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20/Jun/2013
 
 
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Para que nadie me llame la atención o me corrija, debo mencionar que, aunque en anterior “Lugar Común” lo mencioné, el rugby no es un juego propiamente norteamericano, aunque uno pueda mencionarlo como tal, principalmente por sus características. El rugby es definitivamente un deporte inglés, y como tal se lo juega en toda Gran Bretaña, aunque el verdadero fútbol americano, el del Super Bowl, ese sí que es plenamente norteamericano y representante de la violencia que mencioné oportunamente.



No sé qué pasó anteriormente, pero pienso que no volveré a votar por Toledo a menos que se rectifique y salga de ese enredo que ha armado con lo de Ecoteva Consulting, ya que como están las cosas el expresidente peruano parece no tener idea del embrollo que ha armado. Claro que mi voto solitario no le importará ni un rábano, pero tengo la convicción democrática que cualquier elección se gana sumando todos los votos, uno a uno, y la cosa hasta ahora como que no va por ese lado.


Probablemente, así como van las cosas, terminará pidiendo asilo en los Estados Unidos, desde donde continuará enviando todas sus contradicciones. Entonces, siempre de la mano de su señora esposa, podrá contradecirse las veces que quiera y a nadie le importará un rábano.


Acá la justicia tarda (pero eso no quiere decir que llega). En el 2009, es decir, hace seis años, se produjo el violento intento de desalojo policial de las manifestaciones indígenas que ocupaban el lugar denominado la Curva del Diablo, en el departamento de Amazonas. Fue uno de los hechos más violentos ocurridos durante el segundo gobierno de Alan García y produjo 205 personas heridas (172 entre indígenas y mestizos, más 33 policías) y 100 investigados. Y hasta ahora, pese a los seis años transcurridos, todo sigue igual.


Yo me pregunto, ¿qué estamos esperando para que la justicia tome cartas en el asunto? 23 policías muertos no es poca cosa. No sé si la PNP puede actuar en alguna forma para influir, no a su favor pero sí tras la búsqueda de una respuesta legítima, al igual que los indígenas que se resistieron al desalojo sobre los que hasta ahora, pese al largo tiempo trascurrido, nadie parece ocuparse. Vuelvo a preguntarme ¿qué estamos esperando para que la justicia tome cartas en el asunto?


¿Existe Justicia con jota mayúscula, que sepa encarar un asunto como ese?


Esa pregunta me trae a la mente otro caso flagrante de injusticia: el cometido en contra de la joven Eva Bracamonte Fefer, condenada a ¡30 años! de prisión por su supuesta participación en el asesinato de su madre Myriam Fefer. La condena de Eva Bracamonte violenta las acostumbradas normas judiciales, pues en ningún momento se probó el comportamiento de la acusada que supuestamente la involucraría directamente en el crimen. Esa condena me parece incalificable, abominable si se quiere.


Los consumidores peruanos se encuentran a merced de comerciantes y fabricantes inescrupulosos, que suelen ofrecer productos que escapan a la realidad. Existe, por ejemplo, un papel higiénico marca Elite ultra doble hoja que se vende anunciado con una característica que no posee: doble hoja, siendo así que apenas tiene una hoja meliflua e insuficiente. Me parece improcedente y el caso debería ser sancionado por la empresa oficial (Indecopi) que se ocupa –así dicen por lo menos– de esos casos. El engaño a los usuarios debería ser condenado y castigado. Multado en todo caso.


Ya pasó el Día del Padre y me hubiera gustado hacer el cálculo del gasto de publicidad que ha producido, comparándolo con el Día de la Madre, por ejemplo. Claro que todos suponemos que a la Madre todos los comerciantes le han dedicado mayor espacio, probablemente porque se lo merece, aunque sea por ese oportuno ¡Asu Mare! producido justo a tiempo, pero del que me privé por razones de salud personal. Y me he puesto a pensar en qué otros modelos dedicarlas a los tíos, a los abuelos, a los primos, etc., aunque todos conduzcan por el mismo camino. Si se trata de vender…


En algunas regiones están clamando por inversiones, de esas que producen trabajo y mejoran la calidad de vida de los habitantes. Es cierto que jamás se da esto de acuerdo a la necesidad de cada región. Veamos si no La Oroya. (Por: Augusto Elmore)

 


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