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Policiales Exjefe de la Dirección Contra la Corrupción de la PNP acusa al almirante (r) José Cueto con documentos inéditos y un testimonio revelador.

Los Memorandos del General

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General PNP (r) Carlos Gómez

General PNP (r) Carlos Gómez muestra las condecoraciones que recibió en sus 31 años de servicio. Le dieron de baja a fin de año.

El nombramiento del exjefe del Comando Conjunto de las FF.AA., almirante AP (r) José Cueto Aservi, como consejero en temas de seguridad hemisférica del Perú en la Organización de Estados Americanos (OEA), el jueves 23 pasado, ha sacado chispas.

Su designación se produjo casi un mes después de que fuera relevado del CC.FF.AA., el 27 de diciembre, hecho que se atribuyó al ilegal resguardo a la casa de Óscar López Meneses, en Surco.

Cueto ha sido interrogado –en calidad de testigo– por la Primera Fiscalía Anticorrupción, que dirige Norah Córdova, el 14 de enero último, y negó rotundamente estar involucrado en el escándalo.

Pero hay testigos que insisten en señalarlo directamente.

Quizá el más calificado es el exjefe de la Dirección Contra la Corrupción de la Policía, general PNP (r) Carlos Gómez Cahuas, 53.

Gómez ha entregado a la Fiscalía memorandos reservados, notas informativas y otros documentos policiales en los que se señala que fue el propio Cueto quien solicitó se “redoble” el resguardo en el domicilio donde vive el exoperador de Vladimiro Montesinos.

El general dice que trató el tema con Cueto no una o dos, sino hasta en 6 oportunidades, tanto por teléfono como personalmente.

El almirante Cueto no aceptó declarar, pues aseguró que tenía un acuerdo de confidencialidad con el Ministerio Público.

Sigue siendo un misterio que el servicio de seguridad a la falsa dirección del almirante Cueto se prolongara por 18 meses sin que ningún policía –incluido Gómez, por supuesto– se hubiera percatado de lo obvio: que allí no vivía Cueto, sino López Meneses.

Fue esa la razón por la que finalmente Gómez fue pasado al retiro tras 31 años de servicio en la Policía y una foja intachable.

Pero el general reitera su inocencia y revela detalles hasta hoy inéditos de sus conversaciones con quien él, asegura, era Cueto.

–¿Cuándo tomó conocimiento de la seguridad policial que se realizaba en el domicilio de Batallones Libres de Trujillo No 209?
–Cuando entré a reemplazar al general Aldo Miranda en la Región Policial Lima, el 2 de noviembre del 2012, encontré un reporte acerca de un servicio de seguridad a la casa del almirante José Cueto Aservi, que consignaba la calle Batallones Libres de Trujillo 209, y que estaba activo desde mayo de ese mismo año. Los memorandos indicaban dos policías de la comisaría de Chacarilla y un patrullero de la Diveme (División de Emergencia Lima Sur) asignados a ese domicilio.

–¿Verificó si esa dirección le pertenecía al almirante Cueto?
–El 2 o 3 de diciembre del 2012 recibí una llamada en mi oficina. Era el almirante Cueto, quien me dijo que el patrullero asignado a la casa de Batallones Libres debía estacionarse entre los inmuebles del 223-227, y no en el 209 para “no llamar la atención”. Le respondí que en seguida daría la orden para que se arreglara la situación.

–¿Y lo volvió a llamar?
–Sí. El 5 de diciembre, el almirante Cueto me volvió a llamar y me dijo: “General, usted sabe que yo he hecho operaciones en el VRAEM y podrían atentar contra mi vida por ello”. Me pidió que refuerce el resguardo en su supuesto domicilio con una camioneta SUAT, la unidad encargada de las operaciones especiales.

–¿Está seguro de que era Cueto? El teléfono desde donde se hicieron llamadas a algunos generales no era de él, sino de un taxista.
–A mí no me van a venir con la historia de que otra persona llamó desde el teléfono de un taxista. No. ¡Era la voz del almirante!

General PNP (r) Carlos Gómez

Oficio No 2599 y Nota informativa No 151 en los que se señala que, por orden “verbal” del almirante Cueto, se dispone redoblar la seguridad en la casa de López Meneses.

CONFUSIÓN Y ENFADO

–¿Habló con Cueto personalmente acerca de este resguardo?
–El 6 de diciembre hubo una ceremonia de la Policía en La Campiña. En plena recepción, yo estaba como a 4 o 5 metros del general Salazar y del almirante Cueto. Salazar me pide acercarme y me dice: “Nuestro almirante está pidiendo que se refuerce su domicilio con un patrullero SUAT”. Respondí que así se haría. Entonces el general Salazar le preguntó al almirante dónde era su domicilio y me ordenó tomar nota. Agarré mi libreta y lapicero. Cueto se me acercó y me dijo: “Mira mi dirección es en la calle Batallones Libres de Trujillo, número 209, Surco”. Es más, me reiteró: “Por favor, quiero que el patrullero SUAT se instale entre los inmuebles 223 y 227, donde yo le indiqué telefónicamente que situara al patrullero de la Diveme”.

–¿Qué pasó después?
–El mismo 6 de diciembre llegué a la Región Policial Lima y di la orden telefónica y por escrito para que se refuerce el servicio con un patrullero SUAT. Pero esa noche el patrullero SUAT no pudo ir al domicilio. Fue otra unidad y el almirante Cueto se molestó.

–¿Le reclamó por la equivocación?
–Al día siguiente, el 7 de diciembre, me llamó y me reclamó: “¿Cómo es posible que usted no haya mandado el patrullero SUAT? Esto no puede ser. El director general le ha ordenado a usted que lo mande”. Le pedí disculpas y le expliqué que por la hora se había enviado un patrullero normal, pero que inmediatamente se solucionaría el problema con otra orden telefónica al jefe de la Diveme. Terminé de hablar con el almirante y entra la llamada del general Salazar que estaba molesto porque también lo había llamado a él. Salazar me pidió inmediatez en la corrección debido a que el almirante Cueto podía quejarse con el presidente Humala

–¿Se solucionó el “problema”?
–Sí, y se hizo la documentación dando cuenta del hecho mediante notas informativas al director general, al director de Operaciones y a la Inspectoría General.

–¿Por qué a la Inspectoría General?
–Porque la Inspectoría General está a cargo del control de servicios. Ellos tenían que controlar e informar sobre todos los resguardos brindados en Lima. Jamás descubrieron nada extraño. Habría que preguntarle al general Jorge Flores Goycochea, que fue inspector y hoy es el director de la Policía, si es que acaso se enteró de que en ese domicilio vivía en verdad López Meneses.

LA DAMA Y LA MISA

–¿Volvió a hablar con Cueto después de este incidente?
–El 7 de diciembre llamé a Cueto alrededor de las 9 de la noche y me agradeció por el patrullero SUAT. Le pregunté por algún celular donde lo podía ubicar para evitar futuros problemas y me contestó: “Me puede llamar al teléfono que aparece en su pantalla y que es mi teléfono privado”. Ese número era el 954717650 (el cual le pertenece al taxista Francisco Lara Rojas).

–¿Fue la última vez que habló con él?
–No, el 16 de diciembre se llevó a cabo una misa y una ceremonia por la asunción del obispo castrense en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Balconcillo. Esta ceremonia empezó a las 11 de la mañana y yo asistí en representación del director general. Allí vi al almirante Cueto acompañado de una dama. Me acerqué con mi ayudante, me presenté y le hice recordar que era el jefe de la Región Policial Lima y que había reforzado el servicio a su domicilio con un patrullero SUAT. Y que como “valor agregado” se había dispuesto patrullaje motorizado por toda la zona porque, como él mismo me lo había advertido telefónicamente, había muchos robos al paso.

–¿Qué le respondió el jefe del Comando Conjunto?
–Lo que yo noté en ese momento es que ya no era tan locuaz. Me dio la mano y me jaló a un costado. Es ahí donde él me miró y me susurró: “Gracias general, en nombre propio y de mi familia”. Me volvió a dar la mano y se retiró dejándome con la palabra en la boca. Ya no quiso hablar conmigo. Me parece que él no quería que la dama que estaba a su costado escuchara la conversación que tuvimos en ese momento. Esa fue la última vez que hablé con él. (Ricardo Velazco)

 


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