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17/Ene/2013
 
 
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Internacional

Cafecito en La Habana

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2266-venezuela-1-c

Con el presidente cubano Raúl Castro, Humala se comprometió a profundizar acuerdo de complementación económica.

Las razones que llevaron a Humala a Cuba y no a Caracas.



¿Qué lógica impulsó a Ollanta Humala a viajar a La Habana?

Resulta indudable que el Presidente guarda una estima personal por Hugo Chávez. Pero su gobierno no es el de Argentina ni Ecuador y a estas alturas sabe muy bien que no puede darse el lujo de desperdiciar capital político al dar la impresión que se “alinea” con los países del Alba.

Según trasciende de los círculos de Palacio de Gobierno, también queda claro que, de haber podido, hubiera viajado a Caracas antes que fuese tarde, cuando todavía era factible hacerle una visita personal al venezolano.

Ir a la capital del país llanero el 10 de enero equivalía a validar el delicado proceso que se encuentra en marcha en Venezuela y avalar el controversial camino seguido por el chavismo.

Dirigirse a La Habana, en este orden de ideas, resultaba menos comprometedor.
Su improvisada agenda con los hermanos Rául y Fidel Castro, así como con el canciller cubano Bruno Rodríguez, le sirvió para cumplir con su propósito.

Con Raúl se comprometieron a ampliar y profundizar el Acuerdo Número 50 de Complementación Económica que firmaron ambos países. Como están las cosas, la isla podría necesitar muchas iniciativas más en los próximos meses.



Golpe Blanco
La asunción de mando de Hugo Chávez es digna de una novela del realismo mágico.

En “La novela de Perón”, Tomás Eloy Martínez explica que escogió ese género literario para relatar los hechos que había identificado después de ardua investigación: eran tan increíbles que nadie los aceptaría como verdad. Mario Vargas Llosa expande la idea en “La verdad de las mentiras”. Con Hugo Chávez, el relato oficial sobre su situación parte de la realidad y se interna en el realismo mágico.

LA NOVELA

Como estaba previsto, Hugo Chávez no tomó posesión de la Presidencia de Venezuela el 10 de enero como prescribe la Constitución (ver CARETAS 2265). En lugar de Chávez, se posesionó “el pueblo” bajo la divisa “Yo soy Chávez”. Lo acompañaron 22 representantes de países latinoamericanos, tres de ellos presidentes, que reinventaron la democracia en la “Declaración de Caracas”.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) alegó la “continuidad administrativa” para sostener que no es necesaria la toma de posesión constitucional, pues Chávez es un presidente reelecto y está en funciones, por lo cual todo debe seguir como está, con el vicepresidente Maduro a la cabeza del gobierno.

Con la declaración del TSJ que “carece de mérito” la solicitud de constituir una junta médica para evaluar el estado de salud de Chávez, entramos a una nueva versión del realismo mágico:

Un presidente de Venezuela yace en un hospital de La Habana en un estado de salud desconocido y continúa gobernando a través de un vicepresidente que ha designado mientras envía a la Asamblea Nacional una carta que no puede firmar. La presidente de Argentina no puede visitarlo a su paso por Cuba.

El Departamento de Estado danza como pisando huevos y afirma que la sucesión venezolana es un asunto de los venezolanos; claro, de “todos los venezolanos.”
El nuevo personaje de la novela es el Secretario General de la OEA, quien afirma que los tres poderes del Estado venezolano han acordado válidamente la sucesión de un presidente en estado desconocido. Los tres poderes del Estado actúan al unísono en nombre de la democracia, al igual que lo hacían en Chile en la época de Pinochet cuando él era asilado político, también en nombre de la democracia.

Es una nueva versión de la “dictadura perfecta” de Vargas Llosa. Solo que esta vez, en lugar de la descarnada manipulación política del electorado y del voto por parte del PRI, el instrumento de control es el petróleo. Setenta mil millones de razones al año.

REINVENTANDO LA DEMOCRACIA

Primer invento: la democracia es la voluntad de Chávez. Los firmantes de la Declaración de Caracas apoyarán el empeño del gobierno de Maduro de impedir que la salud del presidente Chávez sirva de “pretexto para atentar contra las instituciones democráticas”. Estas son el gobierno de Maduro, designado por Chávez, el pronunciamiento de la AN, controlada por el PSUV de Chávez, y del TSJ bajo influencia de Chávez. Más claro: la Declaración insta a la comunidad internacional a respetar la decisión del TSJ de postergar sine día la toma de posesión de Chávez.

Segundo invento: la democracia es el voto. La Declaración busca impedir los intentos de desestabilizar e intervenir “en asuntos sobre los cuales el pueblo venezolano ha expresado claramente su voluntad”. Es decir, que el 55% de los votos obtenido por Chávez es el sustento de la democracia. ¿Y el otro 45%? Con esa versión cuantitativa de la democracia, Hitler y el Ayatola Komeini habrían sido, sin dudas, dirigentes democráticos.

Según la prensa, los firmantes de la Declaración manifestaron su “confianza absoluta” en el gobierno y en las instituciones de Venezuela y acompañan “plenamente” las disposiciones adoptadas para que “la voluntad democrática del pueblo venezolano sea celosamente respetada”.

Resulta notable que los países representados en la firma de la Declaración también suscriban los documentos internacionales que tienen una visión integral de las instituciones democráticas, especialmente en el marco de la OEA. Según estos, el voto universal, con ser esencial para un sistema democrático, debe complementarse con la división de poderes y con el juego de facultades que caracteriza el desempeño institucional. Los derechos de las minorías deben ser respetados.

El accionar coordinado de las instituciones democráticas queda reflejado en la Constitución del Estado en defensa de los derechos de los ciudadanos. Uno de esos derechos es tener la capacidad de evaluar el estado en que se encuentra quien debe asumir las delicadas funciones de presidente. Para eso se establece el rito de la toma de posesión. La presencia del líder es esencial, sobre todo porque pone a buen resguardo de las interpretaciones, por ejemplo, de que es el octogenario líder cubano Ramiro Valdés quien está controlando a Chávez y su gobierno. Y de allí la positiva reacción de la Iglesia Católica venezolana resaltando la importancia de no manipular a la Constitución con fines políticos partidarios.

LOS AGRADECIDOS

Los 22 firmantes de la Declaración de Caracas suman los miembros de Petrocaribe1 y del ALBA2, además de Argentina, El Salvador y Uruguay. Todos tienen especial interés en que continúe la generosidad de Chávez, especialmente Cuba que es el mayor beneficiario.
Sin embargo, la generosidad puede tropezar con problemas. Con un 30% de inflación y un grave retraso cambiario (el dólar oficial y el del mercado informal tienen un diferencial del 300% estimado), así como una importante deuda externa y déficit fiscal, se estima que resulta inminente la devaluación del bolívar. Los bancos internacionales, que poco saben de literatura y de magia conocen solo la de los números, hablan ya del riesgo país por la incertidumbre del futuro venezolano.

Con la inevitable devaluación y la precaria salud del presidente electo hay sombras que se ciernen sobre la sociedad venezolana. Al globo del relato puede pincharlo la realidad y el realismo mágico transformarse en un laberinto nada democrático. (Luis E. Jiménez)
______

1 Cuba, Haití, República Dominicana, Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Honduras (suspendido), Jamaica, Surinam, Santa Lucía, Guatemala, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas y Venezuela.
2 Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y Venezuela.

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