martes 16 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2280

25/Abr/2013
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PersonajesVER
Acceso libre FotografíaVER
Acceso libre DeportesVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Acceso libre Luis E. LamaVER
Sólo para usuarios suscritos Harold Forsyth
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Si bien no hay programas dirigidos específicamente al público infantil, tampoco se puede pretender que la tele sea una niñera.

Los Niños y la Tele

2280-tv-2-c
Hay quienes piensan que todo lo que sale en televisión será irremediablemente imitado por los niños que están frente a ella y que, por lo tanto, los productores y dueños de los canales deberían diseñar sus espacios y su parrilla de programación con una mentalidad de nanas o niñeras.

Con ese criterio, tendrían que desaparecer los noticieros y programas periodísticos, en los que un grupo de chicos podrían copiar, por ejemplo, a los hermanos Tsarnáev, los jóvenes chechenos que, según se presume, habrían sido los responsables del atentando en Boston.

Y es que si uno quiere que sus hijos tengan una visión amplia de lo que sucede en su entorno y de cómo es este mundo, no puede pretender que sea la televisión la que los forme. Se supone que ellos deben ver los distintos programas tanto informativos como de entretenimiento con los chicos, hablar sobre ellos, debatir, etc.

Es muy fácil decir: “Este programa hace daño a los chicos, deberían quitarlo” y no hacer nada al respecto. Porque, en primer lugar, esa afirmación es relativa.

Se habla mucho de los realities y la terrible influencia que puede tener en los más pequeños de la casa, pero nadie dice una palabra de “Pequeños gigantes”, un espacio en el que los que concursan son niños que aparecen vestidos y maquillados como si fueran adultos, interpretando canciones con letras totalmente inapropiadas para su edad o realizando bailes con movimientos que ni siquiera entienden y lo peor es verlos llorar cuando son eliminados. Porque, claro, a pesar de los disfraces, son niños y su desilusión es distinta a la de los adultos.

Pero si hay algo que debemos reconocer, es que ya no hay espacios dirigidos específicamente al público infantil. Y no es que pensemos que deberían hacer un remedo de “El tío Johnny” u “Hola Yola”. Los niños de esta época son totalmente distintos a los de hace 40 años y estamos hartos de escuchar frasecitas machaconas como “Los de antes sí eran programas de calidad”.

La televisión, como todo, tiene que adecuarse a los nuevos tiempos. A los pequeños de ahora, que están prendidos de la internet, no les pueden vender cuentos de hadas, el reto es pensar en un formato que logre atraparlos, el problema es que ni siquiera lo intentan. (Escribe: Patricia Salinas O.)

Búsqueda | Mensaje | Revista