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27/Set/2012
 
 
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La noticia del asesinato de Ruth Thalía Sánchez pone en debate, una vez más, la responsabilidad de algunos formatos de TV en tragedias como esta.

El Precio de la Verdad

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Sábado 22 de septiembre. Una noticia escalofriante, que presentíamos y temíamos, invadió las redes sociales: el cuerpo sin vida de Ruth Thalía Sayas Sánchez, la primera participante de “El valor de la verdad”, había sido encontrado, luego de once días de haber desaparecido.

Bryan Romero, su ex enamorado, había confesado su crimen y asegura que lo que lo llevó a tomar esa determinación fue la humillación a la que fue expuesto en aquel programa en el que le dijeron que era feo, que no era inteligente, que su chica estaba con él mientras aparecía alguien mejor y que, por si fuera poco, durante su relación, había tenido sexo con otros hombres por dinero.

¿Le hicieron alguna prueba sicológica para saber que no era un sicópata, como ahora se le cataloga? ¿Estaba preparado este chico, convertido ahora en asesino, para escuchar todas esas verdades a nivel nacional? ¿Alguien lo está?

Hay muchas preguntas sin respuesta, pero algo está claro: desde ese día, la vida de Bryan cambió: sus vecinos le gritaban cachudo, su familia se avergonzaba de él, en las redes sociales lo trataban de imbécil para abajo, lo cual, por supuesto, no justifica su crimen, aunque en cierta forma lo explica.

Beto Ortiz dice que un programa de televisión no puede obligar a nadie a matar a otra persona. ¿Se olvida que es el personaje más influyente de la televisión, según una encuesta y de lo mucho que se ufana de serlo? ¿No es capaz de hacer una pequeña autocrítica de un programa en la que él no solo es el conductor, sino también el director? ¿Realmente pensará que las preguntas crueles que se le hicieron a Ruth Thalía (totalmente distintas a las que hace a amigas suyas como Susan León, por ejemplo) y que la obligaron a desnudarse públicamente por dinero, no contribuyeron a su muerte?

Sus argumentos para protegerse desde el altar de su rating y la soberbia del que cree que todos lo envidian, dan pena. Sus defensores, como Laura Bozzo, que le envió un mensaje en el que decía: “El éxito es el éxito y eso lo determina el rating”, dan asco.

Solo nos queda dedicarle a Beto algunas líneas de una carta abierta que él mismo escribió a Magaly Medina cuando ella estaba en prisión, ya que, al parecer, solo se escucha a sí mismo:

“Depón tu soberbia. Apágate un poquito. Ya no te envalentones. No te achores, no guerrees: ya perdiste. Aquiétate. Serénate…. Toca fondo sin roche. Sin temor al qué dirán. Nada demasiado malo te ha de pasar…Pero esta vez te lo pensarás dos veces antes de volver a esparcir más mentira, más odio y más dolor en este pobre país que ya tiene demasiado”. (Escribe: Patricia Salinas O.)

 


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