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23/Ago/2012
 
 
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¿Senado?

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Se especula que, próximamente, el Congreso de la República podría considerar el retorno a la bicameralidad, hecho que, de aprobarse, implicaría un avance importante en nuestra afirmación democrática y un necesario realineamiento del Perú con la tradición y la doctrina occidental.

El nuestro nunca ha sido un país de sólida cultura democrática, lo que tal vez se explica por nuestra histórica incapacidad de asumir la naturaleza mestiza y multicultural del Perú y la endémica debilidad de los sectores medios que son, en todas partes del mundo, los responsables del fortalecimiento de las instituciones. Por estas razones, existe una resistencia natural a la noción del parlamento y una escasa valoración social de su imprescindible rol como gestor de los intereses particulares y generales de quienes integramos la sociedad peruana.

Todo esto, sumado al debilitamiento global de los partidos políticos y a la gravísima crisis socioeconómica, empeoró desde mediados de los ochenta y creó las condiciones para que, en el contexto de la constitución de 1993, la unicameralidad gane terreno e, increíblemente, persista hasta nuestros días.

No existe ningún país con una población similar o superior a la nuestra que tenga un congreso unicameral, con la sola excepción de Venezuela a partir de su actual constitución bolivariana. Y es que la lógica de la bicameralidad se basa en la necesidad de asegurar una mejor calidad legislativa y una adecuada fiscalización del poder central, no solo en cuanto a potenciales acciones reñidas con la ley sino respecto a la eficacia de las políticas implementadas.

En un régimen bicameral, la cámara baja funge de cámara política y tramita los enfrentamientos entre las distintas representaciones partidarias e ideológicas, además de gestionar los legítimos intereses departamentales y regionales. La cámara alta, por su parte, depura el debate, reduce los apasionamientos propios de la política y permite que la dación de una ley sea un producto acabado, evitando que la festinación se convierta en un recurso de cualquier gobierno de turno. Dicho en otros términos, una cámara baja agrega intereses locales mientras que una cámara alta los integra en una perspectiva nacional.

Por lo demás, el Perú es un país muy grande y tiene muchos asuntos que requieren la existencia de parlamentarios de alta calificación. La unicameralidad tiende a convertir el Congreso en escenario de vindictas apasionadas a las que no es ajena la prensa. La consecuencia inmediata es que profesionales cuyo concurso sería vital se abstengan de participar en política con los resultados que cabe imaginar.

Mientras no solucionemos esta asignatura pendiente será muy difícil reconstruir la relación entre representantes y representados, tan seriamente afectada por la crisis de los partidos políticos y la debilidad estructural de nuestras instituciones. (Por @HaroldForsyth)

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El autor es Embajador del Perú en Estados Unidos.

 


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