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Los Nuevos Vampiros

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Sobresaliente propuesta de Alberto Borea en la Fundación Telefónica.

No serán de sangre tan fresca pero sí han traído aires de renovación en dos muestras de distinto nivel que ameritan ser visitadas.

La de mayor interés se encuentra en la Fundación Telefónica y ha sido curada por Rodrigo Quijano, quien ha invitado a 13 artistas peruanos que viven en el exterior con un criterio que nunca se ha preocupado en dejar en claro. Pudieron haber sido otros tantos y los resultados hubieran sido igual de acertados –o desacertados– ya que salvo excepciones, buena parte de los expositores hubieran podido ser reemplazados por otros de mayor interés. En todo caso debe reconocerse que es un gran placer reencontrarse con artistas entrañables como la notable Marisol Malatesta, quien trae una de las participaciones más destacadas, y Gabriel Acevedo.

Pero si algo sobresale en la muestra son las proyecciones simultáneas de Maya Watanabe, una extraordinaria videasta que radica en España y cuyo trabajo es un aporte a la historia del video arte en el Perú. José Luis Martinat trae una brillante instalación sonora y Alberto Borea, que completa el trío de sobresalientes expositores, presenta una serie de fotos tomadas en Nueva York en la que su cuerpo está enclaustrado en una suerte de gallinero. Es una suerte de registro de una acción corporal que en cierto modo recuerda a la que presentara en la muestra “En el nombre del padre” en la Sala Luis Miró Quesada Garland, donde exhibía sus evoluciones en el interior del Museo Guggenheim, que él tomaba como un simbólico padre de las artes contemporáneas. Hay en estas intervenciones de Borea una exposición que vuelve frágil la apariencia del cuerpo humano, ya sea enfrentado con la arquitectura o aprisionado en medio de la urbe. Y es precisamente este aspecto de ser agredido por el entorno lo que termina por conmover al espectador frente a sus actos.

De acuerdo con Quijano, “…Si bien migrar ha sido desde hace mucho tiempo parte de la norma de la experiencia del aprendizaje en la cultura peruana, las razones de esa norma son diversas y tan antiguas como rastreables hasta tiempos coloniales, pues es en la apertura de los flujos de riqueza material exportada y de penetración simbólica importada, como proceso iniciado con la conquista, en que se materializa el ejercicio de lo metropolitano como centro de dominación, de expansión, de atracción ideológica y de legitimación cultural”. Mejor no lo pudo haber descrito.

La otra muestra, “percepciones en torno al porvenir”, en el Centro Cultural Británico, es mucho más modesta y de resultados menos afortunados. Curada por José Vera Matos y Luis Felipe Soto, invierte el proceso de Rodrigo Quijano e invita a varios artistas latinoamericanos y los reúne con peruanos para proponer una muestra dispersa, inconexa, donde lo que sobresale son las participaciones individuales más que el conjunto de una propuesta que nunca queda clara. Hay participaciones destacadas como el notable mural del mexicano Marcos Castro, las fotografías del venezolano Suwon Lee y la cruz de luces fluorescentes del guatemalteco Stefan Benchoam.

Entre los peruanos sobresale Hemilio Vargas con una propuesta a lo Fahrenheit 451, en la cual presenta quemados los volúmenes I y II de ART NOW, lo que pudiera considerarse como un acto de ruptura contra la dictadura de la moda que impone la contemporaneidad internacional. La obra pudiera tomarse como una denuncia contra la frivolidad de la copia de revistas y libros-catálogos, pero ocurre que la muestra misma está plagada de estos ejemplos cosmopolitas e indiferenciados del vampirismo contemporáneo. Vargas tiene la pieza más autocrítica del conjunto y, a pesar de su modestia, el símbolo creado es tan poderoso que termina por apoderarse de la muestra.

Finalmente hay dos videos erróneamente proyectados cuando debieron verse en un monitor que permitiera una mejor apreciación. Uno de ellos es de Alberto Borea, hecho en el año 2000 (varias veces visto), donde crea una poética capaz de convertir al mundo en una taza de café. Es una de las dos o tres obras de sus inicios que me resultan memorables por su espiritualidad. El otro video es un ininteligible plano secuencia que culmina en la pedantería del vacío.

A pesar de las carencias anotadas es necesario destacar el riesgo asumido por el Centro Cultural Británico al abrir sus puertas a dos curadores jóvenes a fin de que adquieran una experiencia presentando a sus pares contemporáneos de América Latina. Es una experiencia que debería repetirse con mayor frecuencia y con muchísimo mayor rigor. (Luis E. Lama)

 


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