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Humor Despojadas y sin rubores. Mujeres que además de historia, hacen historietas.

A Calzón Quitado

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Eliana y Tilsa Otta, hermanas de sangre y de tinta.

Es muy pronto para hablar de la trascendencia de “Venus Ataca”, pero no hay impedimento para señalar lo obvio: es la primera antología de historietas o cómics trazados por mujeres peruanas del Perú. Limeñas, trujillanas, arequipeñas e iqueñas. Que a mano alzada dicen presente para graficar las pulsiones de un país, de unas ciudades, de un momento histórico y personal.

Aquí hay 10 mujeres entre los treinta y pico y los veintitantos que, convocadas y seleccionadas por Benjamín Corzo (ediciones Contracultura) y Avril Filomeno (diseño y cuidado de la edición), lograron engendrar, concebir y traer a la vida este material de carátula rosácea e intestinos blancos y negros.

El primer estate quieto del libro lo firma, a manera de introducción, Rocío Silva Santisteban: “¿Existe un cómic femenino? Esa fue una pregunta que, planteada desde la perspectiva de la literatura, le hizo mucho daño al debate literario hace 20 años, pues propuso solo una mirada en diagonal para hablar de un quehacer sumamente complejo, cuando lo que interesa en el arte, es el detalle y el espesor y no la transversalidad”.

Entonces, habrá que seguir el dictum de la poeta y describir “el detalle y el espesor”. Por orden de aparición:

Águeda (1974), quien en su presentación declara: “soy una cineasta frustrada (…) a falta de actores, buenos son dibujos”. Así que valiéndose de un cuento de Rubén Darío (“El pájaro azul”) recrea un ambiente bohemio parisién donde el artista incomprendido hace justicia con sus propias manos. Humo, trago, conversaciones, intrigas, envidias, exaltadas ilusiones, hondas decepciones. Cuadro por cuadro. Hasta el final.

Por su lado, el trabajo de Brenda Román (trazo largo, personajes extraterrestres) destaca por pasar sin problemas del plano general al primer plano y de allí al plano medio, creando una particular y dinámica narrativa visual.

Seguido, la trujillana Alexandra Torres Novoa (premiada artista plástica) resalta por sus personajes mitad Cuevas (José Luis, mexicano), mitad Tola (José, peruano).

Tilsa Otta (1982), recordada por su poemario “Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo”, esboza a su chico ostra sin la tenebrosa hondura de Burton. Además, marca de poeta, los textos son tan o más importantes que las imágenes. Y el humor se desgrana lento pero seguro.

Otra trujillana, Giulianna Holguín (1985), ha logrado una especie de “Cinco metros de poemas” sobre fondo negro. Bastante negro. Frases, palabras, tipografía de máquina de escribir, de letras, palabras arrancadas, cortadas del periódico o del diccionario. Todo es válido para su collage.

Tania Salcedo (Ica, 1977) hace un guiño “manga” (ojos redondos y claros, cabellera luminosa, “finas” facciones) para contar la historia de unos siameses separados por el egoísmo y reunidos por la culpa.

La única que se dio el lujo de usar color fue una hija de la Ciudad Blanca, Marta Postigo. Baterista y diseñadora gráfica, su historia tiene el ritmo de la ironía y la suficiente crueldad como para establecer una historia de amor entre Freddy Kruger y su joven víctima.

Pilar Ponce de León (1982) es limeña pero vive en Ciudad de México. Sin duda, es el trabajo más radical del conjunto. Cero diálogos, cero palabras. Solo figuras, a veces retorcidas, a veces incompletas, asomándose, bosquejadas que concluyen en ese coro horrísono: el grito de Munch a la décima potencia.

La otra Otta. Eliana es hermana de la mencionada Tilsa. Tienen trazos y figuras parecidas (no iguales) y su gusto por las palabras, también es similar (el segundo cómic finaliza con un epílogo que es puro texto). Solo que Eliana es más oscura y musical en sus referentes. Para mirar y escuchar.

Finalmente, Avril Filomeno Núñez (Lima, 1976) se basa en unos poemas de Carlos López Degregori para mostrar al hombre desnudo. Despojado de ropa y de sensualidad. Picados laterales, contrapicados, primeros planos y una mariposa gigante resaltan en un trabajo lleno de detalles. (Juan Carlos Méndez)

 


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