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27/Set/2012
 
 
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En una campaña hábilmente concertada, cada ciertos días aparece algún partidario del arzobispado haciendo una defensa del intento de apoderarse de la Pontificia Universidad Católica del Perú utilizando argumentos variados, empezando por el intento de desprestigiar a las actuales autoridades universitarias. ¿Cuándo empezó todo ello? ¿Cuándo fue que la iglesia puso los ojos en esta floreciente universidad peruana, que destaca por su modernidad y éxito? Si ponemos atención y ojos atentos al comienzo de dichas actividades comprobaremos que todas ellas coinciden con la penetración del Opus Dei en el Vaticano, y su prolongación finalmente hasta el lejano país llamado Perú, en donde se instala como cabeza a un prominente, inteligente y combativo religioso de dicha orden cuyo propósito finalmente es captar la floreciente universidad que se acababa de convertir en el primer centro de estudios universitarios con el esfuerzo de sus gestores, a quienes rápidamente se busca desprestigiar, porque el éxito de esa universidad es completo: económico y social. La tarea hoy es esa: desprestigiar a las autoridades universitarias de la PUCP, llamándolas, como se ha hecho, comunistas, además de acusándolas de gozar de jugosos salarios y de usufructuar malamente de la universidad, aparte de ser sus miembros directivos caviares, ese término que se pretende vejatorio y que repiten con reiterada ligereza y malignidad. Nada de eso ocurría cuando la universidad dependía de miembros ecuánimes de la iglesia, hasta que llegó la secta que hoy la pretende. Cuentan para ello con la capacidad de intriga y la maldad irresponsable de extremistas muy de derecha, que proyectan usufructuarla a su antojo. Todo ello con la complicidad expresa de Roma, que es en donde lograron infiltrarse con premeditación y alevosía y con la ayuda del genio maléfico de Escribá de Balaguer, que previo a todo organizó convertirse en santo, porque finalmente la caridad empieza por casa ¿no? ¡Qué lástima!



En un stand de la Feria del Libro de Madrid, creo que en 2003, cuando yo residía en la capital de la tranquila España de entonces, tuve la oportunidad de dirigirle la palabra al prominente Santiago Carrillo, dirigente histórico del Partido Comunista Español, con quien conversé algo pese a que no compré ninguno de los libros que el stand ofrecía. Y salí de allí más que satisfecho, por haber cruzado palabra y estrechado la mano de tan prominente como discutido hombre público, uno de los gestores de la democracia española, sino por haberme aproximado a parte de la historia española. Hoy recuerdo su amplia sonrisa y su bonhomía, hoy que ha cesado de vivir y que lo lloran al menos sus numerosísimos partidarios españoles. Después, mucho después me enteré de su participación en el asesinato de miles de derechistas en Paracuellos del Jarama durante la guerra civil, pero eso ya es historia. Como lo es Santiago Carrillo, español prominente que acaba de fallecer.


Bastaría difundir adecuadamente los videos en los que se ve la patética pantomima de Abimael Guzmán y su tenebroso séquito bailando ensimismados el leit motiv musical de Zorba el griego para que aun los incautos se den cuenta del bajo nivel intelectual de Guzmán y sus secuaces. Nadie en su sano juicio podría asumir que esa siniestra danza de los sicarios siguiendo un modelo trasnochado pueda haber constituido ejemplo de un ritual digno de elogio y seguimiento. Desde cualquier punto de vista racional la trasnochada significación que Guzmán pretende atribuirle, y sus seguidores reproducir, no pasa de ser algo más propio de El Fantasma de la Opera que de alguna otra. Cualquier sicoanalista podrá sacar conclusiones muy claras de dicha representación digna de una carpa de circo. La pobre gente que sigue sus delirios, ¡tan trasnochados, por Dios! revela un bajísimo nivel intelectual que no cabe sino remarcar, señalar e impugnar.


Según las cifras del calendario, hemos ingresado ya a la Primavera, lo que desgraciadamente no se nota siquiera. El frío sigue incólume y hasta el momento en que se escribe esto no ceja.


Las FARC, de Colombia, parecen tomar la iniciativa demandándole al blando gobierno de Juan Manuel Santos que liquide los tratados internacionales de libre comercio concertados por su país con otros varios países. Y es probable que a Santos no le falten ganas, porque él vive asediado por los guerrilleros que siguen en su brega.


Lo que parecía inconcebible: que la gente a la que se pensó beneficiar con el nuevo Mercado Mayorista de Lima se niegue ahora a ocuparlo y permitir una libre oferta de sus productos. Para ello han tenido que pasar creo que cerca de 10 años y recién ahora que ya está listo, con sus imperfecciones y todo, manifiesten que quieren seguir en la sucia y descomunalmente desorganizada Parada. ¿Es que aquí, en la capital del Perú, nos hemos vuelto locos?


Así dan ganas de mandarlos todos a la mierda, con sus verduras y todo. Creo que va llegando la hora de darle voz y voto a los consumidores, aquellos que terminarán beneficiándose con el nuevo mercado mayorista. O encargarle a Wong que se encargue. (Augusto Elmore)

 


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