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Alfredo Barnechea

63 Años de CARETAS

Alfredo Barnechea - Canabis
Caretas cumple 63 años. Ya es Adulto Mayor. Le falta todavía la vejez de Time, creada en 1929, pero ya supera en edad a todas las revistas de la historia peruana.

¿Quiso parecerse en sus inicios, más a semanarios “objetivos” de información general como Time, o más a los antiguos antecedentes peruanos como Mundial, que mezclaban información con caricatura?

Me pongo a pensar en la época de su nacimiento. 1950. ¿Qué pasaba?

El mundo estaba en plena guerra alrededor del paralelo 38, en Corea, que duraría hasta 1953. La revolución china tenía un año de nacida, y Mao parecía todavía un inocente poeta lírico.

En Europa, el Plan Marshall estaba en su cénit. Había sido primero un discurso de George Marshall en Harvard en 1947, y luego un plan de cuatro años, entre 1948 y 1952. Este último año, todas las economías europeas involucradas habían alcanzado ya sus niveles de preguerra.

Poco después que naciera CARETAS, en 1951, nacía asimismo la comunidad del carbón y el acero, la primera etapa de la integración europea, bajo la inspiración de Jean Monnet.

¿Qué pasaba en lo que ahora se llama Alianza del Pacífico?

Como la caridad empieza siempre por casa, en Perú mandaba Manuel Arturo Odría Amoretti. Haya de la Torre estaba asilado en la Embajada de Colombia. Según ha contado Carlos Fuentes, varios novelistas del boom latinoamericano se pusieron de acuerdo un día en París para escribir la novela de sus dictadores. Faltarían diecinueve años para que uno de ellos, Vargas Llosa, publicara su ahora mítica Conversación en La Catedral, centrada en la época de Odría.

En Chile gobernaba Gabriel González Videla. Había llegado al poder en 1946, apoyado entre otros por los comunistas. Parecía un nuevo Pedro Aguirre Cerda, el mandatario del Frente Popular, la criatura política de Eudocio Ravines. Pero en 1948 González Videla rompió con los comunistas. Pablo Neruda se exilió y el mismo año que nació CARETAS, publicó su monumental Canto General, traducido inmediatamente a veinte idiomas, que incluía “Alturas de Machu Picchu”: “Entonces en la escala de la tierra he subido/ entre la atroz maraña de las selvas perdidas/hasta ti, Machu Picchu…”

En Colombia gobernaba (sería efímero) el flamígero orador conservador, Laureano Gómez. Los liberales ni siquiera presentaron a su candidato, Darío Echandía, en las elecciones de 1950. Comenzaba la larga década de la violencia colombiana. Mucho más tarde, el maestro Echandía diría crípticamente de su país: “país de cafres”. ¿A qué se refirió? Los “cafres” venían de la Cafrería, del África, pero probablemente quiso decir “zafios, rústicos…”

En México gobernaba Miguel Alemán desde 1946 (y hasta 1952, cuando fue reemplazado en la pirámide mexicana por Adolfo Ruiz Cortines). Alemán, el padre del turismo mexicano, encarnó una cierta “derechización” de la revolución mexicana, después del gran Lázaro Cárdenas (1934-1940), que nacionalizó el petróleo y acogió a Trotsky en Coyoacán.

Pasando de la Alianza del Pacífico al Brasil, ¿qué pasaba allí? Gobernaba Eurico Dutra pero estaba por regresar al poder Getulio Vargas, esta vez elegido (a diferencia de los quince años del Estado Novo entre 1930 y 1945), para gobernar entre el 31 de enero de 1951 y el 24 de agosto de 1954, cuando se suicidó. “Un suicidio romano”, me dijo un día en Río Helio Jaguaribe.

Así, salvo Vargas, que lanzó Petrobras y muchos derechos del trabajo, la época era conservadora y más bien antidemocrática (lo cual vuelve a agrupar a Vargas, aunque el segundo Vargas fue distinto al primero).

Si esto era América Latina, ¿cómo era el Perú en el que nació CARETAS?

Era, por supuesto, un país todavía básicamente rural. Acaso no muy diferente del país que Luis Valcárcel había convocado, en 1927, en Tempestad en los Andes, es decir, un país que esperaba la “bajada” de fuerzas andinas “tamerlánicas”.

Era asimismo un país desconectado. Cuando Fernando Belaunde llegó a la Presidencia por primera vez en 1963, la mayoría de capitales de departamento no estaban integradas por carreteras.

Podía decirse que era un país estructuralmente “dualista”, con una pequeña minoría en la cúspide –y el resto. Estaban por manifestarse aún las nuevas clases medias que, apenas seis años después, en su primera campaña presidencial de 1956, Belaunde recogió y expresó.

Económicamente, reflejaba ese reparto “tripartito” que venía de la modernización de comienzos de siglo XX: petróleo y grandes minas en manos norteamericanas, agricultura costeña moderna en manos de lo que dio en llamarse “oligarquía”, naciente industria en manos de inmigrantes europeos.

Sesenta y tres años después, el país es muy distinto. “Bajaron” los migrantes pero no resultaron ser fuerzas “tamerlánicas”, devastadoras, sino dínamos de integración, con vocación de empresarios, viviendo además en un país predominantemente urbano, y un país-fusión como su cocina.

La democracia es imperfecta pero nadie aceptaría carecer de derechos. Las novelas de dictadores son anacronismos.

El próximo 7 de noviembre se cumplen cien años del nacimiento de Albert Camus, el provinciano de Argelia que dijo, en medio de ese siglo XX a veces bárbaro en el que le tocó vivir: “En los hombres, hay muchas más cosas dignas de admiración que de desprecio”.

Podemos decir otro tanto de Perú, en estos 63 años. El país atravesó cosas difíciles, a veces incluso horrendas, pero hay muchas más cosas que celebrar. El Perú es hoy más variado, más rico, más integrado que entonces. Vivimos en un país mejor que hasta de pronto, no muy lejos, podría convertirse en un país desarrollado.

CARETAS ha acompañado este largo tránsito con constancia, con humor, con un poco de suerte y, a veces, hasta con cierta inteligencia.(Por: Alfredo Barnechea)

 


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