Polanco, Cárdenas empezó a configurar la persona detrás de los poemas que debía representar en bronce. El joven pelucón de Londres y Budapest, el hombre de familia que era simultáneamente príncipe de la calle, el poeta preocupado por el efecto de la caca de paloma sobre los monumentos y la digna reputación, el hincha perdido del Cristal, y el amigo que no tenía la menor vergüenza en bailar vals con sus amigos. El poeta traducido a catorce idiomas. Más que mirando al horizonte, la escultura debería estar iluminada por él.

Primero lo dibujó. Luego hizo la cabeza en cera. Armó la estructura en fierro, madera y arcilla, un poema interior. Transcurrió el verano mientras modelos voluntariosos trataban de llenar el saco de Toño. Salió un molde de yeso. De ahí a la fundición, 200 kilos de bronce retratando al poeta que cruza los brazos cerca del faro haciendo tiempo, a punto de sonreír. El bolsillo del saco tiene un espacio para recibir un lapicero, un cigarro, una flor. Bajo la escultura están sus cenizas. Sobre ella el cielo y sus poemas. (J. Bedoya)

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