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20/Dic/2012
 
 
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De Año en Año, Hilar Sin Engaño

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Vamos cerrando el año del bicentenario del liberalismo americano y español y, como entonces, el panorama luce desconcertante a nivel global y, al mismo tiempo, lleno de probabilidades tecnológicas y de responsabilidades ambientales.

La cuestión más aguda, en el norte como en el sur, es que las respuestas de los sistemas de bienestar encuentran dificultades para ser convincentes, y las nuevas promociones juveniles, acostumbradas a servirse por sí mismas y no desear la docilidad de un empleo permanente, agigantadas por la revolución digital, convencidas que la política es para avivatos e inmorales, salen a las calles pidiendo un nuevo ciclo de imaginación al poder.

En estos nuestros lares se plantea que como nunca nos encaminamos al desarrollo y seremos socios de los grandes nuevos conquistadores, Asia y prolongaciones, los nuevos autoritaristas, árabes y musulmanes, y los nuevos rompe esquemas occidentales, una plasticidad pragmática.

El caso peruano nos revela dos cosas: el ritmo del progreso está marcado por el crecimiento de la economía y el consumo –vaya que ya podemos contarnos entre los clasemedieros– menos que lo que se pudiera hacer desde la esfera de la política, ese patio extraño que se les ha dejado a los simuladores. aprendices, medio pasmados. Sin partido ni partidas, la política es una serpiente languideciente. Que recuerda nostálgicamente cincuentenarios, fastos multitudinarios un pasado perdido de adhesiones, movimentos políticos, los ideales de una creación colectiva.

No está la cosa, sin embargo, como para desesperarse. Una vez más el caso peruano es paradojal. Un gobierno que empezó con impericia y vacilaciones, tratando de armar un equipo casi como el mismo Markarián, optó por cambiar su esquema doctrinario, afianzarse en el pragmatismo y, sobre todo, dejando que la marea económica nos haga olvidar los desaciertos, las omisiones y la incorrecta blandura programática.

La economía le ha permitido pasar un año y medio restableciéndose, encontrando aunque fuere por el camino del acierto-error posibilidades de cambiar algunas cosas, las más recientes la reforma policial-militar, la nueva estrategia del Vraem, acentuando inversiones en infraestructura y ampliando el manto de la inclusión, aunque todavía éste sea pequeño y con perforaciones. Afuera los certificados de buena conducta, los TLC multiplicados, exportaciones y turismo ganando terreno, dejando un espacio positivos para emprendedores, pequeña y mediana empresa, cambiando el status del crédito y la asistencia social. Claro que hay grandes vacíos, educación y salud por ejemplo son una suerte de sinfonía chirriosa y chiclosa con muchos años de impericia. La regionalización y la descentralización, al unísono con el cambio positivo de la defensa del medio ambiente y las culturas ancestrales, la reforma del Estado y mejora de la seguridad y la comodidad ciudadana son tareas pendientes y amenaza creciente de desazón.

El otro inesperado compañero de ruta que le ha permitido al gobierno de Ollanta Humana navegar con viento propicio es el ancho mundo. Los esquemas maximalistas que venían de Venezuela, Ecuador o Bolivia, y más recientemente de la inaudita Argentina, han mostrado su rostro cruel del error y el desconsuelo han permitido que el gobierno busque un equilibrio entre su prédica nacionalista –y ojo que la tiene en materia energética, para preocupación de algunos– y la realidad internacional y para mayor fortuna suya el tema de la demanda peruana ante la Corte Internacional de La Haya, han colaborado en afianzar una imagen de un trabajo alentador en política exterior. Chile siempre será un tema de preocupación, como lo enseña con dolor la historia, pero la forma en que se han presentado la demanda del Perú y la réplica de Chile son un ejemplo de sobriedad, ciencia jurídica y anhelo de no extremar la tensión entre ambos países. Claro que el fallo de la Corte será causa de controversia en ambas latitudes, pero para el Perú es ya un gran triunfo en haber hecho respetar sus fueros en un ámbito que supera la bilateralidad y haber logrado que los objetivos nacionales, en especial los de las relaciones vecinales e internacionales nos unan a los peruanos a todo nivel. Diciembre ha sido un mes particularmente grato, aun cuando algunos descargan su pesimismo. (Raúl Vargas)

 


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