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¿Ronderos o Paramilitares?

Gustavo Gorriti - Canabis
Pocos periodistas estadounidenses conocen México tan de adentro como Alfredo Corchado, del Dallas Morning News. En una tierra donde la biculturalidad suele ser una forma de tribulación, Corchado es de los que logra, aunque sufriendo, pensar en inglés como mexicano.

Su libro, Midnight in Mexico: a Reporter’s Journey Through a Country’s Descent into Darkness, no solo desarrolla la trágica intensidad que anuncia el título sino que es, en mi opinión, uno de los textos necesarios para aproximarse a entender la enorme violencia con fines de lucro que ha asolado regiones y estados mexicanos.

Luego de publicado el libro, Corchado continuó, por supuesto, en su misión de reportero. Un despacho suyo fechado en el poblado de Nueva Italia, en la Tierra Caliente del estado de Michoacán este domingo 26, muestra retenes, rostros, historias y discrepancias sobre una confusa nueva guerra dentro del conflicto mexicano: el surgimiento, con fuerza viral, de grupos de autodefensa para enfrentar la depredación del crimen organizado, especialmente en el estado de Michoacán.

Las milicias de autodefensa crecieron tan rápido, logrando no solo sobrevivir sino crecer y pasar a la ofensiva, que el gobierno del presidente Peña Nieto tuvo que olvidar el, por lo demás absurdo, intento de relegar el tema de la violencia interna en la discusión pública. Un masivo despliegue federal buscó impedir la toma de las principales ciudades michoacanas por parte de las milicias, junto con confusos –y fallidos– intentos de desarmarlas.

Pero a la vez, se protegió a varios de sus líderes, como fue el caso con el médico José Manuel Mireles, el líder más conocido en las autodefensas, quien luego de sufrir un accidente aéreo fue evacuado por aire a México y protegido en el hospital por una fuerte custodia de policías federales.

Policía comunitaria ha habido y se ha desarrollado en México, sobre todo en estados con una presencia indígena y antecedentes de movimientos políticos de izquierda militante, como en el caso del estado de Guerrero.

Pero la intensidad, rápida organización, veloz avance y, relativamente, buen armamento de las milicias michoacanas, promovió no solo especulaciones sino abiertas oposiciones.

El crimen organizado al que se enfrentan las milicias en Michoacán no tenía la reputación de vesania feral de, por ejemplo, los Zetas. Los ‘Caballeros Templarios’ son una organización cuya retórica es por turnos populista, religiosa y esotérica. Pero los testimonios de los habitantes michoacanos indican, más bien, una realidad depredadora, crecientemente extorsiva, cuyo punto de quiebre se dio cuando las confiscaciones siguieron a las extorsiones y, sobre todo, se multiplicaron las violaciones sexuales.

“Si les gustaba tu hija, te decían: ‘báñala, que vuelvo en una hora por ella’”, declaró Estanislao Beltrán al periodista Tim Johnson, de la cadena McClatchy.

En la misma nota de Johnson, José Manuel Mireles declaró, semanas antes de su accidente, que el evento que lo decidió a actuar fue el secuestro de 14 chicas adolescentes en diciembre de 2012, todas las cuales terminaron embarazadas por sus violadores.

Mireles se dedicó entonces a formar en secreto el grupo de autodefensa en Tepalcatepec, que salió a la lucha abierta el 24 de febrero de 2013; al mismo tiempo –como relata Johnson– que en el pueblo cercano de La Ruana.

El levantamiento de las unidades de autodefensa cundió con rapidez y reveló la trama de corruptelas y complicidades en las que, debajo de la tiranía de la intimidación y crueldad, actuaba el motivo fundamental del crimen organizado: el lucro. Los ‘Caballeros Templarios’ habían logrado controlar, por ejemplo, el puerto ‘Lázaro Cárdenas’ en Michoacán y exportaron minerales masivamente a China. Finalmente, el presidente Peña Nieto ordenó despedir a toda la fuerza policial del puerto y lo puso bajo control militar el 4 de noviembre pasado.

¿Se justificaba, bajo esas condiciones, el alzamiento de las milicias de autodefensa? Hay varios expertos, citados, por ejemplo, por Corchado, que sostienen que no. “Algunos analistas”, traduzco a Corchado, “sostienen que el tácito reconocimiento del gobierno a los grupos de autodefensa socava al final la autoridad del Estado. En ningún lugar de América Latina los paramilitares, vigilantes o grupos de autodefensa han promovido la legalidad o construido el imperio de la ley, sostienen (los expertos)”.

Uno, del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington, llamado Armand Peschart-Svendrup, declaró a Corchado que “el hecho de que el gobierno haya optado inicialmente por apoyar a los grupos de autodefensa fue el equivalente de estimular la anarquía”.

Yo creo que es difícil estar más equivocado. ¿Que no hubo grupos de autodefensa que promovieran la legalidad en Latinoamérica? Es obvio que el ‘experto’ no conoce nada de lo que pasó en el Perú durante la guerra interna. En el VRAE, los Decas (Defensas campesinas), campesinos pobres en la gran mayoría de casos, se enfrentaron casi solos a Sendero y luego de sobrevivir la contraofensiva de esa organización, pasaron a su turno al ataque y lograron derrotar al senderismo en casi todo el valle y la sierra circundante (excepto Vizcatán). En el proceso, mantuvieron orden, control social y un grado apreciable de democracia. Eran, además, cocaleros, en alto porcentaje. Pero pobres al empezar la guerra y mucho más pobres al terminarla.

En otros lados, las rondas colaboraron con la Fuerza Armada; y finalmente, en lugares como Cajamarca, las que fueron creadas contra el bandolerismo ayudaron a impedir el ingreso de Sendero. En virtualmente todos los casos, las organizaciones fueron de campesinos pobres y en muchos de esos casos mantuvieron un nivel relativamente alto de democracia interna.

Además, casi no hay experiencia contrainsurgente exitosa, sobre todo en el ámbito rural, que no incluya organizar, entrenar y armar milicias locales. Quienes no ven otra cosa que réplicas de los paramilitares colombianos en las milicias de autodefensa no solo revelan ignorancia y miopía sino validan la opinión que cuando los expertos hablan hay que correr en busca de refugio. (Escribe: Gustavo Gorriti)

 


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