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Parece que todo se ha pacificado y que no hay cuentas pendientes. Así es la política.



Coincide con la Semana Santa, claro está. ¡Bien santa después de todo!


La Parada, cuyo desalojo hizo noticia en octubre del año pasado, empieza otra vez a llenarse, pues han aparecido nuevos vendedores de productos perecibles que burlan la vigilancia y que empiezan a llenar nuevamente el antiguo mercado, desalojado en difícil operativo destinado a la ocupación del nuevo mercado de Santa Anita. Las verduras por los suelos, como antes, toda la guerra civil ocurrida en ese campo parece haber sido inútil. Por eso, las viejas de antes decían que cierta gente es llevada por el mal.


Vi en El Comercio una gran fotografía mostrando la gran y exitosa marcha en contra del aborto. No sabía yo que respecto al tema había tanta preocupación. Resulta pues que finalmente las mujeres no son dueñas de sus cuerpos y que predomina sobre ellas la moral cristiana que prohíbe intervenir aún en caso de violación (o de descuido). Lo que sea, al fin de cuentas.


Sin percatarme que era La Hora del Planeta y que existía una consigna de apagar las luces (en lo posible, claro), mi señora y yo nos fuimos a dar un paseo a Miraflores la noche del sábado pasado. Y el aspecto de los alrededores de la Av. La Paz y Av. Schell, por lo general tan animados, daba pena, con la mayoría de negocios de la zona apagados a las 8 de la noche. Creímos a buenas y primeras que se trataba de una suerte de crisis, pero no, era La Hora del Planeta, acatada por el comercio local. La próxima vez me fijo.


Creo no haber hecho aún un comentario sobre el partido de fútbol Perú-Chile, que debo de confesar creí perdíamos, sobre todo por la ausencia en el equipo peruano de algunas de sus estrellas (era una magnífica excusa para perder), pero en el segundo tiempo el equipo del quieto Markarian salió a ganar. Y ganó, como sabemos 1-0 no es mucho, pero bastó.


Hablando de ganar o de perder: en Colombia, y en La Habana, se están jugando las dos opciones de la paz en Colombia. Tanto las FARC como el gobierno colombiano están en la capital de Cuba tratando de ponerse de acuerdo en llegar a un tratado de paz que permita la desmovilización armada de la guerrilla. Pero quien, como yo, ha seguido desde hace años los movimientos de la subversión en Colombia no cree jamás que esta se vaya a desmovilizar y piensa que todo no es sino un trato para ganar tiempo y debilitar el accionar del gobierno colombiano. Culpa de ello es del actual presidente, Juan Manuel Santos, que parece haber bajado los brazos ante el accionar de la guerrilla.


Quizá en el Perú valdría considerar lo mismo para medir el enfrentamiento entre Sendero y el gobierno. ¿Quién puede opinar sobre la voluntad de Sendero de llegar a un acuerdo de paz en el país considerando la permanente actividad de sus huestes, principalmente en la selva, en contra del país, considerando el derribamiento de torres de comunicaciones y otras actividades terroristas de las últimas semanas, que delatan la clara voluntad subversiva? ¿Hay algún idiota que aún hoy puede creer en Sendero?


Lamentablemente hay todavía desocupados que buscan el abrigo de alguna organización que los acoja, como Movadef, que fueron fundadas para servir de coartada y permitir el acecho de la sociedad. Quien se acoja a ellas debería ser considerado de antemano un subversivo, un terrorista así no haya cometido ningún atentado. Y desgraciadamente en el Perú, y en numerosas ciudades y pueblos, hay gente ociosa y dispuesta a todo para ganarse un lugar digamos que en la sociedad.


Por eso creo yo que tal como estamos, la modificación del reclutamiento de personal para las fuerzas armadas, si bien un útil instrumento para la sociedad, es un serio peligro al que se puede utilizar en contra de esta justamente. La nuestra es una sociedad en peligro y como tal debería tratársela, para no darles armas e instrucción a sus enemigos, que sin duda se encuentran al acecho. (Augusto Elmore)

 


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