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03/May/2012
 
 
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Palpitación Palestina

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Ay hija, muy pocas veces me ha pasado en la vida eso de que un hombre que está en tus antípodas, de pronto te haga palpitar no sé bien si el corazón u otra víscera, pero que te lo hace palpitar, lo hace. Y el asunto es de lo más raro, mira. Cuando salió el pata a la arena política hace unos años yo me acuerdo que andaba con el cachafaz del García Sayán y Larrabure, y entonces –oh cojuda yo– pensaba que el resto de hombres era una sarta de corronchos apestosos y vulgares sin darme cuenta de que estaba negando la realidad peor que Ray Charles, cómo te explico. O sea, con Diegui a mi costado hasta le habría dicho no a Brad Pitt, o por lo menos, espérate un ratito. Fue en esas circunstancias que me lo presentaron en un cóctel en la Embajada de Francia y te juro, o sea, me zampó un beso tan cargado de canard a l´orange que durante una semana yo no hice sino apestar a naranja Huando y a Hugo, Paco y Luis, casi me muero, y como no sabía quién era ese, pucha, pensé que era un pied-noir que se había colado en la fiesta hasta que me di cuenta de que no estábamos en París sino en Lima, ya desde esa época andaba yo muy distraída. Además, qué te digo, el hombre fumaba como meretriz jubilada, uno tras otro y creo que cigarros nacionales, era de horror, le ponías un turbante, lo sentabas en un puesto de Polvos Azules y ya estabas en la Medina de Fez sin necesidad de hacer check in, yo sé que tú me entiendes. Pero bueno, Diegui cuando era decente me hacía olvidar todo lo malo de esta vida, y por el contrario, pucha, engrandecía todo lo bueno hasta el día en que dejó de engrandecer y solo se olvidaba, cómo te explico. La segunda que lo vi fue por la tele, cholita, en algo de la campaña presidencial, en un momento en el que un periodista no sé qué le dice y el otro voltea y sin soltar siquiera el cigarro le respondió una especie de fineza como esta: “cabrón hijo de puta marica rosquete, nuestro partido es una opción seria y no como la de la concha que te parió”. Ah, regio, pensé yo, me acuerdo, vamos a tener un elenco de teatro pánico en campaña, qué creativo, pero cuando me di cuenta, el caballero no tenía nada de teatral sino al contrario, era más real que la mezquita de Omán y encima seguro con olor a cardamomo. Bueno, como dice el tango, los años pasaron, terribles, cansados, y esta tu humilde amiga tomó otros rumbos, mandó a Diegui a vivir a Costa Rica (porque eso de que fue elegido presidente de la Comisión Interamericana y la chucha del gato fue para la afición, como te imaginarás) y me quedé sola mas no desatendida, eso sí. Algunas aguas pasaron bajo los puentes pero ningún huayco que tú dijeras, “destrúyeme que la vida importa un carajo”. Hasta que la otra noche me lo volví a encontrar, esta vez en una cena sentados en mesa en la embajada de Eslovenia, hija, país que tiene unas relaciones comerciales con el Perú equivalentes al 10 % del PBI de Sunchubamba, toda una oportunidad. Bueno, me lo pusieron al frente y me dio un roche espantoso cuando entre los nidos de alcachofa y el pargo a la florentina sacó su apestoso cigarro, tanto que a la embajadora Czrwzrky, que es asmática, se la tuvieron que llevar en una ambulancia Cruz Verde, chola, pero el servicio diplomático europeo es tan bueno que solo yo me di cuenta de lo que había pasado. Pero bueno, la cosa fue que al momento del postre –un tartartar que era la paja rusa (no conozco la eslovena), siento en la pantorrilla la irrupción de un apéndice que empieza a ganar posiciones hasta el ruedo del vestido y bueno, ahí empezó la palpitación, pero como estábamos en contexto y yo tenía a mi costado al embajador de Grecia, que es más mirón que un oculista, pucha, agarré el trinche de los espárragos y bien a la disimulada le pinché el dedo gordo del pie (hasta la media se había sacado) al Presidente del Congreso, don Javier Abugattas, quien empezó a retorcerse de dolor y te juro que parecía que recitaba un muecín y en realidad estaba diciendo, “pituca cabrona, hija de la guayaba…” y un largo etc. que no puedo repetir por pudor. Bueno, chola, pero la cuestión es, ¿qué hago con la palpitación palestina, a ver dime? Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

 


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