martes 23 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2230

03/May/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre CorrupciónVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre ArteVER
Columnistas
Acceso libre Gustavo GorritiVER
Acceso libre Alfredo BarnecheaVER
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Harold Forsyth
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Seguridad

El Sobreviviente

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

2230-sobreviviente-1-c

El suboficial Astuquillca caminó por la selva, siguiendo el rastro del río, con los terroristas soplándole en la nuca como lobos hambrientos.

Realizada por su propio padre, la búsqueda y encuentro del suboficial César Vilca (lamentablemente fallecido) junto a la odisea del suboficial PNP Luis Astuquillca (arriba), quien resistió 17 días al acoso narcoterrorista en la selva, le devuelve los héroes a una guerra sin cuartel.
_________

Un grupo de niños juega a la “guerrita” en el pampón de arena fuera de la humilde casa de la familia Astuquillca en Campoy, San Juan de Lurigancho.

“El que gana es el héroe, como Luchito”, desafía uno de ellos y apunta hacia un afiche con el rostro del suboficial PNP Luis Astuquillca Vásquez (21), el policía que venció al terror tras sobrevivir 17 días en la selva del Cusco.

Su padre, Raúl Astuquillca, observa orgulloso la escena que bien podría servirles de propaganda de reclutamiento a las Fuerzas Armadas.

Y es verdad. La poderosa historia de supervivencia de este joven policía revirtió semanas de episodios desalentadores en una guerra que parecía librarse cada vez más cuesta arriba. Un héroe, como los demás que se la juegan contra los Quispe Palomino, puede comenzar a voltear este partido.

DESCENSO AL INFIERNO

Dice su padre que el joven Astuquillca quiso ser policía desde niño. Apenas terminó el colegio, a los 17 años, postuló a la Escuela de Suboficiales y la agarró en una. No tardaría en llegar a la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes), la unidad de élite de la Policía. Entrenó allí dos años y medio, y entre otras cosas llevó cursos de supervivencia en el propio VRAE.

El pasado 4 de abril, un Miércoles Santo, fue trasladado a Pichari, en la frontera entre Ayacucho y Cusco, para un curso avanzado con instructores de los Estados Unidos. En esas estaba cuando se produjo el secuestro masivo de Kepashiato, la madrugada del lunes 9 de abril (CARETAS 2227).

Tres días después, el jueves 12 de abril, ocurrirían dos hechos trágicos: el helicóptero UH1H3, No 357 de la Policía, fue atacado en Alto Lagunas y murió la capitana PNP Nancy Flores. Ese mismo día, a eso de las 5 de la tarde, en una zona cercana, un helicóptero MI-17 del Ejército se preparaba para sembrar una patrulla de 15 Dinoes en la selva. Allí se encontraba Astuquillca.

Los policías iniciaron el descenso rápido o fast rope por la cuerda. El primero en bajar fue el suboficial de tercera Landert Tamani Guerra, seguido de Luis Astuquillca y César Vilca Vega. De pronto se escucharon disparos y el helicóptero militar partió dejando a los tres policías solos en medio de la selva.

Lo que ocurrió después fue dramáticamente narrado por Astuquillca en su primera declaración brindada a la Dirandro en Kiteni.

Según el sobreviviente, los tres estaban sanos y, en vista de que anochecía, decidieron mantenerse despiertos para evitar emboscadas.

Pero al día siguiente, el viernes 13, fueron atacados por los terroristas. Tamani cayó abatido de tres balazos y Vilca recibió un impacto en la pierna izquierda. Astuquillca le aplicó un torniquete a su compañero de promoción y repelió el ataque con su fusil AKM. Luego, según su testimonio, se arrastró donde Tamani y comprobó que estaba muerto, pero no pudo mover el cuerpo.

Ayudó a Vilca a levantarse y juntos avanzaron lentamente río abajo. En el camino vieron pasar un helicóptero, hicieron señas, pero fue inútil. Astuquillca sintió que los terroristas se acercaban y tiró una bomba lacrimógena que los ahuyentó. Vilca estaba perdiendo sangre y Astuquillca decidió cuidarlo. No durmió esa segunda noche.

El sábado 14, Vilca despertó con fuertes dolores en la zona de la herida. Astuquillca quiso inyectarle suero, pero descubrió que no lo tenía en su kit médico. Esa misma tarde regresó al lugar del enfrentamiento en busca de Tamani, pero ya no lo encontró. Tampoco estaba la mochila de Vilca. Fue allí que el policía cayó en la cuenta de que se encontraban apenas a unos 50 metros de donde fueron atacados. Los terroristas debían estar muy cerca.

“¡ME HAN DISPARADO!”

Aquella noche llovió y Astuquillca juntó agua en botellas de plástico. Vilca había convulsionado. Estaba pálido y helado. “Le dije que le daría calor y dormimos abrazados esaa noche”, contó Astuquillca.

La mañana del domingo 15, lo frotó con mentol intentando reanimarlo. Vilca le dijo que ya no daba más. Se dispuso a recoger su chompa que había puesto a secar y fue entonces cuando se produjo un nuevo ataque: los senderistas le dispararon en el pie y en el brazo. “Camachín, me han disparado”, le gritó a Vilca. “¡Escápate!”, le contestó éste. Cayó unos 100 metros hacia el río, mientras los terroristas le disparaban sin éxito. Había perdido sangre, pero se hizo un torniquete y siguió solo.

Desde entonces caminó por la selva, siguiendo el rastro del río, con los terroristas soplándole en la nuca como lobos hambrientos. Se alimentó del hongo de los troncos, de sal y plátanos. El excremento de burro lo llevó a algunas casas abandonadas donde descansó y se alimentó.

El sábado 28, 16 días después de su desaparición, reinició la caminata y encontró a una mujer que le dijo que estaba en Alto Lagunas. Astuquillca le comentó que tenía Uta y que buscaba un hospital. Ella le indicó el camino. El suboficial avanzó ayudado de un bastón y fue entonces cuando se le acercó una pareja de esposos.

Él los notó genuinamente amables y les confesó que era uno de los dos policías perdidos hacía dos semanas.

Ambos lo llevaron a su casa, le limpiaron las heridas y alimentaron. Al día siguiente la señora lo embarcó en una combi rumbo a Kiteni. El subalterno fue ubicado en el último asiento: llevaba un pantalón blanco y una camisa que cubría el polo verde de la Dinoes. Fue así como llegó vivo a la comisaría de Kiteni.

Cuando lo llevaron a la posta de salud los médicos le preguntaron cómo se sentía y el sobreviviente respondió que no sabría responderles. Había dejado agonizante a su compañero Vilca y eso era lo único en que pensaba.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista