jueves 13 de diciembre de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2247

29/Ago/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre NacionalVER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre Derechos HumanosVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Acceso libre Luis E. LamaVER
Suplementos
Acceso libre Clínica San PabloVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Transpacífico 1

2247-lama-1-c

En obra de Pilar Ovalle la madera da cabida a ideas contemporáneas.

El intercambio Perú Chile fomentado por galería Enlace con el curador chileno Eduardo Muñoz puede dar resultados que permitirían que finalmente ambos países se comprendan mejor, particularmente en sus diferencias y en sus modos de ver la vida, lo que en apariencia es abismal. En una empresa de esta índole motivada con propósitos comerciales –lo que resulta bienvenido– la aproximación a las obras habría que hacerlas con reservas, pues se ignora cuán representativo de la escena chilena contemporánea es cada visitante. Por esta razón el espectador tiene la ventaja de juzgar por motivaciones ajenas a la fama o al prestigio.

El conjunto chileno es de altibajos y por momentos desconcertante –tanto como el conjunto peruano llevado a Chile– pero hay buena pintura de Moya, experiencias artesanales con acolchados y pelos en ritmo óptico y esculturas que lucen apegadas a la tradición local. La exposición trasciende gracias a las piezas de Pilar Ovalle, una escultora en madera que tiene el enorme mérito de haber traído por lo menos una obra maestra. Nos referimos a “Ciclo”, un círculo perfecto apenas interrumpido por los ejes de las raíces que forman un nudo que inicia ese cordón umbilical redondeado que cuelga sobre la pared. Las otras piezas también son extraordinarias porque Ovalle, literalmente, borda, teje y otorga movilidad a la madera gracias al infinito trabajo de armar múltiples fragmentos para adquirir una nueva fisonomía. (ver foto)

Ovalle crea una poética tan particular que termina por seducir en un país como el nuestro, caracterizado por grandes escultores desde los tiempos de Anna Maccagno y por nuevos que están en plena búsqueda de un camino que los identifique.

En momentos en que la madera está cada vez más siendo dejada de lado por materiales más accesibles –Margarita Checa es una de las excepciones notables– viene desde Chile una escultora notable y nos da una espléndida lección: Los materiales tradicionales siempre darán cabida a cualquier idea contemporánea, dependiendo ciertamente del artista que los maneje. La deslumbrante obra de Pilar Ovalle es el mejor ejemplo de ello.

TRANSPACÍFICO 2

La selección peruana enviada a Chile reunió a Roberto Huarcaya, Benito Rosas y José Luis Carranza con Jorge Vigil, Francisco Vílchez y Hugo Salazar. Combinación un tanto desatinada particularmente en el caso de este último lejos de estar en condiciones de dar este salto internacional. Las noticias recibidas de Chile nos dan cuenta de la excelente acogida a Benito Rosas, el entusiasmo por el oficio en la pintura peruana y la acogida a Huarcaya.

TRANSPACÍFICO 3

Ernesto Muñoz, quien se encuentra activísimo, prepara ahora una gran muestra de arte joven peruano para llevarlo a Chile. Son artistas multidisciplinarios hasta de 35 años y esta vez, saludablemente, él se abstendrá de hacer la curaduría, la cual recaerá en David Flores-Hora. Ojalá se realice.

AL RESCATE DEL PLACER

La exposición de Rafael Llaque en Enlace es una propuesta destacada que vuelve a ponernos –finalmente– en contacto con un hombre que desde sus inicios, a fines de los años 70’s, supo seducir con una pintura de susurros, marcada por la sutileza de las pinceladas, las transparencias y la intimidad en la mirada.

Llaque era, y sigue siendo, ajeno a toda estridencia y a toda moda, porque es un pintor que ha dedicado su oficio a trabajar lo imperceptible, lo que nos suele pasar desapercibido, y en estos tiempos de narraciones grandilocuentes, el regresa a lo fundamental a los inicios de ese tema tan eludido como es el bodegón, como si en él no se encontraran la totalidad de las formas de la naturaleza, nuestro cuerpo incluido.

Después de una larguísima ausencia de ocho años el artista regresa con una muestra marcada más por los silencios, por colores que adquieren infinidad de tonos, fondos inestables, formatos reducidos y usualmente la naturaleza como pretexto compositivo. ¿Pero estas características hacen una muestra modesta? Pudiera ser, pero en este caso la modestia deriva en el placer de ver buena pintura, de ingresar a la nostalgia de los tiempos en que Llaque era un brillante joven promisorio y ver hoy su serena madurez.

En tiempos en que el coleccionismo actual vuelve los ojos a propuestas “más a la moda”, cuando los más nuevos aspiran a ser cada vez más fashion, gracias a la superficial información de la web, viene Llaque con esta muestra de apariencia menor, pero tan contundente que permite reafirmar esa tradición de buen oficio en el quehacer del arte del Perú. (Luis E. Lama)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista