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Cine De vuelta al reino de Tolkien con El Hobbit, un viaje inesperado. Hollywood en su esplendor.

El Enano de los Huevos de Oro

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Recaudó 84.8 millones de dólares en su primer fin de semana.

El Hobbit, un viaje inesperado es una película emocionante. Por tramos, incluso es espectacular. Pero una sombra se posa sobre ella de manera evidente: la antecede El Señor de los Anillos, con la que el cineasta neozelandés Peter Jackson parecía haber mostrado todo sobre el portento literario de J. R. R. Tolkien. Ahora Jackson rueda El Hobbit en un formato íntegramente digital, aunque no abunden los planos concebidos de modo expreso para ser vistos en 3D, como sí ocurre con Avatar o Hugo.

El Hobbit sigue a Bilbo (Martin Freeman), tío de Frodo, quien se suma a una épica para reclamar el reino que años atrás perdieron los enanos luego de la arremetida del dragón Smaug. Ese es el objetivo que prima, sin esa urgencia por destruir un elemento que evite el triunfo del mal o el fin de los tiempos. Tampoco asoma una mística parecida a la del actor Viggo Mortensen en la piel del guerrero Aragorn, pese a las grandes escenas de acción. En cambio, Bilbo está bien acompañado por los trece enanos, quienes generan más de un ameno enredo. No obstante, hay una distancia central entre El Hobbit y sus antecesoras: en El Señor de los Anillos anida una adictiva tensión debido a la amenaza industrial y metálica que se cierne sobre un mundo natural y pastoral. Si el capitalismo es el presunto mal, entonces el anillo es el símbolo de la codicia y la alienación. A veces provoca extender la metáfora: es como si Hollywood, en sus peores versiones, fuera Gollum. ¿Será este el caso? A esperar las próximas entregas de El Hobbit para ver por dónde se cierra el plan de Peter Jackson. (Por: José Tsang)

 


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