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Justicia “Operación Ensayo II”. Nueva entrevista a Santiago Martin.

El Otro Video

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Umberto Jara entregará el nuevo video de Martin Rivas en la audiencia del lunes 10.

Este es un testimonio de excepcional valor por cuanto quien lo suscribe colaboró abiertamente con el fujimorismo en la década pasada. Una vez derrumbado el régimen, sin embargo, logró entrevistar (y filmar) al mayor EP Santiago Martin Rivas y escribir el libro ‘Ojo por Ojo’, documento de extraordinaria vigencia que se convertiría en una de las pruebas fundamentales del Ministerio Público para acusar al ex presidente Alberto Fujimori por los crímenes del Grupo Colina.

Para entender “El Operativo Ensayo”, que la defensa de Alberto Fujimori puso en escena, hay que remontarse al domingo 25 de marzo del año pasado, cuando una vecina se percató de que habían violentado la cerradura de mi departamento. Recibí el aviso a 70 kilómetros de Lima y, al llegar al edificio, dos unidades de serenazgo encandilaban con sus luces de alerta la tranquila calle.

En el departamento estaban revueltos los cajones y archivos, y roto un escritorio con chapa. No robaron nada. La búsqueda fue específica: cargaron con unos CDs que estaban sobre el escritorio y registraron, con esmero, el anaquel de películas en DVD y se alzaron con aquellas que no tenían ni carátula ni rótulo alguno de identificación. Existe un acta del serenazgo, fotos tomadas por una vecina fisgona y un video del estropicio que, por cierto, no es de ensayo.

Lo que siguió fue un correo electrónico en el cual se anunciaban dulzuras en caso de que mi libro “Secretos del túnel” (que la editorial Norma estaba por ingresar a imprenta) contuviese material sobre el salvador de la patria peruana que disfrutaba del aire puro de la hacienda Chicureo, allá en Santiago de Chile. Y una alusión al insomnio fujimorista: “Te vas a joder por tu famoso video”. Cero sutileza.

Después, hacia el mes de mayo empezó a circular la versión de que Carlos Pichilingue Guevara, uno de los cabecillas del Grupo Colina, había decidido convertirse en intelectual y pergeñaba un frondoso libro.

¿Qué relación podía haber entre el novísimo frente intelectual del Grupo Colina y lo que acontecería después en el tribunal que juzga a Fujimori? Se explica con hechos concretos.

El rumor de meses atrás se convirtió en realidad: Pichilingue había logrado escribir 481 páginas torturando a un teclado que sucumbió a sus técnicas de persuasión. El libro se titulaba “El recuento de los daños. Testimonio detrás de la colina”. En realidad, no lo escribió él. Un aporte económico desde los predios fujimoristas permitió la recopilación de material de archivos y una periodista –así en femenino– con urgencias económicas puso en idioma civil lo que el militar disparaba con destino a las páginas en blanco: desacreditar a todos aquellos personajes que podían aportar algún elemento en contra de Fujimori.

El mamotreto fue presentado a la editorial Norma. La movida tenía una lógica: si Norma publicaba un libro que cuestionaba de manera brutal tanto al autor como al contenido del libro que escribí “Ojo por ojo, la verdadera historia del Grupo Colina” (2003), entonces judicialmente podían presentar el argumento bajo este criterio: el libro “Ojo por ojo” contiene una endeble investigación, tanto así que la misma editorial publica un libro que lo cuestiona; en consecuencia, debe desestimarse su presentación como prueba tanto en el proceso seguido contra los cabecillas del Grupo Colina como en el que se iniciaría a Fujimori.

La editorial rechazó el texto por su explícito contenido difamatorio y porque esos ataques delictivos incluían a diversos personajes de la política nacional. La evidencia de que se trató de un ardid fujimorista se encuentra en una nota de protesta que publicó el diario La Razón bajo el título “Editorial Norma veta libro del segundo del Grupo Colina”. Digamos que dejar huellas es una especialidad de esta gente desde la matanza de Barrios Altos.

El 27 de septiembre ocurrió el acontecimiento que las huestes fujimoristas temían: los tribunales chilenos ordenaron la extradición de su mentor y en Lima se activaron las alarmas para enfrentar el proceso.

Semanas después ocurrió un anuncio insólito: los cabecillas del Grupo Colina fueron convocados como testigos a favor de Fujimori. Dos asesinos para probar la inocencia del extraditado. Fue una decisión temeraria que al final les terminaría estallando como una granada, porque la actuación de los dos militares fue tan contraproducente que una inteligente periodista que charló con Nakazaki después de la audiencia percibió en él un desaliento cercano a la depresión.

¿Por qué la defensa de Fujimori tuvo que convocar a personajes como Martin y Pichilingue? Porque aunque a muchos todavía les cueste reconocer, la investigación contenida en el libro “Ojo por ojo” y la entrevista grabada en video son pruebas centrales del proceso, y para Nakazaki desactivarlas equivale a evitar un campo minado, y por eso marchó a combate con tan grotescos ejemplares a ejecutar el Operativo Ensayo.

¿En qué consistió? Empezó con una sorprendente llamada de un congresista solicitándome una reunión para transmitirme una “alerta importante”. La alerta de mi candidato a benefactor era singular: “Sería bueno que tu presencia en el juicio se produzca antes de la presentación de Martin Rivas y Pichilingue”. Le agradecí la “gentileza” de darme el alerta, contuve el aire para no decirle lo que mi madre me tiene prohibido y preferí decirle apenas: “Espero que te encuentren un empleado fantasma”.

Ahí nomás, salió Nakazaki a gritar en los medios “¿Dónde está Jara?”. Y como en esta ciudad los suspicaces forman una legión, salí a decir en público y por anticipado que asistiría después de los sujetos en cuestión o nada. A la Fiscalía, que trabaja arduo, le pedí protección si terminaba con aquello del grado o fuerza en mi contra, al tribunal le informé de mis actividades y asumí soportar a pie firme a los reyes del comentario malicioso “¿y por qué Jara no va?”.

Y así llegamos a las audiencias en el Tribunal. Como todo plan operativo que se precie, en el “Operativo Ensayo” cada uno de los sujetos tuvo a su cargo un rol específico para intentar la demolición del firmante. Uno arremetió contra el libro; el otro contra el video.

Pichilingue cargó sus cacerinas verbales y, esta vez, sin uso de silenciador empezó su tarea. Dijo, sin rubor, que era escritor (“tengo otro libro inédito de 800 páginas”) y con esa autoridad sostuvo que la investigación contenida en el libro “Ojo por ojo” era cuasi apócrifa, que “Jara usó diskettes de mi propiedad intelectual entregados por la Fiscalía sacando la información de su contexto” y cerró con una palada de aquellas: “el editor de la editorial Norma me dijo que el señor Jara no supo absolverles algunas interrogantes, entonces yo le expliqué al editor los pormenores de cada uno de los hechos y él me dijo ahora entiendo por qué hay incoherencias en su libro”.

La persona aludida por Pichilingue es Rubén Silva, director editorial del Grupo Norma, y su respuesta es la siguiente: “en ningún momento sostuve alguna conversación sobre su libro ni sobre usted (Jara). No hablo de mis autores ni de sus libros con otros”.

A su turno, Santiago Martin Rivas pasó del antiguo guión: “la entrevista está editada” a uno nuevo y delirante: “se trató de un ensayo”. Cuando terminó la exhibición de la cinta, el diálogo final con el presidente de la Sala fue un retrato preciso del chambón “Operativo Ensayo”: “¿Reconoce que es usted el que habla? Sí. ¿La cinta ha sido editada? No. Entonces, ¿ha dicho lo que allí se escucha? No, lo que he dicho lo he tomado de varios libros”. Un balazo en la sien.

El guionista César Nakazaki cerró la parodia con una declaración singular: “El testigo Martin Rivas se contradice, dice una cosa en el video y otra en el juicio, por lo tanto su testimonio debe anularse”. ¿Cómo se entiende esto? Pidiendo auxilio a Cantinflas.

Lo que cuenta es aquello que está de pie desde el inicio: la entrevista contenida en el video mantiene su condición de documento probatorio. Y sobre el tema hay más videos por mirar y cuando el arriba firmante los presente habrá que ver qué delirio inventa la defensa de Fujimori. (Escribe Umberto Jara)

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