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Edición 1955

14/Dic/2006
 
 
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Cultural ‘La calavera en negro’: historia apasionante y jocosa.

Largando una Carrera

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Ex campeón nacional de judo Gustavo Gorriti y su último libro.

Como todas las grandes carreras, la del periodista Gustavo Gorriti comenzó con un pistoletazo.

Esto sucedió, sin embargo, poco antes que él mismo llegara a la línea de partida.

Fue una semana en que CARETAS tuvo un problema con el taller que entonces preparaba los fotolitos de la edición.

–¿Qué pasa? –preguntamos. ¿Por qué no entregan los fotolitos?

–En el taller han tenido un problema con otro cliente –contestó el encargado de la producción.

–Si no los entregan de inmediato van a tener un serio problema con nosotros –respondimos.

–Es que ese cliente está armado.

–¿Cómo que armado?

–Fue a reclamar y tenía una o dos pistolas.

Por un momento se nos cruzó por la mente la idea que no sería una mala estrategia exigir servicio a punta de cañón.

–Además, metió un tiro.

–¿Se metió un tiro? (Al igual que con la palabra “armado”, exploramos las alternativas etimológicas menos violentas).

–Contra el techo –explicó el encargado. Cayó algo de mampostería sobre los equipos. Todos se tiraron al suelo. Después, sin embargo, se han dedicado a terminar exclusivamente su trabajo.

Interés Renovado

Fue así como CARETAS cobró un interés renovado en Carlos Langberg Meléndez , el empresario peruano que se había vuelto millonario en México y que, según rumores, había sido un amigo generoso del partido aprista en la campaña electoral de ese año de 1980.

Editaba PM, un minidiario y desde allí insultaba histéricamente al ya presidente Fernando Belaunde y a Violeta Correa, al general Francisco Morales Bermúdez, Andrés Townsend y otros.

Tanto la agresividad ordinaria del periódico como las versiones sobre los arrebatos de su propietario (que también usaba, después se supo, de tiro al blanco el cielorraso de su propia redacción) lo estaban convirtiendo en noticia. Y se sumaba un notable episodio adicional.

En enero de 1980 la policía había capturado a un tal Enrique Núñez Baraybar con un cargamento de 475 kilos de pasta básica de cocaína.

Esa noche hubo otros detenidos y entre ellos el empresario Langberg. Pero horas después, sin embargo, el entonces ministro del Interior, general EP Fernando Velit, lo hizo soltar pidiéndole disculpas.

El tema no podía quedar allí y un reportero de CARETAS lo seguía hasta que, en determinadas circunstancias que resultan ahora divertidas, nuestro hombre recibió una amenaza de muerte que pareció muy convincente.

El reportero confrontaba, además, otros problemas personales y pidió ser relevado del caso.

Es allí cuando Gustavo Gorriti Ellenbogen, ex agricultor de Acarí y ex campeón nacional de judo, apareció en CARETAS.

En realidad se había presentado pocos meses antes con la ilusión de hacer crítica literaria.

Apreciando su contextura física, la revista lo envió en cambio a cubrir las andanzas del terrorismo en la zona de emergencia de Ayacucho.

Trajo unas notas tan potables que sospechamos que le habíamos dado en la yema del gusto, y cuando el caso Langberg se quedó sin tutela, se lo ofrecimos a él.

No es que lo tomara como un regalo –en el libro cuenta cómo se pasó horas con su mujer sopesando los riesgos– pero al día siguiente aceptó como un judoka guerrero.

El resto es historia –en realidad, es una historia que cambió la historia–, y toda está muy meticulosa y sabrosamente relatada en ‘La calavera en negro’, su último libro.

Con Gorriti se creó en CARETAS el departamento de Seguridad (que algunos llamaban de Inseguridad y otros, los más, ‘La Comisaría’ en lugar de Policiales). Abarcaba también, y como ahora, la temática militar.

A instancias del nuevo comando, algunos compramos revólveres calibre 38 con su licencia de ley.

Siguiendo los consejos de Gorriti, portábamos los “fierros” en cartucheras discretamente fijadas al tobillo.

La idea de tener que agacharse para sacar el revólver en caso de enfrentarse a la automática de algún narcotraficante y correr el peligro de recibir un balazo poco elegante en un glúteo nos pasó por la cabeza sólo en forma pasajera.

Gorriti destapó el caso Langberg con todas su ramificaciones y, como lo explica en su libro, Alan García Pérez bien puede deberle su primera presidencia debido al escándalo interno que se armó en Alfonso Ugarte. El propio García lo confirmó a CARETAS en una ocasión.

En los años subsiguientes, la conflagración provocada por Sendero Luminoso y el MRTA acaparó la atención de CARETAS y de periodistas como Gorriti, que corrieron riesgos bastante mayores, tanto en provincias como en Lima.

Pero el caso Langberg se convirtió hace 25 años en un verdadero modelo de cómo se debe desarrollar una investigación periodística y Gorriti es ahora considerado un maestro en el ámbito latinoamericano.

Más aún, en 1996 ganó el Premio Internacional de Periodismo Rey de España por una serie titulada “Del Tío Sam al Tío Chang’, realizada cuando era director adjunto del diario La Prensa, de Panamá.

Previamente, en 1992, había merecido el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia y después, en 1998, recibió el de Libertad de Prensa del Comité de Protección del Periodista.

Es actualmente miembro del Consorcio Internacional para el Periodismo de Investigación y presidente del Instituto de Prensa y Sociedad.

Pero quizás lo más importante es que está escribiendo mejor que nunca y sus investigaciones definen el curso de ciertos acontecimientos.

Moviendo Galones

En CARETAS 1953 de hace dos semanas publicó ‘Cuestión de galones’, un artículo contundente y específico sobre la forma en que batallones y brigadas del Ejército trasladaban vehículos y les cambiaban las placas para burlar las inspecciones de Contraloría sobre el consumo de combustible.

Ese reportaje ha conducido a una serie de cambios definitivos en dicha arma liderados por el ministro de Defensa Allan Wagner, incluyendo el reemplazo del general EP César Reinoso en la Comandancia General por el general EP Edwin Donayre, quien se asoma como una estrella.

Y entre las primeras medidas de Donayre está la de destituir a seis oficiales de la Dirección de Logística comprometidos en el cambalache de combustible.

‘La calavera en negro’ es también una crónica documentada, divertida y hasta nostálgica de cómo funcionaba este circo que se llama CARETAS, un terco medio de comunicación que, pálido pero sereno, no ha cambiado ciertos curiosos costumbrismos.

Así que, Gorriti, no sigas insistiendo en que quieres hacer crítica literaria. La literatura periodística que publicas mueve montañas. (EZG)

 


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