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Posconceptualismos

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Pieza con collages de papeles crean una nueva construcción de la naturaleza.

Sin Duchamp seríamos nada. En sus ready mades, sus collages, sus infinitas posibilidades de ‘lectura de lo real’ se encuentran el centro de gravedad de las operaciones mentales y una consideración de la normatividad del mundo.

Las vanguardias de los años 60 partieron de lo que él había hecho cuatro décadas atrás para replantear la contemporaneidad de una nueva generación que, para definirse a sí misma, asesinó a sus padres pintores (expresionistas abstractos, particularmente) dando paso a una avalancha de “nuevas” manifestaciones como el pop, el op, el minimalismo, performance et al.

A final de los sesenta, el arte conceptual fue una tendencia hegemónica que consideraba que la verdadera obra no era el objeto, sino las ideas del artista que las concebía sin necesidad de producirlas. En realidad, el tiempo demostró que era una falacia porque las ideas se escribían sobre un papel exhibible y supeditado a esa comercialización que el neomarxismo de la época decía aborrecer. Entre nosotros, Juan Acha, factotum de Arte Nuevo, introdujo las vanguardias y dejó imborrables ejemplos de nuestro optimismo. Era el zeitgeist en todo el mundo y artistas como la revalorizada Teresa Burga fue una magnífica muestra de ello.

Al comenzar los ochenta, el arte conceptual agonizaba víctima de su propia trampa. El grupo Art & Language fue el mejor ejemplo, pues terminó por convertir a las artes visuales en filología, hasta que llegó la posmodernidad volviendo a imponer la pintura y obligando a la generación de los setenta a aprender a dibujar. Fue un irónico regreso a la academia y a la tradición… pero el arte nunca volvió a ser como el de antaño, porque en esa oscilación pendular que este tiene, el concepto jamás perdería su primacía.

Si en el arte conceptual la “obra” es una descripción lingüística, en el posconceptual se tiende a una comunicación no verbal, pues “la experiencia visual es presentada como una clase de conocimiento irreductible... una particular resistencia a la domesticación y en muchos casos un sentido de respeto a la naturaleza de las cosas y un contenido ecológico de gran alcance (Adolfo Vásquez Rocca)”, como ocurre con la sobresaliente muestra de Elena Damiani en Revólver.

Estas piezas realizadas a partir de refinadísimos collages de papeles encontrados (que a su manera también son ready mades) que ella va armando con sutileza para crear una nueva construcción de la naturaleza. Todo en Damiani son susurros, el blanco y el negro son en realidad infinitas variaciones de grises, creando con estas rocas una paradójica poética que demanda la reflexión de un espectador iniciado.

La exposición es indesligable a la brevísima historia del arte conceptual con la que iniciamos esta nota. En estas obras se aprecia cómo la artista se ha nutrido de las fuentes originarias de las vanguardias y ha replanteado su modo de hacer arte, buscando en primer lugar imágenes que puedan sustentar visualmente las ideas que ella elucubra.

Pero el encuentro entre diversas realidades no solo se produce con un collage físico de papeles encontrados, hay también ensamblajes de imágenes que luego son reproducidas digitalmente a gran escala sobre una malla traslúcida de chiffon de seda a la que le da contundencia el rectángulo negro que la acentúa y respalda.

Planteada a modo de una gran instalación, la muestra es memorable. Ocurre que los collages no solamente los encontramos enmarcados, sino también integrados a grandes bloques de travertinos creando una dialéctica entre imagen y realidad, entre contundencia física y la fragilidad de una invención sobre el papel que, en esta conjunción, tiende a volverse inmaterial.

La escala juega un papel fundamental. Mientras los más pequeños reposan enmarcados sobre las paredes, las de formato mayor tienen un gran impacto, como las impresiones sobre el piso y particularmente la pancarta que cuelga al final del corredor y que constituye uno de sus mayores logros.

Finalmente, el video permite apreciar mejor los orígenes de esta propuesta. Hay un extraño equilibrio entre lo visual y lo verbal que permite comprobar una reconciliación entre presente y pasado, llegando a demostrar cómo el arte se retroalimenta de sí mismo a lo largo de toda su historia, ya sea volcándose a la naturaleza, a la sociedad o hacia el interior de cada artista y la confrontación con su tiempo. Eso, nada menos, es lo que ha logrado Damiani en su magnífico cierre de año.

Esta muestra se presentará en el Museo Tamayo de México en abril del 2013. Extraordinaria Elena. (Luis E. Lama)

 


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