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18/Abr/2013
 
 
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Internacional Violencia recrudece tras triunfo de Nicolás Maduro.

Venezuela: Prendió La Mecha

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2279-venezuela-1-c

Maduro amenazó reprimir con “mano dura” la protesta que estalló en las calles. “Si me quieren derrocar, vengan por mí, aquí estoy”, desafió.

Las elecciones presidenciales en Venezuela del domingo 14 arrojaron un muy ceñido triunfo del candidato oficialista Nicolás Maduro con el 50,66% contra el 49,01% de Henrique Capriles, el candidato opositor; una diferencia de 1,65%.

Las cifras indican que el voto oficialista se redujo desde el 7 de octubre en el que Chávez obtuvo el 55% u 8,2 millones de votos y Capriles 6,5 millones o 44%. Cae de maduro que Maduro no es Chávez y que el ajustado resultado del domingo refleja el primer escenario que consideraba CARETAS (Ed. 2278), con un triunfo de Maduro por un escaso margen, originado, posiblemente, por una marcada inestabilidad política.

¿Cuáles son los elementos de esa inestabilidad?

EL LIDERAZGO

El primero de ellos es que revela la carencia de liderazgo en el oficialismo. Tal carencia permite que el liderazgo sea contestado dentro del chavismo y fuera de él. Obviamente, Chávez se equivocó al elegir el candidato a sucederlo. Hay consenso en señalar que Maduro fue un mal candidato, con limitaciones en la conexión con el electorado y con salidas ridículas como las maldiciones ancestrales para quien no votara por él y la encarnación de Chávez en un “pajarito chiquitico”.

Alguien contó las veces que mencionó a Chávez: 6,000. Y nadie se engaña: un espacio político tan plural como el “chavismo” es muy difícil de conducir sin el liderazgo de Chávez. Las divisiones internas pueden aflorar en cualquier momento.

La diferencia con Capriles es manifiesta, pues no solo creció en votos (700,000 más que en octubre) sino en su capacidad de entusiasmar a sus seguidores y mantener a la oposición unida.

EL FRAUDE

El segundo elemento de la inestabilidad son las acusaciones de fraude electoral y los pedidos de recuento de votos. Capriles exigió un “recuento de votos”; también lo hicieron muchos otros, entre ellos Estados Unidos y el Secretario General de la OEA. También lo solicitó Vicente Díaz, rector del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, por considerar que la auditoría del 100% de las urnas se justifica debido a la ajustada diferencia entre los candidatos.

Se ha señalado, sin embargo, que el sistema de votación venezolano es electrónico e incluye tres pasos: la identificación digital del elector, el voto propiamente dicho por uno de los candidatos y la entrega de la constancia que el elector votó y que se almacena en una urna. El voto, según afirma la empresa que presta el servicio, no puede ser rastreado al elector y queda registrado electrónicamente tan pronto se realiza. La constancia no es el voto por lo cual la “auditoría” que se realiza permite constatar no el voto en sí sino que la cantidad de boletas coincida con el número de votos. En general, expertos independientes han señalado que es muy difícil modificar los resultados del voto. Otros aseguran, sin embargo, que nada es imposible.

¿Quiere decir, entonces, que el fraude no es posible? Si por fraude se entiende toda maniobra tendiente a modificar la libre voluntad de una persona, las elecciones han demostrado que el fraude ocurre en la etapa previa a la emisión del voto: en una campaña que, por sus características, es de una desigualdad tal que impide que los votantes tengan una “voluntad electoral” libre. El desproporcionado empleo de los recursos estatales y sobre los medios de comunicación para influir en el electorado ha sido manifiesto. De allí el triste papel jugado por Unasur (Ver CARETAS 2278) al no poder constatar estos aspectos cruciales y “acompañar” el proceso electoral.

El tercer elemento de la inestabilidad política que deberá confrontar Maduro es el calamitoso estado de la economía: alta inflación, retraso cambiario y posiblemente nuevas devaluaciones, escasez de bienes esenciales, creciente déficit fiscal, deterioro de la infraestructura y caída de la producción de petróleo. Las medidas tendientes a enfrentar estos graves problemas tendrán repercusiones sociales que alimentarán la inestabilidad. A ello debe sumarse el impacto de la inseguridad ciudadana y del discurso polarizante del candidato Maduro.

LA VIOLENCIA

El cuarto elemento de la inestabilidad es la posible irrupción de la violencia en el juego político. Hasta el momento de entrar CARETAS a imprenta, se informaba sobre siete muertos en las protestas de la oposición contra la proclamación de Maduro. Capriles había convocado para el miércoles 17 una marcha ante la sede del Consejo Nacional Electoral. Se denunciaban, asimismo, ataques a las residencias del altos funcionarios, entre ellos la presidenta del CNE.

Se ignora la respuesta que estos incidentes provocarían entre los grupos armados con que cuenta el chavismo. Tampoco se sabe cómo podrían repercutir en el seno de las Fuerzas Armadas en las que existirían diversas fracciones.

EL ÁMBITO INTERNACIONAL

Diversos países han reconocido la proclama de Maduro como presidente electo de Venezuela. Estados Unidos, España y el SG de la OEA se pronunciaron a favor de la prudencia de auditar las totalidad de las urnas. El diario New York Times informa que en un acto en Caracas al que asistió el prominente demócrata Bill Richardson en representación de la OEA, Nicolás Maduro le habría manifestado su voluntad de “mejorar las relaciones con los Estados Unidos”; el canciller Jaua se habría reunido luego con Richardson quien sería portador de un mensaje para EE.UU.

La nota discordante la dio Carlos Álvarez, jefe de la misión de “acompañamiento” de Unasur que, ante las solicitudes de recuento de las urnas, se pronunció en idénticos términos a los del gobierno: “los resultados deben ser respetados” y “los reclamos deberían canalizarse conforme al orden jurídico vigente”.

Con ello se apoya la estrategia de hechos consumados que está aplicando el gobierno para dar término a los reclamos de la oposición y parece ignorar las fuertes contracorrientes que implica gobernar un país dividido en dos mitades y con una fuerte carga emotiva compartida entre todos los actores.

Todo lleva a pensar que, si la situación se complica, sería conveniente apoyar los esfuerzos por estabilizar el sistema democrático venezolano a través de la vieja y experimentada OEA, tan pronto su Secretario General concretara su voceada renuncia. (Escribe: Luis F. Jiménez)

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