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27/Set/2012
 
 
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Pulso Alterado y Vuelo Externo

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No obstante que la pareja presidencial y, en especial el propio mandatario, han tratado los días pasados en mostrarse más locuaces y de parecer que manejaban el curso político con mayor aplomo y destreza, sucesivas encuestas han coincidido que hay un descenso en la aprobación pública sobre el curso que toman el gobierno y y los dirigentes políticos. Porque, dicho de otro modo, la racha fría del desencanto les llueve a todos: oficialismo u oposición.

Y es natural que tal ocurra teniendo en cuenta que cuando menos tres principales conflictos sociales y de homologación salarial pasan la factura con apremio y presión que resiente a vastos sectores ciudadanos, especialmente a los de a pie.

Como sabemos, en política nada en casual o fortuito. Mientras en las encuestas se enfatiza que el descenso en la aprobación presidencial es más pronunciado en los escalones sectoriales D y E, las huelgas de médicos, educadores, comerciantes mayoristas y la sorda pero persistente reclamación de los institutos armados y policiales duran demasiado y exasperan a las mayorías. Para muchos ha llegado el momento de las soluciones prontas y rectificatorias, porque lo que se aduce es que guardar celosamente la caja fiscal a costa de una carencia radical en servicios como los de educación y salud públicas es extremar las cosas. Las miradas, en consecuencia, se dirigen al Ministerio de Economía y Finanzas y la esperanza es que la caja fiscal adquiera rostro humano.

Otros sectores, los que participaron en su mayoría en la primera hora de la instalación del gobierno de Ollanta Humala, han advertido de inmediato que desplazados del imperio de la Gran Transformación, les tocaba asumir esas banderas tempranamente para tentar el acceso al poder en el 2016. Esta esperanzada nueva búsqueda de oportunidades se ha bautizado como “Fuerza Ciudadana”, una nueva luz para una izquierda que solo conoce el desengaño por afiliarse con quienes como Humala optan por un versátil pragmatismo.

Aparte de estos contrastes que hablan elocuentemente del grado de mudanza en las agrupaciones –lo cual explica el que las fuerza partidarias de cualquier índole se hayan pulverizado– lo que sí alarma es el descreimiento en las instituciones, en los programas inclusivos y en las perspectivas individuales o familiares. ¿Cómo conciliar el tan bien que nos va –el último informe del Banco Mundial sobre nuestro país se titula: ”Perú en el umbral de una nueva era”- con el escepticismo de los comunes y corrientes que reflejan las encuestas? .Quizá fuera mejor que nos fuera un poquito mal, para que creyéramos un poco más en nuestras potencialidades.

Esta suele ser la paradoja en la que se desenvuelve la trayectoria política del Perú en las últimas décadas. De allí también el reclamo subyacente en las encuestas: se precisa una remodelación del quehacer democrático que haga convivir proyección de desarrollo económico con desarrollo social. ¿Qué se gana con un crecimiento económico si este no es la base para el crecimiento social? El país requiere desde hace un buen tiempo hacer antes que protestar y coincidir en vez de fragmentarse. Esa fue la lección y el mandato del Acuerdo Nacional, que lamentablemente no se traduce en una coincidencia de consensos, en movilizaciones de las fuerzas que quieren un cambio pero en democracia, en sensatez y en capacidad de compartir los frutos benignos del desarrollo. Entretanto, es verdad que el Perú proyecta una imagen internacional impecable, no obstante que parte de ese entusiasmo sobre la tierra de promisión esconde también las implacables prácticas de burbujas, especulaciones y golondrino provecho exclusivo concordante con el apetito transnacional. Estamos ante un estimulante circuito de ampliación de fronteras, mercados y relaciones con países que hoy señalan caminos distintos que los de las grandes potencias. Nuestras vidrieras están mejor diseñadas e iluminadas sea para Asia Pacífico como para algunos de los países árabes, y aún continuamos entre vecinos y miembros de una América que semeja un mercado atractivo, buscando fórmulas de mutuo acuerdo, no obstante los lastres de compromisos ideológicos. Hay, finalmente, una luz externa que debiera apuntalar mejor lo que hacemos internamente y que nos lleve a consensos mínimos e indispensables. No se puede continuar en este grado alarmante de confrontación , a veces irracional. (Raúl Vargas)

 


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